Julio Santoyo Guerrero
La caja de Pandora que abre Trump
Lunes 14 de Noviembre de 2016
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En su supina irresponsabilidad, Trump no se ha percatado de los males que ha liberado para Estados Unidos y para el mundo al destapar la caja de Pandora con el lunático discurso que le permitió elegirse presidente. Todos conocemos el mito, en el que Zeus, irritado con Prometeo por haberle robado el fuego, obsequia a Pandora, la esposa de Epimeteo (hermano de Prometeo), una caja, que le suplica no la destape nunca para ver su contenido, pero vencida por la curiosidad, Pandora termina destapándola sólo para cerciorarse que ha liberado todos los males que harán sufrir a la humanidad.

Es mucho decir que Trump es Pandora (que significa algo así como “todo lo bello”) pues no tiene nada de esas cualidades estéticas ni mucho menos éticas, pero cierto es que, no por curiosidad, sino por estupidez y odio, ha destapado la caja en la que yacían impacientes y vigorosos los males que pueden llevar al colapso a la sociedad estadounidense y a la confrontación a las naciones del mundo.

Trump no se ha percatado de los males que ha liberado para Estados Unidos y para el mundo al destapar la caja de Pandora con el lunático discurso que le permitió elegirse presidente.
Trump no se ha percatado de los males que ha liberado para Estados Unidos y para el mundo al destapar la caja de Pandora con el lunático discurso que le permitió elegirse presidente.
(Foto: TAVO)

El triunfo de Trump es la victoria del Ku Klux Klan, que se sabe vencedor y que ha decidido dejar las sombras para hacer más vida pública; los cazadores de inmigrantes se saben glorificados por el triunfo electoral y están dispuestos a hacer de su repudiado e inhumano oficio un valor superior para salvar a Estados Unidos, los rezagados y superados empresarios, renegados de la apertura comercial con México y otras naciones, se asumen hoy como heraldos de la heroicidad para proteger a su nación de la crisis; el triunfo de Trump convierte en profecía política la doctrina de la CIA que en los años 80, a través de los documentos de Santa Fe recomendaba acallar a los intelectuales de izquierda de todo el mundo y dar tribuna permanente a los “populistas de derecha” para consolidar el dominio estadounidense; el discurso racista es hoy en Estados Unidos, gracias a la victoria de Trump, aplaudido por la mitad de los electores, políticamente correcto y estratégicamente rentable para los propósitos de mantener los valores de la “cultura blanca” que elogia al presidente electo que los redimirá.

Trump sembró un discurso de odio racista, xenófobo y autoritario en un terreno social que ya lo estaba esperando, porque en la historia de la nación vecina los episodios de exclusión racial, no sólo contra negros, sino contra chinos, mexicanos y más, si bien fueron superados a través de sus normas jurídicas, sobrevivió como cultura replegada que esperó agazapada en amplios sectores sociales para emerger vigorizada por una realidad de crisis que los agobia y que creen sinceramente que los culpables son los otros, los de otro color de piel, los de otros valores culturales, los de otras religiones. Así como en la Europa medieval la pérdida de las cosechas o la peste eran por la culpa de los impuros, de los judíos o de las brujas (principalmente mujeres), en la moderna sociedad estadounidense la crisis económica, la pérdida de empleos, es culpa de los inmigrantes, de los otros.

El odio, el racismo, la xenofobia, el autoritarismo, el proteccionismo, son los monstruos que ha liberado Trump de su caja de Pandora. Y ese discurso ya está carcomiendo a la sociedad gringa en todos sus espacios, ya está ocasionando daños y víctimas, está siguiendo la misma dinámica que siguió en Alemania con el triunfo del nacismo, pues se asume triunfal en la nación más poderosa del mundo. Si algún mérito habrá de tener la descocada política de Trump para sus conciudadanos será la de asestarle un golpe demoledor al paradigma de civilización democrática que representaban.

Para que el esperpento de programa que abandera Trump pueda ser realizado necesita de una dosis elevadísima de autoritarismo. Necesita elevar los decibeles de la violencia en su política internacional para imponer la construcción del muro en la frontera con nuestro país, para retraerse de los compromisos para mitigar el cambio climático, para retirar los recursos a la OTAN, para desentenderse de los compromisos con Japón y Corea del Sur, y necesitará lo que se sigue del autoritarismo para hacer que la economía estadounidense prospere fuera del TLCAN y sin el acuerdo Trans Pacífico; es decir, necesitará de la guerra para acompañar el esquema comercial proteccionista que le quiere imponer al mundo.

Sólo queda la esperanza, como en el mito de Pandora, y parece que viene bien. Viene bien la resistencia de la sociedad estadounidense más progresista, viene bien la reacción internacional de los países más proactivos por los valores democráticos, viene bien la reacción de los pueblos del mundo, como el mexicano, que entiende con claridad la magnitud de la tragedia que se cierne sobre nosotros. Lástima de nuestro gobierno, tan pusilánime, que cree que los tanteos del verdugo son de perdón y no de cálculo frío para asestar la puñalada.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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