Hugo Rangel Vargas
Movimiento al 18
Viernes 9 de Septiembre de 2016
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La administración de Enrique Peña Nieto ha concluido de facto: su interlocución social se ha mermado, su propio partido lo ha abandonado en al menos dos iniciativas con las que se propuso presentarse como un mandatario de vanguardia –la relativa al uso de la mariguana y los matrimonios igualitarios–, y hacia el exterior luce como un líder débil que se ha expuesto a riesgos innecesarios y cuyo costo político ha sido excesivo.

Junto al desprestigio presidencial, hace agua la nueva casta de políticos que eran el relevo generacional del que se jactaba Enrique Peña Nieto durante su campaña. Y es que los gobernadores de Zacatecas, Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo han actuado como verdaderos ladrones de los recursos federales y de la deuda pública de sus entidades.

Los recientes relevos en el gabinete parecen una maniobra desesperada por sacar a flote la ya hundida imagen de Enrique Peña Nieto
Los recientes relevos en el gabinete parecen una maniobra desesperada por sacar a flote la ya hundida imagen de Enrique Peña Nieto
(Foto: Cuartoscuro)


Los recientes relevos en el gabinete parecen una maniobra desesperada por sacar a flote la ya hundida imagen de Enrique Peña Nieto, más que una respuesta al creciente descontento social por la deficiente conducción de la economía, el aumento a la pobreza y el magro crecimiento del Producto Interno Bruto.

En este entorno resulta impensable que el gobierno del PRI pueda dar respuesta a los reclamos de los obreros, de los agricultores, de los estudiantes, del magisterio, de los pequeños empresarios. De cara a ellos, el gobierno de la República parece haber cancelado la comunicación y lo único que quedará es esperar a que el club de amigos, que juega enroques en las posiciones públicas, lance el ultimo zarpazo sobre el erario público a través de recortes presupuestales investidos de “disciplina fiscal”, los cuales dejan intactos los privilegios del grupo de multimillonarios que gobiernan al país desde hace 30 años.

Las alternativas sociales son pocas. La desesperación de la ciudadanía ha conducido a que muchos líderes de opinión lancen llamados a la nulidad del voto o al abstencionismo en los procesos electorales, a la contemplación de las supuestas candidaturas “independientes” como vías de transformación de las relaciones de la sociedad con el poder público, o bien a la desmemoria que ha colocado al país en la posibilidad real de una reedición del nefasto calderonato a través de Margarita Zavala.

Pero negar opciones de irrupción parece más bien una creencia que una posibilidad objetiva. La realidad del país está siendo atravesada por numerosos movimientos que tienen agendas reivindicatorias y de resistencia. El magisterio se opone a una Reforma Educativa punitiva, diversos gremios empresariales y organizaciones ya no toleran los excesos de las reformas Fiscal y Financiera, los grupos de defensa de los derechos humanos atestiguan día a día la permanente violación a la ley que es cometida en medio de una ola de violencia desatada desde el sexenio pasado. Estas y otras manifestaciones sobran en el país pero hay que ir más allá.

La propuesta lanzada por El Barzón y su dirigente Alfonso Ramírez Cuéllar, tendiente a nuclear en una sola agenda estratégica las diferentes agendas de los grupos de la sociedad civil y de ciudadanos en lo individual, parece llegar en el momento preciso para que esta lucha meramente gremial y pulverizada de las agrupaciones progresistas avance a una definición política que toque a fondo la exigencia de un cambio en las estructuras sociales y económicas del país.

Los barzonistas han llamado a múltiples liderazgos y núcleos organizados de la ciudadanía para conformar el Movimiento al 2018 (M-18). Su flexibilidad, capacidad creativa y posibilidades de incidencia serán dotadas por los propios integrantes. No hay en este llamado ningún afán protagónico, sino la simple convocatoria a capitalizar la coyuntura electoral de 2018, a anclar en ella todas las frustraciones y la protesta contra el régimen.

20 meses nos separan de la contienda presidencial. La fuerza social que catapulte al país a otra condición sistémica podría estar agazapada y nucleándose detrás de este llamado. Las coyunturas seguirán presentándose en la medida en la que avance la descomposición del régimen y seguro ahí estará el talento de estos miles de ciudadanos que recorren ya el país con la esperanza de una transformación verdadera.

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