Gilberto Vivanco González
Vivilladas
La corrupción carcome a México
Viernes 14 de Octubre de 2016
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Uno de los lastres de mayor impacto con el que vivimos y convivimos los mexicanos es la corrupción, sin importar estratos sociales, condiciones políticas, económicas o administrativas, es tan propio de este país que a nivel internacional nos tienen considerados como de los primeros en el mundo; es una práctica lamentable que ha hundido, en buena medida, nuestras aspiraciones para ser una nación de primer mundo, porque el potencial, los recursos, los tenemos; no obstante, dado el impacto que tiene en lo social, debemos conformarnos con ser tercermundistas y dependientes de otros países, en los cuales sin duda también existe este cáncer pero de alguna manera han sabido sortear este imponderable ya sea a través de ejercer la justicia para evitar la impunidad o a través de toda una campaña anticorrupción que los lleva a la cultura de la transparencia, de la rendición de cuentas y sobre todo a un estilo de vida.

Sin duda alguna, en todos los niveles existe la corrupción, desde el manejo de trámites burocráticos, en las esquinas frente a los agentes de Tránsito, en los reclusorios, en instituciones o hasta el nivel gubernamental que es donde tiene mayor impacto por las consecuencias de gran impacto que esto conlleva, entre ellas el limitado desarrollo y hasta la falta de estabilidad social, dada la molestia, el encono y la falta de confianza y respeto hacia las autoridades de cualquier nivel de gobierno; no obstante, pareciera que la desfachatez, el descaro y la desvergüenza son la mejor careta para que los pillos corruptos duerman tranquilamente en el mar de la abundancia bajo el cobijo de la arbitrariedad.

A grandes escalas México ha padecido de múltiples desfalcos en las arcas gubernamentales, las finanzas públicas en diversas entidades se han quedado vacías; no sólo eso, los montos de las deudas son cada vez más impactantes pues los empréstitos que se promueven en congresos locales son desviados a otra utilidad muy lejana a los fines que originaron dicho compromiso. A nivel nacional, un sinfín de instituciones públicas, de secretarías de Estado y desde la misma oficina de la Presidencia de la República se originan cuantiosos robos al erario público. La corrupción no sólo es la sustracción de dinero, también lo es la compra del voto para aceptar presupuestos anuales o para dictaminar leyes como las prácticas lesivas en las que se han envuelto legisladores federales; la corrupción se ventila descaradamente en todo tipo de elecciones: en la compra del sufragio ciudadano, en la entrega de tarjetas para canjear en tiendas de autoservicio como Soriana y Comercial Mexicana, así como en aprovechar los programas sociales de gobierno para manipular o influir o presionar el voto a favor de quienes manipulan dichos programas; en los acuerdos con organizaciones delictivas. Es decir, el pulpo corruptivo extiende sus tentáculos en todas direcciones no tiene límites ni tiene control.

 La corrupción no sólo es la sustracción de dinero, también lo es la compra del voto para aceptar presupuestos anuales o para dictaminar leyes como las prácticas lesivas en las que se han envuelto legisladores federales
La corrupción no sólo es la sustracción de dinero, también lo es la compra del voto para aceptar presupuestos anuales o para dictaminar leyes como las prácticas lesivas en las que se han envuelto legisladores federales
(Foto: Especial)


El famoso diezmo, entendido como el diez por ciento que se entrega a quien manda a hacer una obra o servicio en cualquier nivel de gobierno y que obviamente es disfrazado en el presupuesto o entregado en efectivo por cualquier vía, ya se queda corto porque sabemos que en repetidas ocasiones las exigencias son mayores a dicho porcentaje. El descaro es tan ruin que ya forma parte del argot popular; tan común es que inclusive un funcionario municipal del estado de Nayarit tuvo la osadía, o la puntada para otros, de reconocer que roba poquito, y la gente, reconociendo su sinceridad y “honestidad”, lo aplaude y lo premia con su voto cada vez que el mentado personaje tiene aspiraciones de obtener un cargo público. Otro ejemplo de resignación ciudadana ante dicho fenómeno es la expresión “no le hace que robe, pero que trabaje en favor del pueblo o que al menos haga algo”; es decir, la corrupción ha cambiado conciencias y formas de pensar es tan habitual en México como que el Sol aparezca en cada amanecer.

