Gilberto Vivanco González
Vivilladas
Juan Gabriel, reflejo de lo social
Viernes 2 de Septiembre de 2016
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Es indiscutible que a la muerte de Alberto Aguilera Valadez, conocido en el medio artístico como Juan Gabriel, más allá de su talento musical, su influencia y trascendencia en el sentir de millones de mexicanos y de su impacto en otras regiones del orbe quedan para la reflexión, así como las anécdotas, las circunstancias sociales que envolvieron su existir, su afán de lucha y superación y desde luego los rasgos más significativos del lado humano que permearon en su vida.
No extraña que al morir una figura de tal magnitud salgan a la luz pública realidades, mitos y falsedades; no obstante, muy a parte de los reflectores del espectáculo y de los acordes que hicieron y seguirán haciendo bailar a millones de personas, en esta ocasión nos interesa señalar situaciones que vivió y que sin duda son reflejo fiel de lo que viven y sufren otros mexicanos que no tuvieron la fortuna ni las virtudes para triunfar, cual cuento de hadas, tal y como lo hiciera el multilaureado michoacano.

Nuestro personaje nació en el seno de una familia humilde, donde la cantidad de hermanos era bastante considerable, condición que es común en innumerable cantidad de hogares, pareciera regla que a mayor pobreza, mayor cantidad de hijos y, por lo tanto, de limitaciones y posibilidades de atención, cuidados y hasta de cariño, aunque, por supuesto, no existen reglas al respecto. Parácuaro, lugar que vio nacer a Alberto, el menor de diez hermanos, se suma a la cantidad de comunidades donde la pobreza y la falta de oportunidades se vuelven la constante y al mismo tiempo la gran limitante para salir adelante, aunque sabemos que hay excepciones. ¿Cuántas comunidades hay en el abandono de las autoridades?, ¿cuántas comunidades han visto cómo la erosión acaba con sus parcelas otrora productivas?, o ¿cuántas de esas tierras han cambiado de uso, dejando de lado el cultivo de maíz, de sandía, de melón, entre otros, para convertirse en base de estupefacientes? Hoy México en general, a pesar de contar con grandes extensiones de parcelas, no produce la cantidad de alimento básico necesario, de ahí que tenga que importar granos al extranjero, de ahí que el campo esté sumido en el abandono y en la corrupción que ha entrampado a los programas agrarios por parte de gente sin escrúpulos que dice proteger a los campesinos.

Alberto Aguilera tuvo la fortuna de encontrarse en su camino con un hombre bueno y sabio que le dio la mano, que lo orientó, que le potenció sus capacidades para la música, que sobretodo le dio cariño
Alberto Aguilera tuvo la fortuna de encontrarse en su camino con un hombre bueno y sabio que le dio la mano, que lo orientó, que le potenció sus capacidades para la música, que sobretodo le dio cariño
(Foto: Cuartoscuro)


Juan Gabriel fue enviado a un orfanatorio no por falta de sensibilidad de su madre, sino por falta de recursos económicos; sabía que no podía cuidarlo o atenderlo en sus necesidades básicas, prefirió destrozarse el corazón pero darle seguridad a su vástago; no la debemos criticar, no debemos señalarla porque en nuestro país estos casos se repiten con más frecuencia de lo que pensamos, otras madres prefieren abandonarlos en la puerta de la iglesia, de una familia acomodada, y otras, peor que hienas, prefieren sacrificarlos.

No es raro en la actualidad saber que los pequeños en orfanatos, en escuelas o en internados sufren acoso, represión y hasta golpes de sus propios compañeros, más cuando el homosexualismo es patente, lo mismo vivió el pequeño Alberto, resulta inexplicable que en una institución donde deben imperar los valores pareciera que se degradan los seres humanos al grado de provocar complejos y temores que dejan marcados para toda la vida, por ello es justo reconocer a quienes vivieron una etapa tan complicada y que en lugar de procrear odio y rencor son capaces de regalar amor, comprensión y apoyo, tal y como Juan Gabriel lo hizo en sus múltiples canciones y en su vida personal, aunque sabemos que cuando alguien muere las cualidades salen a flote y debemos dudar de ellas, pero no obstante relativo al sentido humano del cantautor existen muchas y buenas coincidencias.

