Arturo Alejandro Bribiesca Gil
¿Discriminar es pecado?
Viernes 16 de Septiembre de 2016
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El mexicano discrimina principalmente cuestiones genéticas (color de piel, raza, estatura, complexión, tendencia sexual, entre otras), sin embargo, esta discriminación puede desaparecer si el gordito, chaparrito, prietito u otros calificativos, es exitoso y, preferentemente, que este éxito lleve aparejado bienestar económico.

Ejemplo de lo anterior es que un país con alto grado de machismo y con infinidad de voces homofóbicas, por décadas bailó, cantó y se contoneó al ritmo que les tocaba un cantante y compositor gay (Juanga). Nuestro paisano sufrió infinidad de discriminaciones, pero todas ellas previas a su éxito musical; luego entonces, las vejaciones que padeció fueron por ser pobre, no por ser homosexual, aunque es posible que dicha circunstancia agravara el asunto.

Gran diferencia con nuestro vecino país del norte, donde la discriminación es más profunda y difícilmente hace excepciones como nosotros. En Estados Unidos, a aquel que profesa resentimiento y odio por la gente de color, por ejemplo, no le importa si ésta es rica y exitosa, sus valores negativos imperan sobre cualquier interés.

Los mexicanos tenemos capacidad de no discriminar en el caso concreto cuando influyen factores de interés o de estima
Los mexicanos tenemos capacidad de no discriminar en el caso concreto cuando influyen factores de interés o de estima
(Foto: Cuartoscuro)


Una gran diferencia en cómo y quienes discriminamos la podemos ver claramente en el bullying escolar, En Estados Unidos el acosador será, en la mayoría de los casos, fuerte o atlético, ya que la base de su conducta es la capacidad física de inspirar temor, mientras que el acosado será pequeño o gordito, y en muchos casos poco hábil físicamente; la condición socioeconómica de ninguno de los dos será relevante para el rol que ejerzan. Aquí en nuestro país es determinante el nivel socioeconómico para determinar el rol, puede darse el caso de que el morenito, rechoncito, bajito, hijo del cacique del pueblo, acose y haga burlas al joven delgado, bien parecido y atlético, hijo del carnicero que posee una beca para poder estar en una escuela de paga.

Nadie debería acosar o discriminar a nadie sin importar condición física o económica, pero esto es cuestión formacional y esa es otra historia, mientras es preciso destacar que la capacidad de discriminar por temas económicos no es exclusiva de ricos, cada quien discrimina en su nivel socioeconómico a quien puede.

Ahora bien, como lo he señalado, los mexicanos tenemos capacidad de no discriminar en el caso concreto cuando influyen factores de interés o de estima, pero cuando el tema es general y no posee un rostro concreto, somos tan cerrados como el gringo promedio, ojalá pudiéramos hacer de esa tolerancia del caso particular una tolerancia universal hacia lo distinto o minoritario.

Y aquí entra un tema que está en medio de la discusión nacional hoy día, el del matrimonio igualitario, ¿y por qué lo saco a colación? Porque creo firmemente que negarle a un sector de la población el ejercicio de ciertos derechos y obligaciones por una cuestión de tendencia sexual, es discriminación por donde se le vea.

Esta discriminación está sustentada principalmente en bases religiosas y por quienes las profesan, mismos que, erróneamente, consideran tener la patente de una figura jurídica contractual nacida del derecho positivo y no del derecho natural; sin embargo, su misma garantía al libre culto y a la libertad de expresión les da la facultad de pensar y expresar lo que quieran de este y otros temas, y sería yo el primero en defenderlos si se les impidiera. Por esto, a quienes pensamos distinto no nos debe interesar callar o convencer, caeríamos en lo mismo, la única exigencia debe ser que se respete la diversidad.

Sé que discriminar es ilegal, creo que discriminar es inmoral, lo que no sé es si sea pecado, ¿lo es? Independiente de la respuesta, como diría el licenciado Torres Manzo: “Allá ellos”.

Dejo mis reflexiones y pido una disculpa porque siempre trato de ser imparcial cuando escribo sobre posturas encontradas, pero esta vez me fue imposible, no puedo ser imparcial ante acciones que atentan contra libertades y derechos humanos de una comunidad que respeto y de la cual son parte seres humanos maravillosos de entre los que puedo contar familiares y amistades entrañables.

Que viva México.

Que vivan las familias.

Que viva la comunidad LGBT.

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