Hugo Rangel Vargas
Estados Unidos: lo que está en juego
Viernes 4 de Noviembre de 2016
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Mucha tinta ha corrido sobre el proceso electoral que está en juego en el vecino país del norte y no es para menos. Se trata del país más poderoso del mundo, con el que compartimos tres mil kilómetros de frontera, a donde se envía el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas y con quienes hemos incrementado 500 por ciento el monto de nuestros intercambios comerciales en los últimos 20 años.

Los norteamericanos son también los primeros inversores en nuestro país con un stock acumulado de 1999 a 2015 cercano a los 200 mil millones de dólares. Y ni qué decir del flujo migratorio que ha dado como saldo la residencia, regular o irregular, de 34.6 millones de mexicanos en el vecino país del norte, cifra que se ha multiplicado en cuatro veces de 1980 a la fecha y que entre 2010 y 2030, según datos de la Dirección de Estadísticas Laborales, significara al menos el 50 por ciento del crecimiento total de la fuerza de trabajo en Estados Unidos.

Al ya de por sí tendencialmente creciente interés en las elecciones norteamericanas que ha ocurrido en nuestro país desde la firma del TLCAN, se ha agregado la polarización discursiva proveniente de la campaña del candidato republicano, Donald J. Trump. Su habilidad de showman, su estridencia retórica y su poderosa influencia en las redes sociales, han hecho que el magnate coloque en el ojo del huracán de la opinión pública internacional este proceso electoral, en el que, como dan cuenta las últimas encuestas, nada está escrito aún.

La elección la definirán los norteamericanos y que a pesar de las porras y buenos deseos hacia tal o cual candidato, las preferencias electorales se inclinarán en favor de quien logre la mayor empatía con los ciudadanos de aquel país
La elección la definirán los norteamericanos y que a pesar de las porras y buenos deseos hacia tal o cual candidato, las preferencias electorales se inclinarán en favor de quien logre la mayor empatía con los ciudadanos de aquel país
(Foto: TAVO)


Esta campaña electoral que ha derivado en nuestro país en un maniqueo ejercicio mediático de “buenos” contra “malos”, de “tiranos” contra “salvadores”, nos tiende como sorpresa la resurrección de las posibilidades de Trump en los últimos días de la campaña, muy a pesar de los respaldos importantes de la comunidad internacional que ha recibido Hillary Clinton.

En medio de este juego los mexicanos hemos lanzado al terreno del olvido dos realidades ineludibles.

La primera de ellas es que la elección la definirán los norteamericanos y que a pesar de las porras y buenos deseos hacia tal o cual candidato, las preferencias electorales se inclinarán en favor de quien logre la mayor empatía con los ciudadanos de aquel país y con quien los convenza de salir a votar.

Aquí cuenta también el ejercicio de pesos y contrapesos, de amarres y cargadas que los candidatos pactan con quienes tienen el poder económico en el vecino país del norte. Y es que, a pesar de que parece inaudito que Donald Trump haya dicho, por ejemplo, que el cambio climático es una falsedad, detrás de la campaña de Hillary Clinton se encuentran los intereses de grandes donantes de la industria de hidrocarburos, que según Greenpeace, habrían aportado a la campaña de Clinton 6.9 millones de dólares.

Por ello es que la pasión desatada en la opinión pública mexicana durante esta contienda entre el “perverso” Trump y la “benévola” Clinton podría traer un patético desengaño en cualquier escenario, esto derivado de los estrechísimos márgenes de maniobra con que llegará el próximo inquilino de la Casa Blanca y de la enorme capacidad de operación política que tienen los grandes corporativos empresariales norteamericanos.

Algo más que hemos olvidado los mexicanos en esta campaña, de la que somos únicamente espectadores, es que será en nuestro país donde debatiremos el futuro del mismo. Una coyuntura histórica se está construyendo aquí mismo, al sur del Río Bravo, y nosotros seremos los protagonistas con una oportunidad al alcance de nosotros que no la tiene ni Obama.

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