Eduardo Nava Hernández
La División del Norte en 2013
Viernes 27 de Septiembre de 2013

…Y con un recuerdo para Mario El Ranis Pérez, chihuahuense, villista, comprometido hasta el fin.

A- A A+

¿Qué fue la División del Norte? Sintéticamente, el mayor ejército popular de la Revolución y de la historia de México y de nuestra América. O, como lo expresara Adolfo Gilly, una de las mayores hazañas del pueblo de México. Una tropa que, partiendo de pequeños núcleos guerrilleros en armas desde marzo de 1913 -si bien varios de ellos con la experiencia de la revolución maderista de 1910-, en sólo quince meses demolió el aparato político y militar del viejo régimen oligárquico construido a lo largo de 30 años por Díaz y sus continuadores, y colocó a las masas campesinas y populares del norte y del país en situación de un poder autónomo y a las clases dominantes en condición de impotencia. Algo que en América sólo replicaría 44 años después (con otros ritmos) el Ejército Rebelde cubano.
A 100 años del inicio de esa proeza, la División se proyecta no sólo como una experiencia histórica impactante y singular, sino como un paradigma de construcción de fuerzas populares frente a una crisis nacional.
Ante a la traición de Victoriano Huerta y el asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez por el Ejército en febrero de 1913, diversas fuerzas sociales y políticas asumieron, cada una por su parte, posiciones contundentes. Los zapatistas que, aunque habían roto con el maderismo sabían bien lo que el golpe huertista significaba para ellos, se dispusieron a sostener una lucha de resistencia prolongada en defensa de sus pueblos y por hacer realidad el Plan de Ayala. En Coahuila, el gobernador Venustiano Carranza llamó a formar nuevas Fuerzas Armadas para enfrentar a las tropas federales en todo el país y, a través del Plan de Guadalupe, a resistir el golpe. En Sonora, el recién designado gobernador Ignacio L. Pesqueira también organizó la oposición armada al huertismo apoyándose en personajes como Obregón, Alvarado, Hill y Cabral.
Y en Chihuahua, donde el gobernador maderista Abraham González también fue asesinado por órdenes de Huerta, y ante la falta de un liderazgo inequívoco, la mayoría de los comandantes militares veteranos de 1910-1911 -con la excepción de Pascual Orozco y sus seguidores, que se plegaron al huertismo- organizaron en distintas regiones nuevos focos armados. En los meses siguientes, esos jefes revolucionarios obtuvieron victorias locales o sufrieron derrotas parciales a manos de los federales, pero no abdicaron de su voluntad de lucha contra el régimen espurio de Huerta.
A fines de julio de 1913, Carranza tomó el mando de las fuerzas de La Laguna e intentó tomar Torreón. Los combates se sucedieron durante una semana, sin éxito para los constitucionalistas, que finalmente abandonaron la empresa en medio de conflictos internos y de los jefes laguneros con Carranza. Ante ese fracaso, el 21 de septiembre, en una carta al general lagunero Calixto Contreras, Francisco Villa que, tras vencer a los federales en San Andrés, Chihuahua, había llegado a Durango proveniente de Camargo y Jiménez -donde se le habían unido Maclovio Herrera y Tomás Urbina- se ofrecía con tres mil 800 hombres a cooperar en la toma de Torreón y citaba a una reunión de jefes de Chihuahua, Durango y La Laguna en la hacienda de La Loma, para discutir el plan de ataque.
El 29 de septiembre de 1913 se reunieron en La Loma, además de Villa, Contreras, Herrera y Urbina, Toribio Ortega, Eugenio Aguirre Benavides, Raúl Madero -hermano del Apóstol-, José Isabel Robles, Benjamín Yuriar, Orestes Pereyra, Máximo García, Juan Pablo Estrada, Sixto Ugalde, Rodolfo Fierro, Valente de Ita, José E. Rodríguez, Petronilo Hernández, Feliciano Domínguez y otros. Ya en la reunión, más que establecer un plan para ocupar la plaza, llegaron a la conclusión de que era necesario unificar sus fuerzas en una sola y darse también un mando único. De ello nació la División del Norte, y de la elección de todos los jefes revolucionarios que participaban, la jefatura de Francisco Villa.
La División del Norte, un ejército popular, lo fue también democrático. Escribe Pedro Salmerón que “los caudillos que eligieron a Pancho Villa como jefe tuvieron siempre la conciencia de que éste les debía su mando y era responsable sólo ante ellos, tanto como ellos eran responsables ante sus hombres”. Mientras en el ejército federal, con tropas de leva y oficiales que no entraban en combate, la desmoralización y deserciones cundían constantemente, la moral de la DN no decaía, pues veían a sus generales y coroneles ir al frente de batalla. Por eso luchaban con ferocidad sin par y hasta la victoria, aun en las más difíciles condiciones, como en Tierra Blanca o en la segunda batalla de Torreón, de marzo-abril de 1914.
El ánimo de lucha que animaba a esos hombres en la batalla no era, como alguna vez lo expresó Álvaro Obregón, el de vengar la muerte de Madero. Más bien, la convicción de que el huertismo truncaba la posibilidad de una transición, acaso incierta pero verosímil, y representaba sin más la restauración de los poderes oligárquicos porfiristas que durante décadas oprimieron a las masas campesinas y proletarias. Permitir el triunfo de Huerta era, para la mayoría de ellos, regresar a la condición de vasallaje a que el porfirismo los había condenado. Era, a diferencia del carrancismo, una expresión de la lucha de clases.
Los villistas derrotaron a los federales y sus aliados orozquistas en Gómez Palacio, Torreón (1 de octubre de 1913, aunque después sería recuperado por las fuerzas huertistas), Ciudad Juárez, Tierra Blanca, Ojinaga, nuevamente Torreón, San Pedro de las Colonias, Paredón-Saltillo y, finalmente, Zacatecas. Villa demostró ser un organizador eficiente en toda la línea para levantar en breve tiempo un verdadero ejército, dotado de artillería, trenes-hospitales y trenes-comedores y para abastecer logísticamente a sus tropas. Desde la toma de Chihuahua, cuando pasó a ejercer también como gobernador, mostraría su voluntad de servicio a las masas populares, su decisión de actuar contra los intereses de los porfiristas y su capacidad administrativa. La eficacia militar de esta legión plebeya frente al ejército profesional huertista mostró, además, que los divisionarios del norte no se habían equivocado al renunciar a sus liderazgos personales o aceptar subordinarlos al elegir por sí mismos a su comandante en jefe. Devolvieron asimismo a las masas del Norte la confianza en su acción directa y con ello escribieron algunas de las páginas más brillantes de la Revolución y de la historia toda del pueblo mexicano.
Cien años después de la gesta, con el país al borde de la polarización y el malestar social a flor de piel, bien podríamos atisbar en esa y otras experiencias históricas algunas claves para la organización desde abajo de fuerzas populares que se requieren para salir al paso del proyecto neo oligárquico del siglo XXI.

