Hugo Rangel Vargas
Las redes y Juanga
Viernes 2 de Septiembre de 2016
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Las redes sociales se “incendiaron” cuando el director general de la televisora de la máxima casa de estudios del país, Nicolás Alvarado, hizo patente en su columna publicada en un reconocido diario de circulación nacional su nulo gusto por las canciones y el estilo del recientemente extinto cantante Juan Gabriel.

Pronto los portales que se especializan en recoger peticiones de los cibernautas, así como Facebook y Twitter, comenzaron a canalizar el coraje de miles de usuarios que sentían ultrajado su dolor ante la muerte del ídolo popular y sobraron las exigencias hacia el rector de la UNAM para el cese del funcionario. A la demanda se sumaron además articulistas y comentócratas, así como periodistas de espectáculos.

La ácida crítica vertida por Nicolás Alvarado hacia las letras del compositor, contra sus “lentejuelas” y su “histeria”, fue hecha desde una posición que él mismo calificó como “clasista”
La ácida crítica vertida por Nicolás Alvarado hacia las letras del compositor, contra sus “lentejuelas” y su “histeria”, fue hecha desde una posición que él mismo calificó como “clasista”
(Foto: Cuartoscuro)


La ácida crítica vertida por Nicolás Alvarado hacia las letras del compositor, contra sus “lentejuelas” y su “histeria”, fue hecha desde una posición que él mismo calificó como “clasista”; sin embargo, no dejó de reconocer la estatura de “ídolo” de Juan Gabriel, ni tampoco su carácter “icónico”. Pese a los matices de su atrevimiento al decir que “no le gusta Juanga”, el ex funcionario universitario enfrentó el linchamiento público en la web.

Las redes sociales son potentes instrumentos de comunicación que, sin embargo, han desatado toda una vorágine de manifestaciones y opiniones de sus usuarios, mismas que se mueven irreflexivamente en torno a tendencias y a modas, abriendo canales de interlocución donde éstos podrían estar tradicionalmente cerrados; pero también generando peligrosos espacios para la intolerancia y la cancelación del disenso.

Twitter y la tendencia #‎DistractinglySexy, por ejemplo, fueron los instrumentos mediáticos para hacer renunciar al Premio Nobel de Medicina, Tim Hunt, en junio de 2015 a su encargo de profesor honorario en el University College de Londres. El escándalo derivó, sí, de una lamentable declaración del científico, quien aseveró que los laboratorios con hombres y mujeres eran una “distracción”, pero la desmedida reacción social maximizada por las redes cerraron el paso a una brillante carrera médica por una nimiedad.

Sin pretender equiparar aquel caso ocurrido en Inglaterra hace un año con lo que se ha desatado a raíz del artículo escrito por Nicolás Alvarado apenas unos días atrás, ambos casos dejan en claro el doble filo que toma la comunicación a través de estos instrumentos de la web. Y es que la fortaleza de los trending topics es que se convierten en consignas ocurrentes y cerradas a la interlocución y el intercambio de opiniones.

Así lo retrató Zygmunt Bauman al escribir que “nunca en la historia humana hubo tanta comunicación como hoy, pero esta comunicación no desemboca en el diálogo, que es el desafío cultural más importante de nuestro tiempo. Nadie realmente habla”.

Más allá de gustos y disgustos, de fobias y de filias, conviene celebrar el desacuerdo, llevar al cenit el festejo por la diversidad de opiniones, cancelar cualquier tentación autoritaria y hacer del diálogo con quienes piensan distinto el pretexto perfecto para inundar con él el espacio virtual de las redes.

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