Julio Santoyo Guerrero
Gobierno de consenso para lo que falta
Lunes 12 de Septiembre de 2016
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En Los Pinos aún no se quieren dar cuenta de que su narrativa de sexenio ha muerto, que no representa ya los intereses de la sociedad mexicana, a la vez por su inviabilidad como por su descrédito.
En Los Pinos aún no se quieren dar cuenta de que su narrativa de sexenio ha muerto, que no representa ya los intereses de la sociedad mexicana, a la vez por su inviabilidad como por su descrédito.
(Foto: TAVO)

El sentido común te indica que cuando algo no está saliendo bien debes cambiar la manera de hacerlo. No necesitas un posgrado para entender que cambiar es necesario para obtener mejores resultados. En todas las esferas de la actividad humana esta es una regla de oro, lo es para los asuntos de la vida ordinaria, lo es para resolver las encrucijadas de la ciencia y es vital para el ejercicio de la política.

Lo peor que le puede ocurrir a quien hace política es tomar el contenido de un discurso como una verdad inamovible y absoluta y empeñarse en él a pesar de que la realidad le haga pagar costos elevados, tan elevados como perder el respaldo de los gobernados y poner en riesgo la viabilidad de su gobierno y dilapidar su poder. Y esto es precisamente lo que le está ocurriendo al habitante de Los Pinos. Inauguró su gobierno con un discurso soportado en la promoción de grandes reformas estructurales que llevarían a México a mayores niveles de desarrollo y a mejorar las condiciones de vida de todos los mexicanos. Sin embargo, a menos de cuatro años ese discurso se desmoronó con los malos resultados de las reformas reales que impulsó y con el desprestigio de su propia figura y de su gabinete, que no tuvieron escrúpulos en cuidarla con un ejercicio ético del poder.

En Los Pinos aún no se quieren dar cuenta de que su narrativa de sexenio ha muerto, que no representa ya los intereses de la sociedad mexicana, a la vez por su inviabilidad como por su descrédito. Es un discurso que ya únicamente se soporta en la costosa publicidad que debe pagar el Ejecutivo federal para que los medios lo repliquen. La terquedad de seguir insistiendo en lo mismo los aleja día a día de las preocupaciones vivas de la gente y su agenda ya no es empática con las prioridades que la sociedad identifica.

De muy poco habrá de servir el cambio de un par de personajes en el gabinete si no hay un cambio de políticas públicas para lo que resta del sexenio. Es relativamente importante el cambio en el gabinete siempre y cuando primero se replantee el rumbo de las políticas del gobierno federal. Es el proyecto el que está en quiebra y seguirá generando actos de fracaso así cambien cada medio año al gabinete en pleno.

Para evitar que la crisis política se profundice y nos acarree otro tipo de consecuencias negativas, los poderes deben plantearse con seriedad y serenidad la posibilidad de ejercer un gobierno coaligado para el resto del sexenio. El habitante de Los Pinos, desgastado y débil, no tiene hoy las condiciones para ejercer un gobierno de mayor consenso y legitimidad. La incertidumbre económica que agobia también a las naciones del mundo, la inseguridad que no merma a la par que nuevos y recompuestos cárteles del crimen asedian las regiones críticas del país, el crecimiento de la protesta social por una garrafal omisión de la agenda del otro México, el México olvidado, el descrédito de la partidocracia nacional, son otros factores más que propician un pésimo escenario para los años que restan del sexenio y que de no atenderse con una alternativa política de recomposición adecuada del gobierno y del ejercicio del poder iremos a una crisis que puede provocarnos enormes daños.
Se requiere una bocanada de aire fresco que sólo se puede obtener consensuando un programa emergente para concluir el sexenio y un gabinete de composición con tareas precisas a realizar. Tareas que van desde el ataque frontal a la corrupción y la impunidad, pasando por la reforma de la Reforma Educativa, el replanteamiento de la estrategia de seguridad, la recuperación de la economía y la atención a la pobreza con estrategias más eficaces. Un programa emergente que recupere la visión de justicia social, que incluya la agenda del México olvidado y se ejerza desde la pluralidad democrática de nuestro país.

Ya no es momento de terquedades discursivas, el daño que se ha hecho debe parar, es el tiempo de otro discurso y de otra práctica política.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
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