Rafael Calderón
Elegía del Destino
Diario, páginas extraídas
Lunes 31 de Octubre de 2016
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Mañana martes se cumplen 100 años del nacimiento del poeta Tomás Rico Cano. Por eso, como mínimo homenaje, prefiero recordar que se presentó el pasado 24 de octubre por Jitanjáfora Morelia Editorial en la IX Feria del Libro y la Lectura la edición de Fervor de Uruapan y Elegía del destino. Apuntes para el centenario de Tomás Rico Cano. Esto como prueba de su existencia y de que ocupa un lugar importantísimo en la poesía y quienes lo han leído saben de su capacidad para escribir y si han ido un poco más allá sitúan su presencia por el ejemplo de su elevada visión generacional y de su riqueza poética.

Lectura la edición de Fervor de Uruapan y Elegía del destino. Apuntes para el centenario de Tomás Rico Cano
Lectura la edición de Fervor de Uruapan y Elegía del destino. Apuntes para el centenario de Tomás Rico Cano
(Foto: Especial)

Ahora se puede volver a volver a leer Fervor de Uruapan para decir que la primera palabra lleva al encuentro con Alfonso Reyes y con Borges, porque el fervor de éste es por el rumbo de Buenos Aires; en el caso del michoacano, sucede con su tierra natal, y Reyes es su guía y el que ilumina su quehacer poético. Quienes lo han leído se dan cuenta del registro de su palabra escrita y pueden asumirse continuadores de ese diálogo para confirmar la búsqueda que realizó a lo largo de medio siglo. Y la prueba documental está en los poemas que pertenecen a Diástole sin regreso como aportación fundamental de sus hallazgos.

Y entonces será importante decir que es mejor hacer un trabajo basado en pruebas documentales y desistir de mesas redondas o cuadrados o triangulares que nada aportan en favor de su poesía. Para Jitanjáfora la prueba está resumida en la edición que realiza tanto de poemas de Diástole sin regreso como de Fervor de Uruapan, aclarando que son títulos de distinta índole, con visiones e imágenes opuestas. Toda esa escritura es producto de la madurez intelectual y de la vocación por la escritura que ilumina el lenguaje y porque explora una tradicional regional vista a través de la riqueza y cultura prehispánica de la ciudad donde nació e iluminado por la universalidad de la lengua castellana. Porque recordemos que Rico Cano pertenece a la legión de los poetas laicos y en este grupo destaca tempranamente por su presencia literaria y esa generación termina por ser la que mayor cantidad de títulos publicó a lo largo de medio siglo.

Y nuestro poeta inicia publicando con la edición que encabeza Marco Antonio Millán en 1934 con versos juveniles al lado de éste y Enrique González Vázquez y el último gobernador nicolaita de Michoacán (David Franco Rodríguez); el otro momento indiscutible sucedió hacia al final de su vida desde la Cúpula de la Casa de la Cultura de Morelia, donde comparte y departe leyendo poemas, distribuyendo sus sonetos de fin de año o generando la invitación iluminadora para descubrir la poesía de Michoacán a través de la antología fundamental El romancero michoacano que él compila y que publicó la Editorial Erandi del gobierno de michoacán en 1961.

Por esto prefiero hacer un llamado público al gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, para que la antología (El romancero michoacano) sea reeditada y distribuida en centros escolares del estado y contribuir a contrarrestar el efecto de la violencia que azota la vida cotidiana de la sociedad michoacana. Sería un homenaje por partida doble y destacadamente al poeta centenario que con su obra literaria contribuyó a darle visibilidad a la generación literaria que hay que reconocer como los nuevos clásicos.

Quiero recordar –además– que un verdadero escritor merece ser llamado clásico más allá de todo clasicismo, barroquismo o romanticismo, y en este caso, por su época y la situación y por su condición de poeta y profesor universitario, es un autor capaz de hablarnos a cada uno por el resultado de su obra y hacernos recordar que construyó su obra por el uso de palabras importantes en su decir y porque lo que dice y asume como guía indistinta y en circunstancias diversas nos lleva a la reflexión no sólo de las letras, sino de la cultura. Por esto merece ser llamado clásico y un verdadero clásico si nos referimos al caso específico de la literatura de Michoacán es, sin duda, el caso específico de don Tomás Rico Cano.

Termino invocando su voz y lo hago a través de los versos que figuran en la Antología del Primer Festival Internacional de Poesía Morelia 1981 que organiza Homero Aridjis. Dicen: “Pátzcuaro de blasones y geranios,/ de guerras limpias y de brisas suaves,/ de silencio y pregones cada viernes,/ ya me voy de tus calles y tu cielo,/ pero me llevo, sí, ¡quién me lo quita!,/ el más fresco jazmín de tu recuerdo”.

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