Alberto Aguilera tuvo la fortuna de encontrarse en su camino con un hombre bueno y sabio que le dio la mano, que lo orientó, que le potenció sus capacidades para la música, que sobretodo le dio cariño, él fue Juan Contreras, de ahí tomó su primer nombre artístico; el otro, Gabriel, fue en honor a su padre, que murió, según diversas fuentes, en el manicomio La Castañeda, de la Ciudad de México. Muchas personas comunes, que no han llegado al estrellato, también han tenido la fortuna de encontrarse con hombres o mujeres que de manera incondicional apoyan, socorren u orientan de manera significativa; ese tipo de personas se convierten en ángeles que dan luz y amor incondicional. En nuestra sociedad es muy cierto que existe maldad, pero también podemos sentir, vivir, la bondad de personas que comprenden sin egoísmo que el ser humano es más cuando entrega parte de su vida sin límite alguno. Hay profesiones que pueden acercarse a este tipo de características: el doctor, el maestro y el sacerdote pueden ser ejemplo vivo de ello, es por eso que cuando fracasan en su labor social los ojos del mundo se posan especialmente en ellos a manera de reproche y esto a nadie debe extrañar.

Alcanzar el éxito no fue fácil para el creador de una de las melodías más bellas del orbe como lo es “Amor eterno”, tema dedicado a su querida madre: pasó hambres, engaños, desilusiones, incluso vivió en las calles sufriendo las vicisitudes que ello implica; ¿cuántos niños, adolescentes y jóvenes en nuestro país han padecido las penurias de no contar con un techo para dormir?, ¿cuántos niños de la calle han estado expuestos al frío, a la lluvia, al abuso o a las drogas?, ¿cuántos profesionistas u obreros han tendido que alejarse de sus familias para buscar una oportunidad en otras ciudades o han tenido que emigrar a Estados Unidos en busca de la oportunidad que su propio país les ha negado? Emigrar en México, como en otros países, se ha convertido en un puente de salvación, pero también en un ejercicio de alto riesgo.

La historia de Juan Gabriel es un reflejo de lo que vivieron, viven y por desgracia vivirán miles de personas en nuestro país, sólo que su historia, al tratarse de un verdadero ídolo de la canción mexicana, sale a flote y mueve corazones, pero honestamente, lo que debe hacernos reflexionar y mover en nuestro interior no es la vida de altibajos del ídolo michoacano, lo que debe sensibilizarnos son las condiciones semejantes de abandono y limitación socioeconómica en que viven millones de mexicanos, porque sabemos por obvias razones que no todos lograrán tocar el cielo como lo hizo Juan Gabriel, no todos podrán aspirar a la fama y al dinero, que es mucho pedir; sólo debemos encontrar la forma para que al menos tanta gente desprotegida viva con dignidad y decoro, aunque esto es una utopía ya que a nuestros gobernantes sólo les importa poner atención a ello en el discurso, en las campañas, pero en la realidad simplemente acusan indiferencia.

Para finalizar, diremos sobre el esfuerzo y la perseverancia que Tomás Carlyle sentenció: “Puede ser un héroe tanto el que triunfa como el que sucumbe, pero jamás el que abandona el combate”, y Paulo Coelho escribió: “Una búsqueda comienza siempre con la suerte del principiante y termina con la prueba del conquistador”. Murió el divo Juan Gabriel, pero habremos de reconocer el ejemplo de lucha, de aplomo y de amor que nos obsequió Alberto Aguilera Valadez.

Sobre el autor
Nació en Zinapécuaro Michoacán (1961) Profesor de Educación primaria (E.N.V.F.); Licenciado en Ciencias Naturales (E.N.S.M.); Maestría en Investigación Educativa y Docencia Superior (IMCED). Excatedrático y exdirector de la Normal Rural de Tiripetío; Ex director y excatedrático de la Escuela Normal Urbana Federal, catedrático del IMCED. Diplomado en Administración de Escuelas Superiores (IPN)
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