Alma Gloria Chávez
Nuestro derecho a la cultura
Sábado 24 de Septiembre de 2016
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Cada sociedad elabora, a partir de su cultura, las nociones que definen y caracterizan a la infancia.

Guillermo Bonfil Batalla

Ha sido hasta en épocas muy recientes que sobre todo los niños y las niñas han merecido especial atención respecto al reconocimiento de sus derechos a ser alimentados, protegidos, educados… y dentro de este último rubro, la cosa no pasaba más allá de la educación escolarizada. Afortunadamente, gracias al esfuerzo denodado de filósofos, pedagogos y educadores en todo el mundo, fue que se reconoció que la educación formal que recibimos en las escuelas, no es sino una parte (pequeña, por cierto) de esa cultura que abarca tantos y tan variados ámbitos de la vida y entonces se empezaron a implementar diversas estrategias (gubernamentales y ciudadanas) para complementar la formación educativa.

Desde el ámbito familiar debemos estar seguros de que vale la pena invertir tiempo para acercar a nuestros niños a los bienes de la cultura.
Desde el ámbito familiar debemos estar seguros de que vale la pena invertir tiempo para acercar a nuestros niños a los bienes de la cultura.
(Foto: Cuartoscuro)


Cuando hablamos de identidad cultural sabemos que ésta se diversifica en cada localidad, estado y región del país de acuerdo con su ubicación geográfica, el clima, la flora y la fauna, las actividades agrícolas y ganaderas, la pesca o la extracción de minerales, su desarrollo artesanal o tecnológico y, muy especialmente, de acuerdo con su pasado histórico. No olvidemos que México se caracteriza por su pluriculturalidad, lo que convierte a nuestro territorio en un magnífico mosaico de particularidades patrimoniales, tangibles e intangibles. Lenguas, gastronomía, danzas, indumentaria, creencias, rituales y ceremonias que han conservado para nuestras generaciones aquellos abuelos que enseñaron también el respeto a lo sagrado.

Todos tenemos derecho a participar de la cultura de México y el mundo pero, ¿cómo hacerlo? Sería interesante preguntar a los adultos, sobre todo a los responsables de organismos educativos y culturales, qué están haciendo para que esta ley (que es derecho) se cumpla. Porque el gobierno mexicano ha suscrito y ratificado, por ejemplo, los Acuerdos de la Convención Mundial sobre los Derechos de Niñas y Niños, que en lo que respecta al juego, a la recreación y a la cultura, dicen: “El juego es indispensable para el desarrollo de niños y niñas, porque jugando se preparan para la vida. Los infantes que no juegan están condenados a ser adultos tristes, aislados, sin iniciativa y poco productivos. Niños y niñas tienen derecho a la recreación.

Los adultos deben preocuparse de, por ejemplo, contarles cuentos, jugar con ellos, llevarlos a parques, al zoológico, al campo, a espectáculos al aire libre, a conciertos de música, al teatro, etcétera. El Estado se preocupará de que en todo el país existan los lugares y espectáculos recreativos gratuitos necesarios (y aptos) para niños y niñas. Ambos tienen derechos a acercarse y conocer todas las manifestaciones culturales de nuestro pasado y presente indígena. Para ello, los adultos conservarán para las nuevas generaciones, todas las zonas arqueológicas, ciudades antiguas, monumentos y objetos de nuestros antepasados que ya se han descubierto y los que aún están por descubrirse”.

También estos acuerdos mencionan que “el Estado se encargará de producir todo tipo de libros, películas y videos para que niños y niñas conozcan toda la sabiduría de nuestros pueblos antiguos en lo que se refiere a medicina, manejo de la naturaleza y de las ciencias. Es un derecho de niños y niñas el poder acercarse al trabajo artístico de nuestros pintores, escultores, músicos, poetas, escritores, bailarines y teatreros, como una forma de aprender a apreciar y buscar la belleza. Para ello deben crearse las formas de que estén a su alcance y puedan saber quiénes y cómo las realizan”.

¿Verdad que es importantísimo conocer y tomar en cuenta este derecho a la cultura desde temprana edad? Porque sólo mediante el conocimiento de esos compromisos que tiene el Estado con nuestra infancia podremos tener elementos para defender y exigir su aplicación.

Por otra parte, desde el ámbito familiar debemos estar seguros de que vale la pena invertir tiempo para acercar a nuestros niños a los bienes de la cultura. Si bien en el hogar podemos elegir programas de radio y televisión creados para tal fin, es más deseable llevarles a centros culturales, a los museos, a las bibliotecas, a las fiestas del barrio y de la comunidad (haciéndoles sentir partícipes en ellas); contarles cuentos, leerles mucho (antes de que ellos aprendan a hacerlo), acercarles libros, materiales para que pinten, modelen con barro, plastilina y otros materiales; rodearlos de música, celebrar y recrear con ellos nuestras tradiciones, explicándoles su origen, su porqué.

En México, desde que en 1996 fue creado el Programa de Desarrollo Infantil que llevó el nombre de Alas y Raíces a los Niños, a propuesta de las instituciones fundadoras se adoptaron dos objetivos fundamentales que vale la pena recuperar: “Propiciar el desarrollo de la imaginación y el despliegue del potencial creador de niños y niñas que les permita volar, y al mismo tiempo fortalecer y cuidar sus raíces para que puedan florecer”.

Muchos adultos, interesados en propiciar espacios educativos y culturales para nuestros niños, encontramos en estos objetivos el sustento que mueve nuestra tarea de construcción de valores, experiencias y conocimientos… reconociendo que es algo que debe ser compartido en la familia, en la escuela y en la comunidad. Quienes trabajamos en museos, el tener entre nosotros a niños y niñas nos ofrece la valiosa oportunidad de ejercer nuestro derecho a la cultura propiciando el diálogo, el respeto y creando interés.

Sobre el autor
Alma Gloria Chávez Castillo. Oriunda de Pátzcuaro, realizó estudios formales en el lugar. Por interés personal complementó su formación con actividades artísticas como la pintura, la danza, el teatro y la pantomima. Su vocación de servicio le ha llevado a promover o insertarse en espacios culturales orientados a niños/as y jóvenes. Ha sido colaboradora fraterna con organizaciones indígenas de la región a través de espacios radiofónicos y prensa escrita. Promotora de lectura y cuenta-cuentos, fundadora y activista de grupos de mujeres, vive anhelando una sociedad libre de violencia.
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