Julio Santoyo Guerrero
El arrogante Trump y el pequeño Peña
Lunes 5 de Septiembre de 2016
A- A A+

«Si la imagen presidencial andaba por los suelos, el torpe error del encuentro con Donald Trump lo hunde más y lo consolida como un personaje sin capacidad para la recuperación»
«Si la imagen presidencial andaba por los suelos, el torpe error del encuentro con Donald Trump lo hunde más y lo consolida como un personaje sin capacidad para la recuperación»
(Foto: Cuartoscuro)

La imagen triunfal y arrogante de Trump utilizando para sus fines electorales la tribuna que la Presidencia de la República le ofreció bajo la justificación de un diálogo anticipado para construir una mejor relación, y de la cual el antimexicano magnate sacó todo el provecho y el presidente Peña nada, es lo que queda y enoja a los mexicanos.

No vino a disculparse por los agravios y el trato racista a nuestro país, no vino retractarse de su absurda idea de construir un muro fronterizo que debe pagar México, no vino a plantear una propuesta avanzada y justa para mejorar las relaciones económicas entre ambos países, no vino a hacer una propuesta seria en torno al problema del tráfico de drogas y de armas.

Vino, eso sí, a confirmar en las propias narices del presidente mexicano que su agenda antiinmigrante es su bandera central, y si quedaba alguna duda en Los Pinos de que en los medios declaraba que había matizado para bien sus ideas, en Arizona, a los pocos minutos, confirmó con sorna:” México no lo sabe, pero ellos van a pagar el muro”.

El papel del presidente Peña y de la canciller de Relaciones Exteriores en el manejo de la visita de este facistoide personaje ha sido vergonzoso y totalmente mediocre. Es una de las peores páginas de la política exterior mexicana. No tuvieron la iniciativa, la capacidad ni la dignidad de plantear los principios de la política exterior mexicana; fuimos humillados gracias a la torpeza y falta de estrategia para procesar el tiempo y las condiciones del encuentro. Peor aún: el gobierno de México le dio trato de jefe de Estado a un bravero y pendenciero político que sólo es candidato y con quien aún no se puede plantear una agenda de acuerdos formales.

El evento pone al desnudo la crisis de nuestra política exterior, indica con claridad que hay ausencia de valores que orienten esa política; indica también que se ha perdido completamente el liderazgo y que nuestros diplomáticos no están a la altura de las circunstancias contemporáneas que determinan la problemática con el país vecino del norte. El contundente fracaso político de Los Pinos ante este embustero y picapleitos coloca a nuestro país, por si algo nos faltaba, en la peor de las condiciones hemisféricas, y de la cual habrán de sacar provecho los intereses intervencionistas norteamericanos y las emergentes economías del sur. Ha propiciado también una crisis en el gabinete peñista que puede profundizar la crisis de gobierno que se ha venido generando en los últimos meses.

Si la imagen presidencial andaba por los suelos, el torpe error del encuentro con Donald Trump lo hunde más y lo consolida como un personaje sin capacidad para la recuperación. El acontecimiento es un nuevo agregado a las áreas de crisis del gobierno peñista. El fracaso de la política exterior se suma al fracaso de las reformas estructurales, al de la política de seguridad, a la del combate de la corrupción, a la crisis en el sistema educativo, a la crisis en el manejo del deporte. Su lamentable capacidad pare caer parece no tener límite y sí mucha negativa creatividad.

En estas circunstancias es obligada la pregunta ¿podrá terminar el sexenio? Aún faltan dos años y su fuerza política se desmorona con rapidez, al presidente le ha dado por tomar la ruta dramática del rey Midas, todo lo que toca lo descompone, no se ve en el horizonte próximo de dónde le pueda venir la recuperación. Y no se ve porque desde ahora no realiza cambios importantes en sus políticas y en su gabinete. Sigue haciendo lo mismo que le ha llevado al fracaso. Sigue subordinado al club de amigos con los que estructuró su gabinete, en ese contexto no tiene más cartas que repetir las de ayer creyendo que el resultado pueda cambiar. Sigue subordinado a los poderes fácticos sin los cuales ha de creer que es imposible gobernar este país.

La humillación que hemos sufrido en nuestra política exterior debido a la ineptitud que lo llevó a la falta de previsión estratégica es el reflejo de lo que está pasando en los asuntos de la política interna. Así como se han perdido los principios de soberanía y dignidad en la política exterior, se han perdido los de justicia social para la política interna. Sin esos referentes nuestros gobernantes van dando tumbos discrecionales en la conducción del país. Por eso el presidente se ha visto tan pequeñito, pero su gusto es.

Sobre el autor
Julio Santoyo Guerrero Estudió Filosofía en la UMSNH Docente desde 1983 Analista en medios impresos y electrónicos desde 1988 Articulista fundador de Cambio de Michoacán desde 1992.
Comentarios
Columnas recientes

La relatividad del cambio

¡Pero si ya son gobierno¡

La reforma educativa es con Gordillo

¿Derogación educativa o moderada reforma?

