Alejandro Vázquez Cárdenas
Septiembre, ¿que celebramos?
Miércoles 21 de Septiembre de 2016
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Llegó septiembre con sus fiestas y, como rutina, muchos mexicanos proclaman su epidérmico sentimiento patrio gritando a la menor provocación "¡viva México!", rematando, ya más tranquilos, con un “como México no hay dos", expresión profundamente idiota, pues también como Somalia no hay dos, o como Paraguay y Francia tampoco hay dos.

México no saldrá de su atraso «vivas» ni lanzando las o los «héroes que nos dieron patria»
México no saldrá de su atraso «vivas» ni lanzando las o los «héroes que nos dieron patria»
(Foto: Cuartoscuro)

Analizando el asunto, no deja de llamar la atención cómo se expresa la “mexicanidad” en prácticamente todos ámbitos. Los comercios, grandes o pequeños, agudizan su ingenio para tratar de sacar cuanta ventaja económica puedan; políticamente ni se diga, no hay nada más trillado y utilizado que celebrar la Independencia.

A la inmensa mayoría de los mexicanos les sale lo patriotero y es increíble cómo medio mundo se aprovecha la ocasión. Toda la mercadotecnia se vuelve tricolor y la mayoría de los mexicanos busca dónde dar “el Grito”, lo cual se traduce en una gran borrachera.

Pero vale la pena reflexionar algo. ¿Realmente sabemos cabalmente qué tanto festejamos? En México no es frecuente que nos salga “lo patriota” salvo para enfiestarnos la noche del 15 de septiembre, o cuando gana la Selección de Futbol, pero es una realidad que en el día a día lo “mexicano” simplemente no se nos ve, porque al día siguiente nos pasa justo lo que dice Serrat en su canción: “Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”.

No estaría mal que estas fechas sirvieran también para analizar desapasionada y detenidamente el pasado y el presente de México, su historia, la real, la verdadera, no la mendaz “Historia de bronce” que nos enseñaron en algunas escuelas.

Veamos un recuento breve. La educación es un desastre, últimos lugares mundiales, la productividad laboral es muy baja, en empresas paraestatales se necesitan muchas más horas-hombre en México para producir equis bien o servicio que en cualquier país del primer mundo; tenemos un impresionante 60 por ciento de población que vive a niveles que van de la pobreza a la más lacerante miseria, la dependencia en materia de alimentación es preocupante, y no se diga la dependencia tecnológica pues en este renglón la diferencia con nuestros vecinos del norte y los países de Europa occidental es astronómica. En el colmo de las tragedias, nuestra segunda fuente de divisas está constituida por remesas de mexicanos expulsados por hambre de nuestro país.

En México, la desigualdad en el reparto de la riqueza es insultante: tenemos un muy pequeño número de mexicanos que son los dueños de más de 80 por ciento de la riqueza nacional. Para ser un país más bien pobretón, tenemos porcentualmente más millonarios que los países europeos y los mismos Estados Unidos. Basta caminar unos cuantos cientos de metros en cualquier ciudad para ver los dolorosos contrastes entre una riqueza insultante y la miseria más espantosa.

Ahora bien, ¿de quién es la culpa?, ¿por qué después de la Independencia terminamos con apenas la mitad del territorio original y a la cola del desarrollo educativo, industrial y tecnológico? Las respuestas hay que buscarlas en muchos lados, desde un nocivo centralismo, una religión que promociona la conformidad, la reconocida enemistad del rito católico con la ciencia, actitud no superada hasta la fecha (ver clonación, aborto, control natal, eutanasia, entre otros); la corrupción, el amiguismo, el influyentismo y la tolerancia con los ineficientes. Y ya en el siglo XX, la implantación, por la fuerza de las armas, de una dictadura priista que corrompió generaciones completas de mexicanos, ayudada, entre otras cosas, por una prensa y una televisión serviles hasta la abyección.

México no saldrá de su atraso gritando "vivas" ni lanzando loas a los "héroes que nos dieron patria", ni abandonaremos el subdesarrollo si sólo nos concretamos a lamentarnos de nuestra "mala suerte" y continuamos permitiendo la existencia de las corruptas estructuras partidistas políticas, educativas, laborales y sindicales (CNTE) dedicadas a la protección de la ineficiencia.

Si no cambiamos radicalmente, dentro de 50 años seguiremos lamentándonos de nuestras "venas abiertas" por el "imperialismo" (Galeano dixit).

Sobre el autor
"Medico, Especialidad en Cirugia General, aficionado a la lectura y apartidista. Crítico de la incompetencia, la demagogia y el populismo".
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