Miércoles 12 de Octubre de 2016
A- A A+

No hay verdadera razón para justificar racionalmente espectáculos salvajes como las corridas de toros.
No hay verdadera razón para justificar racionalmente espectáculos salvajes como las corridas de toros.
(Foto: Cuartoscuro)

El zoólogo y etólogo inglés Desmond Morris escribió en el año de 1967 un libro que ha resultado tener vigencia indefinida, El mono desnudo. Sus datos y argumentos continúan tan vigentes como cuando fueron escritos y su estudio es conveniente para quien desee comprender y adentrarse en la compleja naturaleza humana. El Homo sapiens sapiens (orden: primate. Suborden: antropoide. Especie: Homo sapiens) es producto de una evolución cercana a los dos millones de años, que va desde los homínidos hasta el Neanderthal y posteriormente al triunfo definitivo del llamado "hombre moderno".

¿Qué nos distingue de los actuales simios, aparte de la notoria falta de pelo?; muchas cosas, pero sobre todo nuestro cerebro, no solamente porque es más grande, sino por sus funciones. La compleja mente humana, con su inteligencia, su personalidad, su permanente curiosidad, su capacidad de aprender, de elaborar teorías y de buscar continuamente la superación y no conformarse con la repetición rutinaria, año tras año, siglo tras siglo, de algo que más o menos funciona, acción que nos llevaría a un callejón cultural sin salida, como lo están diversas etnias actualmente.

Nuestro cerebro ha adquirido estas funciones "superiores" en los últimos miles de años de su evolución; son relativamente recientes y están localizadas en la parte más nueva del cerebro humano, su corteza. Debajo, agazapadas y apenas cubiertas por nuestra inteligencia, se encuentran las estructuras que nos igualan a los simios, y más profundamente funciones verdaderamente de reptil.

Es conocida la facilidad con que pueden emerger los instintos más primitivos ante la menor provocación, saltando sobre todas las estructuras superiores de cultura y educación, así sean éstas muy completas. Por esto, aunque nos resulte difícil de aceptar, y contrariamente a la popular idea que pretende vincular la violencia a una deficiencia educativa, cultural y económica, es perfectamente posible la coexistencia de una inteligencia y cultura amplias, incluso refinadas, con las peores muestras del salvajismo y crueldad.

Debido a lo anterior, podemos comprender, que no justificar, el gusto de algunos humanos por espectáculos sangrientos y que previsiblemente terminan con la muerte de un ser viviente, espectáculos que se caracterizan por su violencia, sangre y destrucción, algunos de ellos matizados de un discutible barniz de "arte" para disfrazar su verdadera naturaleza. Dentro de esta categoría entran las corridas de toros, peleas de perros, de gallos, cacería, boxeo, etcétera. Sangrientos espectáculos que estimulan y satisfacen a la parte más primitiva y salvaje de una persona. Apuntan a las siempre receptivas partes simiescas del cerebro de un humano, desplazando, así sea transitoriamente, nuestras funciones superiores.

No hay verdaderas razones para justificar racionalmente espectáculos salvajes como los mencionados. Pensar en el toreo como "arte" y que semejante espectáculo debe preservarse como "tradición" es una insensatez que no resiste el más superficial análisis.

Concretamente, el toreo es un espectáculo sangriento y brutal para satisfacción de la parte animal de nuestro cerebro, para colmo basado en un engaño pues es conocido el régimen de tortura y deterioro a que es sometido el toro en las horas previas a la corrida; deshidratación, cuernos "afeitados", traumatismos diversos que llegan a las fracturas costales para que el "matador" tenga el mínimo posible de riesgo.

A la cacería con armas de fuego se le puede calificar de lo que se nos ocurra, menos de deporte, pues enfrentarse a un animal, sea el que sea, armado con un rifle, muestra el mismo valor que golpear a una persona en silla de ruedas. Iguales y otros más incómodos razonamientos aplican en los casos de las degradantes e ilegales peleas de perros y otras similares.

En fin, los humanos, como productos de una inacabada evolución, aún tenemos mucho que aprender y qué superar.

