Estrellita M. Fuentes Nava
Desastres naturales y pobreza
Miércoles 18 de Diciembre de 2013
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En los últimos años hemos observado cómo se ha agudizado la presencia de desastres naturales en nuestro país y en el mundo, afectando no solamente con la pérdida lamentable de vidas humanas, sino también con los costos económicos que implican las pérdidas y la reconstrucción de las localidades afectadas.
De acuerdo con los expertos, en los últimos años el 90 por ciento de los desastres naturales tienen que ver con el clima. Ello se refleja por ejemplo en los registros de la Cruz Roja Internacional, quien señala que en la década de 1993 a 2002, las sequías y las hambrunas representaron el 82 por ciento de todos los afectados en África, el 48 por ciento en Oceanía y 35 por ciento en el Continente Americano, mientras que las inundaciones representaron el 69 por ciento de los afectados en Asia.
Desde la década de los 70, el número de desastres naturales relacionados con el agua se ha triplicado (de mil a más de tres mil incidentes por año), mientras que los costos económicos se han quintuplicado (de 131 a más de 600 mil millones de dólares por año).
La pobreza es un factor de vulnerabilidad importante frente a los desastres, porque la población que vive en estas condiciones carece de ingresos económicos, ahorros, empleo, seguros de protección, por lo que absorber los costos de la recuperación es una tarea casi nula para ellos. Y no podemos soslayar el hecho de que en el caso de las mujeres, su vulnerabilidad está asociada no solamente a sus condiciones precarias, sino también a la limitante educativa y cultural.
De acuerdo con evaluaciones del Banco Mundial, México ocupa el lugar 9 en frecuencia de catástrofes naturales, de entre 133 naciones. En el periodo de 2003 y 2012, en el país se registraron 55 eventos entre los cuales figuran: inundaciones, terremotos, tormentas, huracanes, sequías, etcétera.
En lo que refiere a las pérdidas económicas asociadas a las afectaciones por las lluvias, sequías y huracanes en México en el periodo de 2000 a 2012 se cuantificaron 284 mil 351 millones de pesos, equivalentes a más del presupuesto anual conjunto de las secretarías de Salud, Desarrollo Social y Seguridad Pública.
En este 2013, los desastres ocasionados por los ciclones “Ingrid” y “Manuel” costaron al país el 1.8 por ciento de su PIB, y ello fue abiertamente reconocido por la Secretaría de Hacienda en el pasado mes de septiembre.
Los costos de la prevención son mucho menores que los de la respuesta tardía en condiciones catastróficas. Un gran componente de ellos lo conforman la adopción de medidas no regrets, es decir, que son beneficiosas aun cuando las consecuencias previstas en torno a los desastres no se materialicen o lo hagan de un modo diferente. Entre ellas se incluyen: el ordenamiento territorial, la conservación de humedales, la generación de información climatológica, pero sobre todo, los programas e inversiones que se destinan a mitigar las condiciones de pobreza en la población vulnerable.
Aún y cuando los escenarios de la variación climática son inciertos, lo que sí sabemos es que los desastres naturales continuarán, así como sus afectaciones económicas, lo cual pone en peligro cualquier medida o programa orientado a aliviar la pobreza. Frente a ello necesitamos generar más y mejor capacidad de respuesta, especialmente en el ámbito local.
La población en condiciones de pobreza en México se viste de mayor vulnerabilidad frente a los desastres naturales que el resto de la población. Esto no tendría por qué ser así.

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