Matando la lluvia a cañonazos

Electricidad, el olvido de los pioneros.

El nuevo consenso

También son dueños del cielo

La familia y el árbol

El impulso

Que prevalezca la paz

La alianza que no fue.

Encuestas: falibles o simple manipulación

Alemán y los límites de la libertad

El olvido electoral del medio ambiente

Manual para vencer la credulidad y la falsedad electoral

El obsequio michoacano para AMLO

La prioridad

Democracia dinástica

El agua, ¿asunto de seguridad nacional?

A quien corresponda: SOS, prevaricación ambiental

Elecciones limpias o ganar a toda costa

El arte del engaño y el caso Anaya

Los trabajos de los justificadores

Desdén suicida

Ni ven ni escuchan

¿La peor elección?

El rito de la fantasía del cambio

Época de oportunismo, demagogia y espejismos

Votos y nada más

La mayoría imposible

¿Ya en serio... cómo le van a hacer?

Nos quedan los atajos de la política mágica

La tierra es plana, el cambio climático es una mentira

Una Presidencia desierta

Entonces, ¿otra vez se perdió la guerra?

¡El agua se teñirá de rojo!

No se pierde lo que no se tiene

Estas nuevas independencias

Sí, ¿pero cuál es la fórmula?

El boom de los independientes

Nieves y Umécuaro, donde vale más un aguacate que la vida de una familia

Desbordados de fraternidad

Desde Madero, construyendo un Área Natural Protegida

La política que tenemos... y que somos.

Inseguridad, esa letal costumbre

El precio político del proteccionismo de Trump

Juegos de fuerza

Cada loco con su guerra

Acuerdo para recuperar los bosques

Gratitud a los maderenses

Líderes "ejemplares"

Escépticos, desconfiados e indignados

Contrarreforma ambiental

Los ecocidas son genocidas

¿Ganaron los aguacateros talamontes?

Justicia en obra negra

Hoy comienza

Creer en la democracia

El aguacate del narco

Desafío al Estado

Piromanía y codicia

Los padrinos del ecocidio

¡Que se jodan los bosques y las aguas de los michoacanos!

La espléndida guerra de Trump

El consenso antisistémico

La carcajada del aguacate ilegal

El poder de los ciudadanos

Sin concesión al ecocidio

Delincuencia ambiental... ¡organizada!

La sucesión presidencial y de cultura cívica

No cualquier unidad nacional

La defensa de México

El futuro está en el pasado

Dios salve de Trump a Estados Unidos y al mundo

Y sin embargo cambiamos

Furia sin cabeza

2017, el año del enojo social

Candidez de los buenos

La sucesión de la incertidumbre

La política del neoproteccionismo

La caja de Pandora que abre Trump

Beneficios de la debilidad institucional

Cuestión de confianza

¿Y después del repudio a la política y los políticos, qué?

Lobos del planeta

La ordinaria inseguridad

Gobierno de consenso para lo que falta

El arrogante Trump y el pequeño Peña

Dos largos años aún

Decreto para la popularidad

¿Diálogo o garrote?

¡Siguen ahí!

El discreto gasolinazo del débil presidente

¿Es que nuestros bosques morirán?

¿Como caballeros o como lo que somos?

Pintaron su raya

No es el conflicto en turno, es la ruta del país

No es la flama, es que todo está seco

La sacrosanta corrupción

Actualidad de la oposición

Atraco a los bosques

La trampa

Bagatelas en lugar del oro

Que arda la corrupción, no los bosques

Ceguera antilaboral

No había entrado a un lugar parecido

La sorpresa

El que da y quita

El arte de inducir olvido y confusión

Crónica de 3 desacatos o el reto a las instituciones ambientales

Sierra de Madero: deforestó, robó, se burló de juez federal y está libre

¿Otra vez perdiendo, otra vez el infierno?

No es la envidia, es la fragilidad

¿Qué esperaban?

Julio Santoyo Guerrero

Mireles, la venganza de un sistema omiso

¿Quién quemó Roma?, ¿acaso Kate del Castillo?

Por una jodida placa

Reconsideración

Pagar y castigar

El tino de Arnaldo

Silvano y Nuño

El traje del gobernador

Voluntarismo y gobernabilidad

Los vulnerables municipios

El bono de confianza

Silvano y el recurso de la política

Días de mea máxima culpa

El paso decisivo

Libres y cortesanos

Informe oficial de la realidad

Silvano y el minotauro de papel

No debe pasar

Sembradores de lumbre

Los hombres del presidente

Ojalá sólo fuera el organigrama del gobierno

\"Inteligencia, honestidad y huevos, si no va a valer madres\"

De resultados y de oficio político debe ser

El respiro del 7 de junio

La era del nuevo comienzo

¡Votamos por la democracia!

Y sin embargo, allí está la delincuencia

Mentiras estelares

03paty11

El retorno de los videos

Las encuestas como propaganda

De frivolidad y propaganda negra

Candidatos: sanar la duda

Conciencia de la responsabilidad cívica