Rafael Mendoza Castillo
La relación de poder en la UMSNH
Lunes 26 de Septiembre de 2016
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El conflicto que hoy vive la Universidad Michoacana, rechazar estudiantes, enfrentarlos (método Jara), toma de instalaciones, tiene que ver con la ausencia de legitimidad, democracia, legalidad en la institución; aunado a lo anterior, la reducción en el presupuesto estatal (2946.7 millones de pesos en 2016 y el proyectado para 2017 de 2555.6 millones de pesos), el federal (se desconoce) y la aceptación de políticas educativas neoliberales. Lo anterior enmarcado en sentidos históricos como estructuras de significación y de prácticas concretas. Todo ello vinculado estrechamente a relaciones de poder.

Entendiendo el poder como la capacidad de intervenir en la realidad socio-histórica o también en el sentido de imponerle la voluntad a otro, la naturaleza ideológica del poder consiste en dejar el mundo como está o transformarlo. El comportamiento político de la autoridad no es neutral ni inocente y la pregunta obligada es ¿cómo se legitima el poder en la Universidad?

Es bueno recordar, para el caso que nos ocupa, el pensamiento crítico de Antonio Gramsci cuando hablaba de la necesidad de legitimidad social e ideológica que tiene todo poder. El problema entonces se inscribe en saber dónde está la fuente del poder. Es incuestionable que la fuente, la soberanía del poder, se localiza en la comunidad de docentes, estudiantes y trabajadores administrativos y manuales.

Sin embargo, en la práctica esa comunidad ha sido sustituida por representaciones autárquicas y espurias como la Comisión de Rectoría, por figuras antidemocráticas como las auscultaciones, Consejo Universitario corporativo, mismas que se mueven en el secreto, la opacidad y la arbitrariedad y sólo rinden cuentas a los amos del poder de dominación pero no a la comunidad nicolaita.

El comportamiento político de la autoridad no es neutral ni inocente y la pregunta obligada es ¿cómo se legitima el poder en la Universidad?
El comportamiento político de la autoridad no es neutral ni inocente y la pregunta obligada es ¿cómo se legitima el poder en la Universidad?
(Foto: ACG)


Las formas anteriores han venido secuestrando la voluntad de la comunidad nicolaita. Todos sabemos que el actual rector, Medardo Serna González, no es resultado de la voluntad de la comunidad, sino de la voluntad de estructuras usurpadoras del poder de aquélla. Los mismos integrantes de la Comisión de Rectoría, que son ex rectores, son el producto de voluntades ajenas a los universitarios, tanto internas como externas.

Por eso el rector actual no obedece a la comunidad, sino a la voluntad de quien lo nombró. Se observa en este caso que lo privado domina a lo público. Recordemos, no olvidemos, que ante la invasión de la Policía a los espacios de la Universidad (tiempo de Fausto Vallejo), el rector se anidó en las estructuras de poder del Estado, la foto fue elocuente. Él supo cuál es la fuente de su poder y supo también que no está en la comunidad.

Así, tanto la figura de auscultación, la cual está inscrita en la Ley Orgánica, como la Comisión de Rectoría, se convierten en pantallas que sustituyen la voluntad de poder del conjunto de los universitarios y se convierten en bloqueos históricos sobre la conciencia de los nicolaitas para ajustar a ésta a interpretaciones oficiales sobre la realidad, producidas desde el poder de explotación; además paralizan todo proceso democrático liberador en la toma de decisiones sobre el destino histórico de la Casa de Hidalgo. Este es un asunto de fondo.

La legitimidad y la democracia de liberación, no procesal o de procedimientos, son los grandes ausentes en la vida universitaria. Por eso el poder condigno de la fuerza es usado por cualquier grupo o individuo para satisfacer su interés privado o particular. Pero también se observa el ejercicio de un poder compensatorio en donde las recompensas se llevan a cabo a través del dinero y, por último, el poder condicionado, donde los discursos de la institución someten la mente de los nicolaitas para que acepte el dominio del otro. Todo ello sustituye el poder de la comunidad y la ética crítica como valor.

La ausencia de legitimidad, democracia y legalidad no sólo afecta el nombramiento de la autoridad, sino también se afecta el proceso académico, la investigación y la difusión cultural, como áreas sustantivas de la institución. El gobierno estatal y federal conoce esas ausencias y por eso imponen su política educativa neoliberal para privatizar dichos espacios, a través de certificaciones, acreditaciones, evaluaciones, exámenes de admisión y estrategias de aprendizaje por competencias. El actual rector Medarno Serna y el gobernador Silvano Aureoles enfrentan estudiantes (jueves 22 de septiembre 2016) para ocultar lo anterior.

Pero no sólo se privatiza lo educativo, lo investigativo y la difusión cultural, sino también se privatiza el espacio universitario, al dejar fuera a cientos estudiantes, los cuales tienen derecho, por Constitución, a la educación superior. Este hecho también privatiza la conciencia del nicolaicismo, donde el valor solidaridad y conciencia social, se sustituyen por el individualismo, el egoísmo, enfrentar a los estudiantes, el poder de pocos y la anulación de la mayoría, al reducir a ésta a la función de espectadora. Recordemos que Miguel Hidalgo se rebeló contra la injusta Ley de Indias. Por eso todo examen de admisión es injusto, porque esconde la desigualdad de origen de los participantes.

Todo lo anterior queda inscrito en relaciones de poder, donde se impone la voluntad de los pocos sobre el conjunto de la comunidad. Si el poder se le quita a esta última, la dominación construye seres obedientes, operadores sistémicos, para adaptarse a los códigos del orden constituido.

Ante la inexistencia de legitimidad, democracia y legalidad en la vida de la institución, el ejercicio del poder se coloca en la práctica del fetichismo, donde las representaciones internas y externas se asumen como la fuente del poder, de la soberanía. Dichas representaciones y sus funcionarios creen que ejercen el poder desde su autoridad autorreferente (referida a sí mismos) y quedan separadas de la voluntad de la comunidad política, es decir, de lo público, lo de todos y sólo les importa lo particular, el secreto, lo privado.

El fetichismo del poder corrompe la política, la docencia y todo aquello que toca. Este fenómeno permite el juego del libre mercado al interior de la Universidad y cada grupo o individuo va por su parte de pastel, porque el referente que legitima el poder, esto es, la comunidad nicolaita ha sido silenciada, reprimida y excluida. Otro mundo es posible.

Sobre el autor
1974-1993 Profesor de Lógica, Historia de las Doctrinas Filosóficas y Ética en la Escuela Preparatoria “José Ma. Morelos y Pavón” , de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1977 Profesor de Filosofía de la Educación en la Escuela de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morelia, Mich. 1990-1993 Asesor de la Maestría en Psicología de la Educación en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José María Morelos”. 1993-2000 Coordinador de la Maestría en Sociología en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación “José Ma. Morelos”. 1980 Asesor del Departamento de Evaluación de la Delegación general de la S.E.P., Morelia, Mich.
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