Viernes 18 de Noviembre de 2016
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La finalidad es comenzar a garantizar que las compensaciones de fin de año de los consumidores desde ahora se comprometan con la adquisición de bienes y servicios.
La finalidad es comenzar a garantizar que las compensaciones de fin de año de los consumidores desde ahora se comprometan con la adquisición de bienes y servicios.
(Foto: Cuartoscuro)

Sobre los sentidos de millones de mexicanos se agolpan las campañas publicitarias de los centros comerciales, de las cadenas y franquicias, así como de los consorcios. Miles de productos son ofertados con descuentos, facilidades de pago y en paquetes de ganga. La finalidad es comenzar a garantizar que las compensaciones de fin de año de los consumidores desde ahora se comprometan con la adquisición de bienes y servicios, adelantando así el efecto multiplicador de este volumen de consumo que a fin de cada Ejercicio Fiscal se genera.

La copiosa cantidad de novedades para los consumidores y la algarabía con la que se promueven no tienen, sin embargo, correlación alguna con el comportamiento de la economía en los últimos años. Y es que, administración tras administración, sexenio tras sexenio, desde 1980 el magro crecimiento económico ha sido una tendencia que se ha agudizado a la baja y en el gobierno de Enrique Peña Nieto se ha vuelto una costumbre la revisión a la baja de las expectativas de crecimiento económico que se trazan al inicio de cada año.

La vulnerabilidad y el grado de exposición tan elevado de la economía nacional, derivado del desmantelamiento de los instrumentos de política económica a los que tenía acceso el país para promover el crecimiento de la actividad productiva a partir de la expansión del mercado interno, hacen que factores externos de choque magnifiquen su impacto sobre los débiles pronósticos de las autoridades. La inestabilidad de los precios del petróleo, la proyección de las tasas de interés de la Reserva Federal norteamericana y ahora el triunfo de Donald Trump, son elementos que ahora se conjugan al empequeñecido mercado interno para hacer una mezcla explosiva que huele a crisis económica.

A estas limitadas posibilidades de asideros que tiene el país para estimular el crecimiento económico se agregan las dificultades que, como producto de la elevada deuda pública, se verán reflejadas en un gasto público contraído. En este sentido, resulta claro, aunque inverosímil, que durante los gobiernos de Vicente Fox y de Felipe Calderón haya ocurrido un importante crecimiento del endeudamiento del país en medio de un mar de excedentes petroleros que técnicamente se dilapidaron.

Por si fuera poco, los precios de la canasta básica, indicador de impacto sustantivo sobre la calidad de vida de las grandes mayorías en el país, han empezado a mostrar una tenencia al alza. Por ejemplo, los precios de la carne de res, que no han disminuido desde 2014, han pasado de 92 pesos a 135 por kilo en lo que va del año, llegando incluso a 167 pesos en algunos mercados locales. Lo mismo sucedió con la carne de cerdo, que hace dos años mantenía precios de 50 pesos por kilo y en este año rebasó los 74 pesos hasta aumentar progresivamente 89 pesos el kilo.

Por ello es que la prudencia y la moderación debieran privar en la totalidad de los agentes económicos, incluyendo, por supuesto, a los consumidores. En este sentido, la posibilidad de adquirir bienes y servicios a través de endeudamiento resulta un terreno fangoso en medio de un entorno altamente volátil en el que el futuro de la economía, por lo que hace a los grandes agregados y en lo que tiene que ver con las finanzas familiares, luce comprometido.

Si la campaña publicitaria del llamado Buen Fin nos alienta el espíritu consumista que tendrá como efecto final el estímulo a la expansión de la economía con cargo al futuro incierto de las finanzas de las familias, convendría que para el país llegara otro buen fin, ese que provoque que los ciudadanos observemos el fracaso de la política económica que se nos ha vendido con la hermosa envoltura de la demagogia, y adquiramos, con cargo al presente, la esperanza de que un futuro de bienestar es posible.

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