Jueves 17 de Noviembre de 2016
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Como mínimo, desde principios del siglo XX, en muchas partes del mundo, en épocas de situación económica difícil, venir a América (Estados Unidos) ha sido una aspiración, o necesidad, latente para así cumplir el sueño americano. Nosotros, los mexicanos, por la cercanía con el coloso del norte, esta posibilidad ha sido mucho más factible que para personas de otros países, por tanto, nuestra comunidad hoy en día es tan numerosa, y en conjunto con el resto de comunidades hispanas representa la primera minoría de Estados Unidos, siendo el 17 por ciento de la población total de ese país.

La duda que este aislacionismo me genera es si nos segregamos como respuesta o como acción.
La duda que este aislacionismo me genera es si nos segregamos como respuesta o como acción.
(Foto: Cuartoscuro)

Por cuestiones familiares, en mi vida he tenido la oportunidad de conocer comunidades de mexicanos en California y Houston, estados de Estados Unidos con amplios niveles de población mexicana. La característica de estos y otros migrantes es que, más que venir a vivir un sueño, vienen a dejar de vivir la pesadilla. La pesadilla de falta de empleo, falta de oportunidades, corrupción e inseguridad, común en muchos estados de México, tales como Michoacán, Zacatecas y Guanajuato, entre muchos otros.

El racismo existe en todo el mundo, lo que cambia es el motivo y los actores, de alguna u otra manera, muchas víctimas de racismo son igualmente victimarios bajo distintas circunstancias, como ejemplo podemos señalar un caso mexicano: en nuestra frontera norte exigimos un trato cuando en la frontera sur damos otro, en muchos casos peor que el que recibimos (la doble moral, tan común en el chip mexicano).

Respecto al racismo, me he percatado de que nuestros paisanos tienen una coraza contra el mismo, si bien no lo erradican, sí lo llevan a niveles tolerables, la fórmula para ello es la creación de burbujas sociales de connacionales, esto es un submundo mexicano enclavado en el mundo gringo. Del american way of life toman muy poco, los dólares y dos o tres detalles más, ya sea de lenguaje, culinarios o deportivos, pero sin perder su esencia mexicana.

La duda que este aislacionismo me genera es si nos segregamos como respuesta o como acción. Es difícil saberlo ya que al tratar de buscar el origen nos encontramos con acciones que pueden probar ambas teoría, tanto la activa como la reactiva; y si a esto le agregamos la costumbre que se hace ley social, pues se complica aún más llegar al fondo de esta interrogante, cada quien tendrá su visión y respuesta.

En fin, al punto al que quiero llegar es que nuestros paisanos, lejos de vivir el sueño americano, viven el sueño mexicano: recrean en casi todos los aspectos de su vida los gustos y costumbres de cuando vivían en su tierra, mientras que las nuevas generaciones crecen viviendo en los dos mundos, en el que les han contado y recreado, y en el otro, el externo, el de la americanidad que los rodea. Ojalá la evolución social vaya desapareciendo los submundos de este tipo, permitiendo que de la heterogeneidad del pueblo norteamericano nazca un nuevo grupo homogéneo que vea más allá de colores y orígenes para que no vuelva a ganar un Trump.

Houston, Texas a 16 de noviembre de 2016.

Otro sí: El Senado entregará la Medalla Belisario Domínguez a Gonzalo Rivas, héroe de Chilpancingo. Curiosamente, esta presea unipersonal en este caso honra la memoria de dos mexicanos excepcionales, el laureado Rivas y su impulsor, el procaz Luis González de Alba. Mi reconocimiento al grupo parlamentario del PAN por permitirlo.

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