Alma Gloria Chávez
De alta peligrosidad
Sábado 15 de Octubre de 2016
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Tengo derecho a que se respeten las decisiones que tomo sobre mi cuerpo y mi sexualidad. Soy responsable de mis decisiones y actos.

Cartilla por los Derechos Sexuales de los jóvenes.

El joven es un sujeto deseoso de encontrar una identidad que lo defina y lo integre
El joven es un sujeto deseoso de encontrar una identidad que lo defina y lo integre
(Foto: Cuartoscuro)



De este modo es que muchas parejas jóvenes dejan pasar varios años aguantando agravios de todo tipo, años en los que lejos de mejorar, la relación va empeorando y las ofensas llegan a convertirse en ese tipo de violencia que de tan cotidiana resulta adictiva, y no sólo ya entre la pareja, sino también llegando a involucrar a sus hijos o a otros miembros de su familia. Entre la población adolescente (de entre doce y 17 años), según datos obtenidos por trabajadoras sociales de escuelas secundarias del lugar, se ha detectado que un alto porcentaje de ella viene de hogares donde la violencia es una práctica usual.

Quienes estamos convencidas de la necesidad imperante de promover –con responsabilidad y ética– los derechos sexuales y reproductivos entre adolescentes, consideramos que su desconocimiento representa un factor de alto riesgo para ese sector, que está vulnerando su salud emocional y física al enfrentar a temprana edad relaciones sexuales idealizadas por los medios y embarazos no deseados y de alto riesgo, obligándoles a adquirir compromisos forzados.

Hace algunos años, charlando con una joven amiga de Pátzcuaro, me confió su preocupación y tristeza al darse cuenta de que muchas de sus compañeras y compañeros (de secundaria en ese entonces) iban desarrollando unas relaciones poco sanas entre ellas y ellos, basadas en el poder, el mandato y el control por parte de los varones, y de seducción, debilidad y subordinación por parte de las mujeres. Aunque también, cada vez con mayor frecuencia se llegaba al extremo de que las mujeres pelearan entre sí por un hombre, lo que daba lugar a verdaderas batallas campales (fuera de la escuela) con moretones, heridas y algún hueso roto de vez en cuando. ¡Y el lenguaje! Afirmaba que no se podía diferenciar ni decidir cuál era más ofensivo.

Y cuando tocamos el punto de “los maestros”, ella se mostraba más decepcionada, porque cuando ingresó a la secundaria consideraba que los docentes tenían una gran responsabilidad al respecto: “Pensaba que los maestros serían orientadores, que estarían cercanos a nuestra formación, que serían como amigos. Sin embargo, cuántas veces nos acercamos a alguno, hacían ver su desinterés, su evasividad (sic), su despreocupación”. Mi amiga todavía no lo puede concebir viniendo de “educadores”.

Esto mismo que charlamos casi tres lustros atrás, hoy lo podríamos traer nuevamente a colación, porque poco ha cambiado el medio escolar; y si antes estas relaciones violentas se daban en escuelas secundarias, hoy se observan cada vez más en escuelas primarias. Y me parece que sería poco justo dejar el problema sólo en manos de los maestros. Prejuicios machistas y patriarcales son los que han frenado los intentos para crear políticas sociales integrales e incluyentes que atiendan de manera adecuada las necesidades específicas de los jóvenes impidiéndoles sentirse sujetos de derecho y actores sociales con facultades, responsabilidades y obligaciones.

No olvidamos que México ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en violencia familiar, ni que la violencia, como mecanismo de relación, ha impuesto normas, antivalores y formas de convivencia entre las personas, llegando a crear, en la conciencia juvenil, la idea de que la dominación, el control y la agresión física o psicológica hacia las personas son formas aceptables de relación. Hasta en el lenguaje se capta esto.

La juventud, igual que el género, es un concepto que se ha construido a partir de los enfoques biológico y sociocultural. Se define pues como una mentalidad, un estado psicológico, intelectual, de valores, etcétera, y no únicamente como un estado biológico de maduración, sino como una etapa del desarrollo humano.

A partir de la nueva concepción sociocultural de lo que significa ser joven, se advierte que la juventud es un sujeto histórico, cuya importancia radica en el rol que ha jugado en las instituciones sociales, dentro de las cuales se construye y reconstruye constantemente a partir de todo un proceso de socialización.

El joven es un sujeto deseoso de encontrar una identidad que lo defina y lo integre, que le permita emplear las funciones ejecutoras del yo para brindarlas oportunamente a la realización de un esquema dentro del cual obtener seguridad. Actualmente los jóvenes han ido dejando de lado el ámbito familiar como institución única de socialización, con frecuencia (cada vez con mayor frecuencia y con alta peligrosidad), obligados a ello.

Un folleto del Instituto de la Mujer del Distrito Federal, dirigido a los jóvenes, advierte: “¿Cómo es tu noviazgo? Si tu pareja o tú se humillan o se insultan, no expresan lo que piensan o sienten, se obligan a hacer cosas que no quieren, amenazan con dejarse, sienten miedo de sus reacciones, o cuando juegan se empujan y golpean, ¡cuidado!, es posible que vivan un noviazgo violento, ¡de alta peligrosidad!”.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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