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
Comentarios
Columnas recientes

Un paciente mental

El cerebro político

El timo de la homeopatía

México, entre el odio y rencor social

La depresión y la vejez, un problema que se incrementa

Cómo asaltar el poder

Los “abajoinsultantes”

Delincuencia y periodismo

Vivir en la Rumania comunista

Pacifismo

PRI, el partido que nadie quiere

Las consignas del odio

Premios Darwin

Inteligencia, Hitler y engañar con la verdad

Sectas, un fenómeno religioso y político

Elecciones aristocracia y kakistocracia

Sobre la responsabilidad

Democracia, educación y votos

Recordando al News Divine

Bulos y fake news

La salud y los políticos

La política del chantaje

El señor López Obrador y la educación

Delincuentes sexuales

Pena de muerte, ¿sirve o no?

López Obrador y su personalidad

Qué hacer después de los 60

Culpables fuimos todos

Autoridad moral y las redes sociales

Paz a toda costa, ¿eso queremos?

Criminales y maltrato animal

Ideologías totalitarias

Justicia, al servicio del poder

Pactar con el narco

Una alternancia fallida

La objetividad y el periodismo

Suicidio en el anciano

Incitatus, el Senado, el IFE y el PRI

Lectura, un hábito en extinción

Trastorno paranoide, datos

Hablando de diputados

Llegar a viejo, datos

Cuba, peligrosidad predictiva

Pax Narca

Amanuenses, más vivos que nunca

Religiones y sectas

Nicolás Chauvin, ignorancia y necedad

Cuando nos negamos a ver, el caso de la CNTE

La salud y los políticos

Votar con el hígado

Ignorancia radioactiva

Tomar decisiones. No todos pueden

Pertenecer a la izquierda

Fanatismo y política

Congreso sordo y caro

Productos milagro, las ganas de creer

Un partido sin remedio

Intelectuales y la violencia

Nuestros impuestos (no) están trabajando

La congruencia y la izquierda

La estupidez

Medicina y comercio

Tener fe, la justicia en México

Simonía y delincuencia

El cerebro de reptil

Abortar o no abortar

Cocaína, heroína, éxtasis y tachas

Hablando de genocidios

Política, odio y resentimiento

Información y noticias falsas

Hablando de totalitarismo y mesianismo

Un modelo de universidad

Feminicidios, misoginia y machismo

1° de mayo, algunos datos

Un crimen sin castigo

Con licencia para matar

México, su educación y cultura

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

IMSS, entre la hipocresía y la ineficiencia

No pasa nada

Corrupción, un problema severo

Philip Roth, sus libros y la vejez

Patognomónico y probable

Don Alejo, un ejemplo

Periodismo y poder

¿Son iguales todos los humanos?

La historia se repite

Notas sobre la evolución

¿Quién mato a la gallina?

Reflexiones sobre la ignorancia

Pemex, ¿petróleo de los mexicanos?

Un problema diagnóstico

Carta de Esculapio a su hijo

Secuestros en México

Fabula de la cigarra y la hormiga

Cuba y Castro, algunos datos

Trump, datos y reflexiones

Democracia y elecciones en Estados Unidos

Investigación médica, mentiras e Internet

La fábula del escorpión y la rana

Reflexiones sobre religión y ciencia

Cómo transformarse en un intelectual

El mono desnudo

Diálogo, ¿qué es eso?

Septiembre, ¿que celebramos?

Incompetentes o cómplices

Universidad Michoacana y la CUL

La democracia y los democráticos

Periodismo, sesgo y derechos humanos

Gana la CNTE

Las tres “C”

Usos y costumbres

¿Hasta cuándo?

Fanatismo y terrorismo, un peligro

Agnosticismo y ateísmo

A 28 años de un 6 de julio

Opiniones respetables

Paro médico

Miedo

Enfermedades psicosomáticas

La CNTE y sus mentiras

El toreo y la mente humana

El principio de Peter y los abogados

1º de mayo y los sindicatos

Productos pirata

Un nuevo tropiezo, la CNTE en Michoacán

La injusticia en México

Ferias y peleas de perros

Los nombres de los hijos

El “Justo Sierra” y la autonomía universitaria

Aristocracia y kakistocracia

La farsa de las terapias pseudocientíficas

PRI, un aniversario más

La educación universitaria en México

La visita del Papa

Medicina, pronóstico reservado y tanatología

El fuero ¿debe desaparecer?

Los gobernantes que merecemos

Cambio de placas, mal asunto

Escepticismo y credulidad

El debate, despenalizar o no las drogas

Terminó un mal año

Una carta para los mexicanos

Los perros no son juguetes

Silvano, el desencanto

La violencia del Islam radical 2

Islam, la violencia

Un aniversario más, la caída del Muro de Berlín

IMSS, una institución rebasada

Mentiras y medios de comunicación