Arturo Alejandro Bribiesca Gil
El deporte olímpico mexicano
Sábado 3 de Septiembre de 2016
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En memoria del originario de Nahuatzen, José Pedraza Zúñiga, mejor conocido como El Sargento Pedraza, medalla de plata en México 68.

Si bien es cierto que los resultados de la delegación mexicana en los Juegos Olímpicos de Río 2016 no son catastróficos, sí son mediocres, a pesar de que las autoridades digan que se mantuvo el promedio de México en el siglo XXI, que son de cinco (Sídney, seis; Atenas, cuatro; Pequín, tres, y Londres, siete), y esto es mediocridad porque cinco medallas para la economía número catorce del mundo, para el onceavo país en población mundial y para un presupuesto de dos mil 800 millones de pesos destinados al órgano rector de la materia, es nada o casi nada.

La mayoría de los problemas de nuestra sociedad son multifactoriales, por ende, querer encontrar responsabilidad en un solo actor o área de responsabilidad resulta fútil, y en nada contribuye a la solución de fondo de nuestra mediocridad deportiva.

Antes de ahondar en los diversos factores problemáticos del olimpismo mexicano, y del deporte en general, quiero aseverar algo: Alfredo Castillo debe dejar la Conade, y no porque él sea el principal responsable del reciente fracaso deportivo ni porque su salida vaya a cambiar el rumbo de nuestra historia deportiva, sino porque su soberbia, frivolidad y belicosidad en nada contribuyen a instaurar un nuevo paradigma de cultura deportiva en México. Es una lástima su ratificación.
Dicho lo anterior, dividamos la responsabilidad en tres sectores: la autoridad, las federaciones y los deportistas; siendo, a mi juicio, el de los deportistas el sector más importante, el cual, si cambiara su mentalidad, por sí solo acrecentaría nuestro palmarés deportivo, aun y cuando los otros dos sectores siguieran con las mismas inercias de corrupción y opacidad que hoy en día se les atribuyen.

Cuatro medallas fueron ganadas por atletas de origen castrense, siendo conocido por todos que los militares por formación tienen una profunda cultura de disciplina y sacrificio
Cuatro medallas fueron ganadas por atletas de origen castrense, siendo conocido por todos que los militares por formación tienen una profunda cultura de disciplina y sacrificio
(Foto: Cuartoscuro)


La falta de una correcta y productiva cultura deportiva en nuestra sociedad detiene los potenciales de nuestros deportistas; la queja de falta de apoyos y oportunidades es una salida fácil ante la derrota. Tener a quién culpar nos permite no esforzarnos al máximo y empodera el conformismo característico de nuestros deportistas de alto rendimiento: “Hice mi mayor esfuerzo y me voy conforme, aunque los resultados no nos favorecen”, “los jueces estaban en nuestra contra”, “me voy satisfecho porque di lo mejor de mí”, “no tuvimos los apoyos necesarios y no me entrené como era necesario”. Frases como estas, y muchas más, son típicas de nuestros atletas ante el fracaso; para bien o para mal, se van siempre contentos y la derrota no los afecta. Y en las pocas victorias, su cultura los hace atribuirlas a designios espirituales y al cariño de familiares y amigos, entre otras cosas subjetivas.

El día que los atletas entiendan con claridad que así como sus logros y beneficios son principalmente de ellos y para ellos, la responsabilidad principal también lo será; no más pensar en papá gobierno como su soporte y santo patrono deportivo.

Ahora bien, la responsabilidad del deportista de dar lo mejor de sí y por sí no exime a las autoridades y a las federaciones deportivas de actuar con trasparencia y honestidad en los caudales monetarios que manejan para hacer de México una potencia deportiva, acorde con su tamaño poblacional y económico, en lo cual han fallado estrepitosamente. El fracaso es de autoridades actuales y anteriores, mientras que en el caso de las federaciones, muchos actores son los mismos por décadas, quienes las manejan como el sindicalismo más rancio del México bronco.

Hemos hablado del tema cultural del deportista mexicano como toral para mejores resultados, sin embargo, la obligación del cambio cultural recae en la autoridad, es necesario emplear políticas públicas que cambien el chip de nuestros atletas y de la sociedad en general, que cimenten una verdadera cultura deportiva en todos los sectores de la sociedad y a todas las edades.

Además, para lograr el cambio necesitamos que las federaciones deportivas dejen de conducirse con opacidad en el uso y distribución de recursos públicos, que sean auditables y que no sirvan de negocio particular para unas cuantas familias.

Retomando el tema de las cinco medallas en Río, es de destacar que cuatro fueron ganadas por atletas de origen castrense, siendo conocido por todos que los militares por formación tienen una profunda cultura de disciplina y sacrificio; lo anterior nos permite reforzar la idea del fracaso del deporte civil de alto rendimiento de nuestro país.

En resumen, el gobierno debe dar eficiencia a los recursos que destina a la Conade, cambiar el paradigma de sus políticas públicas del rubro, auditar y controlar el buen uso que hacen las federaciones deportivas del dinero público que reciben y, a los deportistas, les debe importar un cacahuate lo que haga o deje de hacer el gobierno y enfocar sus capacidades hacia la senda del triunfo ante cualquier adversidad.

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