Julio Santoyo Guerrero
¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?
Lunes 10 de Octubre de 2016
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Los políticos que nos gobiernan han tenido que recurrir, a costos extraordinarios del erario público, a la construcción de realidades mediáticas en las que se reitera que México está avanzando
Los políticos que nos gobiernan han tenido que recurrir, a costos extraordinarios del erario público, a la construcción de realidades mediáticas en las que se reitera que México está avanzando
(Foto: TAVO)

Hemos llegado en México a un momento dramático en que los ciudadanos han dejado de creer en el sistema y rechazan a su clase política. La ineficacia de los gobiernos, la corrupción rampante, la inmoralidad de los políticos, la demagogia y la compra como estrategia para obtener votantes, el abandono de los principios éticos básicos de la política como bien público, la incongruencia y la mentira como programa no explícito, el desprecio por los reclamos sociales, el abandono de los ideales de justicia social, el ejercicio del poder público como botín antes que como acto de correspondencia solidaria, han hilvanado el cansancio y la abominación contra la clase política.

Y las alternativas para atender los problemas que vive la población, que han generado quienes ejercen el poder, llevadas al fracaso por estos males que les carcomen, se desmoronan una y otra vez ante realidades que terminan superándoles. También las alterativas están en crisis. Las opciones para acabar con la inseguridad una y otra vez fracasan y es una constante que el factor decisivo de la falla está ya sea en la omisión, la corrupción, la ineficacia o la traición de quienes deben operar los programas. El mismo camino han seguido las alternativas en el campo de la economía, la ecología, la educación, la salud y las relaciones internacionales.

Los políticos que nos gobiernan han tenido que recurrir, a costos extraordinarios del erario público, a la construcción de realidades mediáticas en las que se reitera que México está avanzando, aunque en el diario vivir de los mexicanos nada de aquello se refleje en su calidad de vida. Se ha erigido el paradigma de que habiendo buena política de medios, y bien pagada, la política de cercanía con los ciudadanos ordinarios es un asunto secundario, subordinado a la primera.

El agotamiento de esta singular y decadente manera de hacer política es tan notorio que incluso la profusión de campañas en los medios para difundir lo bueno de los gobernantes es ya insuficiente para contener el crecimiento del desencanto y en su caso del abierto repudio. La población parece estar dispuesta a no creer más los mensajes edulcorados en tanto recibe diariamente los mensajes diarios de los hechos que argumentan en la dirección contraria.

El desprestigio es lo que caracteriza a los gobiernos, a los políticos y a sus partidos, y es una condena que pesa generalizadamente. El bajísimo nivel de aprobación del presidente Peña Nieto, medido antes de la metida de pata por la invitación a Donald Trump, no indica que todos los demás políticos tengan mejor aceptación. Para otros podría ser peor.

El solo desprestigio de la política y sus políticos y la abominación que causan en muchos sectores de la sociedad oscurecen el horizonte del futuro inmediato de México. El desprestigio y la abominación, si no se transforman en un movimiento de propuesta, de ruptura, de regeneración, de replanteamiento de prácticas y proyectos, tenderá a convertirse en pasto para la reproducción de lo mismo que se abomina.

Si el desprestigio social de la política y sus políticos no alcanza la madurez para discernir que su rechazo y abominación es un acto básico de conciencia política que debe transformarse en acto de organización política para derrotar a la mala política y a los malos políticos, el cambio no sobrevendrá. El riesgo es que la indignación se traduzca en alejamiento y abstención para decidir en los espacios de participación, como en los procesos electorales. que son los que legalmente legitiman y deciden la constitución de los poderes.

¿De dónde provendrá la fuerza que rompa y derrote el poder de quienes han denigrado, desprestigiado y corrompido a la política? Seguramente de la sociedad civil con mayor experiencia de organización independiente, necesariamente de las jóvenes generaciones que tienen nuevas aspiraciones, imprescindiblemente de los movimientos sociales críticos que creen en formas y valores diferentes para ejercer el poder, y probablemente de los sectores más lúcidos, críticos y progresistas de los propios partidos actuales.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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