La corrupción es un dragón de doce cabezas a las que cualquier político, en campaña o en funciones, ofrece destruir; se ha tornado como un tema eterno y magnífico aliado hacia la obtención del voto; desde que tenemos memoria está presente en todos los discursos, en los trípticos y en todos los debates, pero la verdad es una más de las promesas, de los desafíos o de los engaños de contiendas electorales.

Todos los partidos políticos y sus abanderados en campaña o en funciones ofrecen a la población que acabarán con prácticas corruptas, compadrazgos o con el tráfico de influencias; se han creado institutos para desterrar la práctica: se habla del Sistema Nacional Transparencia, del Sistema Anticorrupción y créannos que va a salir junto con pagado porque, al no existir cambios sustanciales en la aplicación de la ley, a pesar del Nuevo Sistema Penal, por todas la corruptelas que conlleva, no podrá disminuirse dicho ejercicio. Mucho menos cuando los encargados de cuidar las prácticas indebidas (del Sistema Anticorrupción) se llevarán más de 100 mil pesos al mes, sólo de salarios y cuando serán o fueron impuestos por las mismas autoridades a las que son encargados de cuidar. Algo así como en el escándalo Casa Blanca de Peña Nieto y de Angélica Rivera, que fue “investigado” por Virgilio Andrade, que el propio presidente designó para que comprobara ante el pueblo que todo estaba conforme a la ley y que no existió mano negra. Por supuesto privó la exoneración.

Múltiples han sido los casos de corrupción a gran escala, como lo señaló Valeria Ríos en su artículo “Top 8 de escándalos de corrupción en México: el enriquecimiento ilícito de Raúl Salinas de Gortari”; de Luis Videgaray, que poseía una enorme propiedad en Malinalco comprada al contratista favorito del gobierno de Enrique Peña Nieto: Grupo HIGA; Humberto Moreira, que mientras era gobernador del estado de Coahuila, adquirió créditos con dinero público para financiar campañas políticas de su partido (PRI) durante las elecciones de 2012, entre ellas cinco gubernaturas y la campaña del presidente Peña. El ex gobernador de Sonora, Guillermo Padrés fue investigado por enriquecimiento ilícito apenas dejó la gubernatura; Rodrigo Medina, ex gobernador de Nuevo León, se enriqueció inexplicablemente durante su periodo como funcionario. Pese a su sueldo, el ex gobernador poseía al menos 22 propiedades, entre ellas un rancho de 35 hectáreas que, por el momento, han sido embargadas, además se sabe de cuentas millonarias en las Islas Caimán; una investigación judicial reveló que César Duarte, ex gobernador de Chihuahua, tenía muchas propiedades y que era accionista de una institución financiera que está en proceso de convertirse en Banco Progreso. Duarte habría usado 80 mil millones de pesos del dinero público en la compra de acciones.

Si consideramos además al ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte; al presidente actual del PRI Nacional, Enrique Ocho Reza, quien junto a varios de sus allegados que trabajaban en la Comisión Federal de Electricidad se fueron de ahí con gratificaciones por arriba del millón de pesos con menos de tres años de trabajo y con el antecedente de haber renunciado. Qué diremos de Michoacán sumido en la tragedia financiera con un Leonel Godoy que salió con las manos limpias de todo lo que fue señalado. El pueblo es el mal pensado.

La verdad, el tema no sólo se convierte en asunto de complacencia judicial y de vil impunidad, sino también de falta de ética y moral. Por lo tanto, ¿será posible acabar con la corrupción cuando precisamente es de lo que tanto adolecen? Pobres mexicanos… con políticos millonarios. Un proverbio francés señala: “Los pequeños ladrones, desde la cárcel, ven pasar a los grandes ladrones en carroza”.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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