Jueves 27 de Octubre de 2016
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Los Premios Nobel tienen su origen en el testamento del sueco Alfred Nobel (1833-1996), inventor de la dinamita. Su última voluntad fue legar parte de su fortuna para el establecimiento de una fundación que anualmente distribuyera premios a aquellas personas que durante el año previo hubieran dado grandes beneficios a la humanidad, en cinco categorías: Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura y Paz. Es importante señalar que el Premio de Economía surgió hasta el año de 1969, instituido por el Banco de Suecia en honor a Alfred Nobel, pero no es costeado por la Fundación Nobel; sin embargo, es coloquialmente aceptado como un Premio Nobel.

Estos premios comenzaron a entregarse en 1901, y en sus más de 100 años de historia han existido infinidad de decisiones polémicas
Estos premios comenzaron a entregarse en 1901, y en sus más de 100 años de historia han existido infinidad de decisiones polémicas
(Foto: Especial)

Estos premios comenzaron a entregarse en 1901, y en sus más de 100 años de historia han existido infinidad de decisiones polémicas; en cada elección siempre ha habido voces que consideren inmerecido el reconocimiento de unos y el olvido de otros; hoy sólo analizaremos brevemente situaciones en torno al Premio Nobel de la Paz.

Los reconocimientos en torno al Premio Nobel de la Paz suelen generar mayores polémicas y opiniones, pues el campo de acción de quienes reciben este premio es la política, y ésta es un tópico al alcance y discusión del pueblo en general, mientras que los reconocimientos de las otras áreas, al ser muy especializados (la literatura en menor grado), el ciudadano común difícilmente se puede o quiere pronunciar sobre la buena o mala elección de ganadores en esos rubros; no dudo que entre los doctos de cada materia existan críticas o aplausos ante cada elección anual, sin embargo esto queda en sus círculos.

El Premio Nobel de la Paz, y en general sus premios hermanos, nace de las manchas de sangre en las manos del Alfred Nobel por su contribución a la fabricación de armas y, por ende, a la guerra. Desde sus inicios, los recipiendarios han sido de dos tipos, pacifistas y neopacifistas. Los pacifistas han sido gente que en su vida pública se ha dedicado a luchas por causas de paz y de derechos humanos, mientras que los neopacifistas son personajes involucrados en conflictos bélicos, con grado de responsabilidad y decisión, que han puesto por encima de muchos intereses el interés supremo de la paz.

En el año 2009, Barack Obama fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, a escasos nueve meses de acceder a la Presidencia de su país. Dicha elección generó mucha polémica, señalando sus detractores que era una burla que se le otorgara dicho premio al comandante en jefe del ejército más poderoso del planeta, quien además mantenía tropas invasoras en Iraq. Lo que probablemente los detractores del premio a Obama no veían o no querían ver, es que la elección de ese año, más que premiar el pasado, premiaba la presente voluntad de paz del presidente Obama (desde su llegada a la Casa Blanca redujo las tropas estacionadas en Iraq y anunció el retiro gradual hasta la total desocupación). El retiro total de tropas se dio hasta dos años después de que Obama recibió el Premio Nobel de la Paz (octubre de 2011).

Infinidad de personajes con sangre en las manos, como Alfred Nobel, han sido premiados con el Nobel de la Paz: (1973) Henry Kissinger y Le Duc Tho (quien lo rechazó), por los acuerdos de paz respecto a la Guerra de Vietnam; (1993) Nelson Mandela y Frederik Willem de Clerk, por su trabajo para el fin del Apartheid en Sudáfrica; (1994) Yasir Arafat, Isaac Rabin y Shimon Peres, por los acuerdos de paz entre Israel y Palestina, entre muchos otros. Como podemos apreciar, estas decisiones han reconocido la voluntad de señores de la guerra para ponerle fin a ésta, demostrando así una visión de estadista sin anclajes ni rencores al pasado.

Este 2016, el Nobel de la Paz será entregado a Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, por sus esfuerzos por poner fin a los 50 años de guerra civil en su país. La crítica a tal designación se dio porque días previos al anuncio, un plebiscito en su país decidió no aceptar el acuerdo de paz ya firmado con el líder de las FARC, Timochenko, lo que a juicio de muchos significó un fracaso en su lucha por la paz y por ende, no con los méritos suficientes. Juicio equivocado para un servidor, el Comité Nobel Noruego, con esta elección lo que pretende es apuntalar los trabajos de paz y evitar que el “no” del plebiscito tire abajo los grandes esfuerzos, siendo necesario dar nuevos bríos al esfuerzo del presidente Santos hacia el interior de su país y hacia la comunidad internacional.

En conclusión, nos debe quedar claro que no todos los ganadores del Premio Nobel de la Paz tendrán el perfil de la Madre Teresa de Calcuta, Rigoberta Menchú o la Cruz Roja. En muchos casos el premio tendrá su propia agenda geopolítica y premiará trabajos de paz consolidados o en proceso para evitar así su retroceso o fracaso, incentivando además que personajes bélicos se vuelvan neopacifistas.

Otro sí: Medalla Belisario Domínguez para Gonzalo Rivas, héroe de Chilpancingo.

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