Rafael Mendoza Castillo
Los enemigos de la praxis de la liberación
Lunes 10 de Octubre de 2016
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Su ideología es conservadora y el sujeto de la misma es hoy dia la cúpula de la Iglesia católica, la cual se opone a los matrimonios igualitarios
Su ideología es conservadora y el sujeto de la misma es hoy dia la cúpula de la Iglesia católica, la cual se opone a los matrimonios igualitarios
(Foto: Disse)

Enmarco las sigientes reflexiones con el pensamiento crítico de Enrique Dussel: “El fundamento que justifica la praxis de la liberación creativa, positiva, es el consenso de aquel ‘resto’ que, habiendo asumido por todo el pueblo la responsabilidad de la transformación, inicia seguro, confiado, con certeza práctica aproximada (no certidumbre absoluta imposible), la creación de lo nuevo”. Así, el prianismo, la oligarquía, los partidos políticos, se colocan en lo mismo, en la defensa del modelo neoliberal capitalista, esto es, en el robo del excedente, la explotación, la corrupción y la impunidad.

De ese modo la derecha oligárquica y su orden constituido se oponen a la creación de nuevas instituciones, porque según estas clases sociales explotadoras de lo humano, todo lo pasado siempre fue mejor. Su ideología es conservadora y el sujeto de la misma es hoy dia la cúpula de la Iglesia católica, la cual se opone a los matrimonios igualitarios. El futuro para ellos siempre es lo peor. La fe y el dogma son lo que vale y la razón crítica es excluida.

El ser humano produce todo tipo de formaciones sociales, crea la cultura, la ciencia, la tecnología, el arte, con la finalidad de establecer estructuras, procesos, instituciones, tal que éstas permitan las mejores condiciones para que el creador o los creadores realicen la condición humana en todos los sentidos. Ese es y ha sido un deseo permanente en la historia de la humanidad.

Al mismo tiempo que producimos lo anterior, es decir, nuestro propio mundo, hemos creado el pensamiento crítico y reflexivo para poner en cuestión, en interrogación, en sospecha, nuestras propias creaciones. Aunado a lo anterior, también hemos creado la acción política, pública y constituyente para transformar el mundo, cuando éste ya no esté al servicio de lo humano.

Bajo estos principios o ideas regulativas, hoy percibimos que la sociedad, su sistema y régimen político que hemos creado o heredado, presenta muchos elementos, contenidos, estructuras, procesos, tendencias que no están al servicio de la gente, ni para su beneficio, y que solamente le causan sufrimiento en todos los órdenes.

En primer término, se vive o sobrevive en una estructura social fundada en el dinero, en el capital, donde el trabajo y el trabajador o desempleado son excluidos, la cual es orientada por el poder de una mafia de empresarios nacionales y extranjeros, por grupos políticos que viven de la política, la mediocracia, sindicalismo corporativo; por partidos políticos que administran el orden de acumulación de capital y por gobiernos, de los tres órdenes, que son sumisos al actual sistema social, e iglesias que por medio del dogma manipulan y explotan la fe de los creyentes.

Vinculado a lo antes dicho, están las formas ideológicas, conjunto de creencias, valores, las cuales no se han justificado conforme a la razón y que se convierten en hábitos, costumbres, tradiciones, para mediar la relación de los ciudadanos y su propia realidad socio-histórica. Pero, ¿por qué no ejercemos el derecho constitucional de alterar (artículo 39) todo lo anterior?

Como la sociedad que se ha construido, con el grito o el silencio, no marcha sola, sino que los grupos citados, que se han apropiado de la dirección y orientación de la misma, han dejado de lado la voluntad, la soberanía y la pasión del pueblo. A este último le han domesticado la acción constituyente. De ahí la necesidad de la emancipación política.

De continuar la forma, el sentido, el significado, los valores, las reglas, las normas, la moralidad social y las instituciones en que se concretizan los primeros aspectos, quien está perdiendo es la mayoría de la población. No sólo se pierde en desarrollo humano, anemia, desnutrición, pérdida de peso, enfermedades anímicas y físicas, sino que también se puede perder la acción pública, la política constituyente, y lo más grave: se puede cancelar el pensamiento crítico y reflexivo (por ejemplo, quitar la filosofía en el bachillerato). A la derecha le molesta pensar, para ésta el dogma y la doble moral, son suficientes.

Por eso, la praxis histórica se presenta como enemigo número uno del actual sistema social y su régimen político. Porque la praxis, como acción pública, contempla la crítica de lo existente, un proyecto nuevo de sociedad, un saber o conocimiento sobre lo real y una acción para transformar el mundo. De ahí que el propio sistema invente sustitutos de la praxis con el fin de continuar construyendo, administrando y planificando el orden del capitalismo salvaje y depredador.

Así, el sistema se apropia de la técnica y la instala en muchos escenarios de lo social. La coloca en la industria a fin de que el trabajador haga lo prescrito. La instala en lo social y se transfigura como planificación, para que burócratas y tecnócratas cumplan su función en defensa del sistema. Asimismo, se mete en la esfera de lo político a fin de que la acción constituyente se convierta en la sumisión a las órdenes de los superiores. Se internaliza en los conflictos a fin de que los grupos se muevan en el marco de lo establecido y los límites que el propio sistema fija y determina (regular las marchas).

Otros enemigos de la praxis son, sin duda, el sistema de partidos y los procesos electorales. Estos eventos o instituciones inventaron reglas y normas como resultado de consensos entre las cúpulas partidarias y grupos en el gobierno gracias al juego perverso de la representación, misma que sustituye la voluntad y la razón del pueblo.

Este último es espectador y la representación se asume con el poder de la decisión. Casi nunca se toman éstas en bien de los representados. La representación piensa en su bien particular y se olvida de lo público. Sus proyectos y fines son funciones (racionalidad como instrumento). Estas funciones sustituyen a la praxis histórica y la alejan del pueblo.

Por último, deseo recordar el pensamiento de Michel Foucault : “El capitalismo que se desarrolló a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX socializó ante todo un primer objeto, el cuerpo, en función de la fuerza productiva, de la fuerza de trabajo. El control de la sociedad sobre los individuos no sólo se efctúa por la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo”. Lo anterior se enmarca en la biopolítica como disciplina del cuerpo, pero ahora, en el modelo neoliberal, se disciplina lo psicopolítico, donde la conciencia, las emociones, los sentimientos, se convierten en fuerzas productivas para aumentar la productividad, el rendimiento, con el fin de acumular capital en pocas manos. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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