Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Transporte público, peligro latente
Viernes 7 de Octubre de 2016
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El transporte en la ciudad es un servicio indispensable que permite el desplazamiento de miles o hasta millones de personas. Gracias a este servicio, la actividad laboral, estudiantil o recreativa puede ser atendida o disfrutada, lo que significa que debemos reconocer la importancia de su tarea, lo valioso de una función que permite dar movimiento a la vida comunitaria y urbana. Hoy en día, nadie pudiese imaginar una población grande o una ciudad, del tamaño que fuere, sin la presencia de unidades rodantes, de ahí que ser garante o chofer de un transporte referido implica una gran responsabilidad y un gran compromiso no sólo por la trascendencia de su tarea, sino por los enormes riesgos que implica el trasladar vidas humanas, vidas que para todos representan lo más sagrado.

Precisamente por lo puntualizado en líneas anteriores es que urge una verdadera revisión en cuanto a la calidad y vulnerabilidad del indispensable servicio de transporte en Morelia en particular y en Michoacán en general; nos referimos a las unidades automotrices y a los choferes de las mismas, a quienes no les basta la pericia para justificar su noble trabajo, pues sin duda alguna es necesaria la corrección de enormes vicios y actitudes, algunos que no sólo ponen en riesgo la integridad de los pasajeros, sino su propia vida.

Interminables son las llamadas telefónicas, vía celular, que los “reyes” del volante efectúan con sus compañeros. No sólo hablan las incidencias del tren, de los accidentes o de las tomas que realizan algunos grupos sociales, simplemente van cubriéndose las espaldas entre unos y otros: que si ya viene a darle alcance la número 6, que si La Rana va coyoteando, que cuántos lleva El Gordo, que a dónde van a ir a comer, o si las cervezas de ayer estuvieron frías, en fin, cualquier pretexto es bueno para ir pegados a un teléfono. La gran mayoría no lleva el llamado “manos libres”, por lo que es fácil imaginar los graves peligros que esto conlleva; ¿cómo pueden ser tan irresponsables e insensibles? En la llamada en curso van distraídos, perdiendo reflejos, sin atención a lo que ocurre a sus alrededor, además de perder todo tipo de cortesía porque no prestan atención a sus clientes, a quienes no dan las gracias ni saludan y que además de todo eso los llevan como si no fueran seres humanos porque entre lo despacio y la aceleración loca y constante, van acabando con la paciencia y la columna del pasajero.

Quienes tienen una actividad laboral donde se trata a personas también requieren ser sensatos para comprender la relevancia y los conflictos que pueden correr, de lo contrario se llama irresponsabilidad e ineficacia.
Quienes tienen una actividad laboral donde se trata a personas también requieren ser sensatos para comprender la relevancia y los conflictos que pueden correr, de lo contrario se llama irresponsabilidad e ineficacia.
(Foto: Carmen Hernández )



Es increíble que los señores tránsitos o de la Policía que se les antoje se la pasen fijándose en tonterías para agarrar incautos o despistados cuando los choferes del volante pocas veces cumplen las normas, peor aún tratándose de llevar vidas ajenas bajo su encargo. Sabemos que existen rutas que capacitan a su personal, como la Gris, la Verde o la Rosa, pero, la verdad, no parece surtir ningún efecto. Si se castiga al particular que vaya hablando por celular en su propio vehículo, con mayor razón la atención y la prevención debe estar en el servidor público.

Ya en el rubro de la capacitación, nada mal sería que también les impartieran un taller sobre higiene y buenos modales porque, la verdad, muchos dan bastante de qué hablar en esos aspectos. Por otro lado, cuando se trata de atender directamente a personas de manera permanente, es indispensable contar con el don de gentes, con la educación y los buenos modales; no somos ingenuos y sabemos muy bien que manejar una unidad de transporte público es un trabajo pesado, que el estrés causado por las condiciones de los caminos, de las rutas y por la presión de la cuenta y la ganancia, o por situaciones especiales de su propia familia han de provocar desesperación, pero por eso mismo deberían ser más cuidadosos y además ser conscientes de que transportan personas y no cualquier otro tipo de carga. Es más, creemos que la presión del día es más ligera cuando realizan con gusto y atención su responsabilidad, porque no queremos imaginar cuando un amargado, envalentonado y/o depresivo lleve sobre sus manos el volante de una unidad de transporte, ya que representaría o representa un grave riesgo para todos los involucrados.

Quienes tienen una actividad laboral donde se trata a personas también requieren ser sensatos para comprender la relevancia y los conflictos que pueden correr, de lo contrario se llama irresponsabilidad e ineficacia. Estando involucrado un servicio público es obligación de las autoridades poner remedio buscando mecanismos de control, motivación, orientación y, desde luego, castigos cuando así se amerite; claro, todo esto con apoyo y conocimiento de los propios trabajadores del volante, líderes y concesionarios.

No conformes con las locuras suscitadas en el transcurso de su delicado trabajo, sabemos y comprobamos la existencia de una página de Facebook denominada Cumbieros, Borrachos y Mujeriegos, donde los trabajadores del servicio público de autotransporte, en este caso de las combis, o al menos son mayoría, muestran abiertamente fotos que ellos mismos toman cuando alguna persona va dormida o en posición nada elegante, obesos, desaliñados o cualquier actitud extraña que sirva de burla y la suben a la red. Dicha página tiene miles de seguidores, dando motivos suficiente para aborrecer dicha práctica que no sólo habla de su falta de humanidad, sino también de su excesiva carga de ignorancia e insensibilidad sobre el compromiso que tienen en un trabajo que les ofrece la oportunidad de atender a su familia o simplemente a él mismo.

Deseamos que las autoridades pongan atención a los comportamientos y acciones nada convenientes que tienen algunos de los trabajadores del volante de las distintas modalidades que existen en Morelia y en la entidad; que les exijan las mínimas reglas de urbanidad, que les prohíban, de manera excesiva, el uso del celular o GPS, o que encuentren una alternativa menos riesgosa al respeto; que los presionen a cubrir los horarios de sus rutas y que, por favor, respeten el paso peatonal. Es mucho o demasiado pedir, pero también es mucho lo que ellos, los transportistas, ponen en riesgo latente y permanente.

Lewis Caroll, motivador empresarial, expresó: “Uno de los mejores secretos de la vida es que todo lo que vale la pena hacer, es lo que hacemos por los demás”.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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