Rafael Calderón
El turno y la presencia de Francisco Elizalde García
Lunes 17 de Octubre de 2016
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Poeta, locutor y cronista. Nació en Zamora, Michoacán, Francisco Elizalde García
Poeta, locutor y cronista. Nació en Zamora, Michoacán, Francisco Elizalde García
(Foto: Especial)

Poeta, locutor y cronista. Nació en Zamora, Michoacán, el 23 de septiembre de 1923 y murió en la misma ciudad el 30 de enero de 2014. Sus primeros estudios los realizó en el Seminario de Zamora, que después abandonó. Sus poemas son parte de una leyenda: El poema del rebozo lleva presentación de Gabriela Mistral y Ángeles de la Murete es reseñado no una, sino dos veces por Alfonso Méndez Plancarte con sendas críticas constructivas en las páginas del periódico El Universal. Por eso es considerado el último peregrino de la lírica michoacana; en sus poemas explora temas religiosos, profanos, populares y asume una variedad inmensa de formas y estilos con la métrica y ahondar así la variada cantidad de versos y cualidades que escribió a lo largo de medio siglo.

Como autor del célebre El poema del rebozo, marca toda una generación de la poesía coral mexicana en centros educativos regionales del estado de Michoacán y en buena parte del Centro Occidente del país. Este poema destaca su condición de mago de las letras michoacanas y revela un estilo suyo: lo popular y la poética de alcance místico están presentes y por este poema consagra su identidad luminosa en la tradición popular; mientras Ángeles de la Muerte muestra la presencia mística profana. Éste poema es más citado que leído y más recitado por algunos fragmentos, pero consagra al poeta peregrino y revelador de una tradición hasta cierto punto religiosa y por sus estrofas podemos decir que le fue reconocida esa maestría.

Desde el título se intuye esa fuerza del lenguaje y esa revelación poética que tiene en su centro la muerte, primero, y extendiéndose hacia aspectos religiosos con temas como los ángeles y arcángeles y por su nombre se confirma toda una generación entre religiosa y laica; lo estudian con ahínco los hermanos Méndez Plancarte o recordar que es contemporáneo de Concha Urquiza, Manuel Ponce, Ezequiel Calderón Gómez, Enrique González Vázquez y Tomás Rico Cano. Por ese conjunto de expresiones poéticas son los autores que hoy día se identifican con el rostro de un singular título: los nuevos clásicos de la poesía michoacana que imponen un estilo y una tradición lírica.

Por esto Ángeles de la Muerte es de esos poemas que hay que leer estrofa por estrofa, verso por verso y llegar hasta el final. Para sentir la presencia de su enorme musicalidad y que en sí es magnífica e inmensa y poder sentir su ritmo de imágenes variadísima o reconocer como establece esos hallazgos que son parte de una entonación ritma y elevada, musical, maravillosa y despejar dudas ante la sonoridad de su verso más bien medidos y sonoros pero escritos bajo el efecto de su musicalidad interna. Si las palabras fueran un pequeñísimo préstamo del idioma, para Elizalde García queda claro que logra trasmitir imágenes que se encuentran establecidas en su propia estructura y le permiten concebir su elevada búsqueda y reconocer el lugar más que elegante y directo y puesto por la palabra en su lugar como sintonía con el tema central de la muerte y extenderse hacia otros escenarios menos difíciles.

Por eso con la noticia de su muerte se afirma que “si hay motivos para rendirle homenaje al poeta, lo mejor será decir que Ángeles de la Muerte destaca desde la musicalidad viva para recordar que abre puentes y sentir ventanas abiertas ante la novedad poética y todavía oculta a la vista de los lectores exigentes pero este poema es una referencia inmediata: subraya su propia identidad en la tradición de la poesía moderna”. Bien podría conjugarse el nombre de su generación, y el primer paso es reconocer que sucede por la existencia de estos dos poemas en una fecha clave: el primero salió en 1948 y el otro en 1953 y por esos días Tomás Rico Cano publica Diástole sin regreso; Manuel Ponce su Jardín increíble, y para entonces había cerrado el ciclo de sus lecturas poéticas Alfonso Méndez Plancarte, que se convierte en el lector más avanzado de su generación, difundiendo la vigencia del modernismo y sus poetas; Elizalde García marca un precedente tan fuerte como único con Ángeles de la Muerte y puedo decir que es el poema más hermoso de la poesía de Michoacán en el siglo XX. Por esto hay que recordar que la mejor edición del poema es aquella que realizaron en estos años Raúl Eduardo González y Héctor Canales, y que editó el poeta José Mendoza Lara en su Jitanjáfora para confirmar esa musicalidad que se aprecia como única desde el primer verso.

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