Estrellita M. Fuentes Nava
Pensar globalmente y actuar localmente en el agua
Miércoles 22 de Enero de 2014
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Aún y cuando el agua cubre el 71 por ciento del planeta, sólo el 2.5 por ciento del volumen total es agua dulce, y de este porcentaje, la mayor parte se encuentra en los glaciares, en la atmósfera, o en las profundidades de los acuíferos, por lo que sólo el 0.32 por ciento puede aprovecharse (112 mil kilómetros cúbicos). De este último volumen, el 90 por ciento corresponde a agua subterránea. En realidad sólo disponemos de once mil 200 kilómetros cúbicos en lagos, ríos o pantanos.
Su consumo varía por localidad, por país y por regiones del mundo, pero la tendencia en general está al alza. Así por ejemplo, en Europa se consumen en promedio 300 litros por habitante al día, dos veces menos que en Estados Unidos y Japón, pero 20 veces más que en África Subsahariana.
Dado que en los últimos 100 años la población mundial se triplicó, la demanda en el consumo humano se multiplicó también, pero por seis. Esto se explica especialmente por las industrias agroalimentarias y energéticas, que consumen importantes volúmenes de agua.
Este bien no se encuentra disponible para todos los seres humanos. De acuerdo a estimaciones de la ONU, unos dos mil 400 millones de personas (un tercio de la población mundial) continuarán sin tener acceso al agua potable, y al saneamiento adecuado en el año 2015. Además, de acuerdo a la UNICEF, se estima que a nivel mundial unos dos mil niños menores de cinco años mueren cada día por enfermedades diarreicas. De estas muertes, mil 800 están relacionadas con el agua, el saneamiento y la higiene.
En México, el 63 por ciento del agua utilizada proviene de fuentes superficiales y el restante 37 por ciento proviene de acuíferos. Sin embargo, dado el crecimiento urbano y poblacional, la sobreextracción del agua subterránea representa casi el 40 por ciento del uso total de ésta. Aunado a ello, la Conagua estima que el 52 por ciento del total de los recursos hídricos superficiales está muy contaminado, mientras que el 39 por ciento está contaminado de forma moderada, y sólo el nueve por ciento es de calidad aceptable.
En general, el sector de agua y saneamiento mexicano enfrenta severos problemas como la baja eficiencia técnica y comercial en la prestación de los servicios; la calidad inadecuada de los servicios de abastecimiento de agua, y de saneamiento (especialmente en lo que respecta al tratamiento de aguas residuales), y la cobertura insuficiente en las zonas rurales más pobres.
El agua es un recurso necesario para nuestra supervivencia y desarrollo; es un recurso finito en un mundo cada vez más poblado; es un bien que todos compartimos, y debemos cuidar.
Al observar estas cifras globales del agua en el planeta, podemos percatarnos del valor que representa la que utilizamos, o desperdiciamos cada día. Sin embargo no hay que esperar a las grandes decisiones de política, para que se reviertan las tendencias de escasez, o de mala calidad. Todos los actores locales del agua son igual de importantes que el ámbito federal, por su nivel de influencia: las decisiones y medidas que se toman en lo local tienen efectos en la comunidad, en la región y, al final de cuentas, sumándolas todas, en el país.
Así es que aquella pequeña acción que emprendamos desde el hogar para cuidarla, cuenta. Un alcalde que decida invertir en agua y en el saneamiento (aunque no sea una obra visible, por ser subterránea), hace la diferencia en un niño o en una comunidad. Cada empresario que implanta nuevos sistemas para un uso eficiente del agua en sus procesos de producción, también contribuye en un efecto global. Una solución innovadora que provenga de un centro académico en nuestra ciudad, podría escalarse a nivel nacional.
Por lo tanto, las actuaciones locales, deben pensarse desde lo global. Al final de cuentas, el agua no reconoce fronteras.

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