Sobre el autor
PENDIENTE
Comentarios
Columnas recientes

La prueba salarial del gobierno lopezobradorista

Doce tesis acerca del 1968 mexicano

El núcleo de la corrupción en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: marchas, opacidad y fraude a la nación

La primera insurrección socialista en la historia de México

Donald Trump ante López Obrador

Elecciones: el bloque de poder en disputa

La recta final, elecciones al borde del riesgo

Presea de ignominia y afrenta a la universidad

La Universidad, el Congreso y la memoria

Lo que el debate no se llevó

La sombra del fascismo en la Universidad Michoacana

Universitarios, ciudadanos y el fraude que viene

El TLCAN, Trump y el dilema salarial

Cómo malograr impunemente una institución benemérita y centenaria

El pragmatismo en la política mexicana

Transición a la dictadura

La Universidad Michoacana en la encrucijada

La candidata del Congreso Nacional Indígena y el EZLN

El futuro del Frente Ciudadano por México

La Propuesta Aguirre para la Universidad Michoacana

El INE hacia 2018

Efrén Capiz y Eva Castañeda

Gobernar con el cinismo

Maquiavelo en el Estado de México

Rebelión de los trabajadores de Walmart

La Universidad Michoacana bajo fuego

Natalio Vázquez Pallares, México y la segunda posguerra

Fuerzas Armadas: coerción y politización

Seguridad interior y militarización, un horizonte no deseable

Donald Trump, México y la tormenta perfecta

La crisis financiera de la Universidad Michoacana

Huelga de hambre en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: el regreso de la represión y las expulsiones políticas

La toma en la Universidad Michoacana

La beligerancia de la clase empresarial mexicana

La crisis múltiple del régimen político

De víctimas y déficit de atención

Crisis multifacética y vías de acción popular

Guerra contra el magisterio

Cherán: entre la utopía y la institucionalización

Por qué defender las jubilaciones en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: quebrantar la huelga

Segundo acto: La represión

Ayotzinapa: ¿qué sigue?

El tercer mundo no es un mundo de tercera

Cinismo destilado

Guerra antipopular prolongada

La segunda fuga de El Chapo: ¿Estado paralelo o narcoestado?

El régimen canallesco y las sublevaciones que vienen

El terror y el gobierno que no nos merecemos

Tiempo de crispación

Iguala, la sociedad política y el freno de la historia

Tlatelolco, Tlatlaya, Iguala…

La consulta del PRI sobre plurinominales, una nueva amenaza a la democracia

La crisis de representación y la autodefensa social

Recuento de daños

Cherán y el futuro de las autodefensas

El despropósito del desarme

“No dialogar bajo presión”

Autodefensas: el principio del fin

Universidad Michoacana: un conflicto nada gratuito

Pluralidad de poderes y legitimidad en Michoacán

Cierre de ciclos inconclusos

La entrega petrolera

2013: Rosa Luxemburgo revisitada

La División del Norte en 2013

Los Sentimientos de la Nación

El monólogo del poder y la resistencia social

Reformismo febril e ingobernabilidad

El cerco a San Lázaro: dique al autoritarismo legislativo

Entrega del petróleo y conciencia nacional

Arlen Siu como motivo: un recuerdo y una reflexión

Reforma petrolera: ¿Unión o desunión social?

Francisco Field Jurado, defensor del petróleo mexicano

El petróleo, la batalla que viene

El Pacto por México, cadáver insepulto

La consagración de la primavera: barbarie y revolución

Evaluación educativa e insurgencia magisterial

El intento de reconstrucción del presidencialismo omnipotente

El Gordillazo: sismo sin réplicas

Universidad Michoacana: la huelga de la opacidad

El zapatismo en los tiempos de la restauración priísta

El 1 de diciembre y las izquierdas

El rumbo incierto de las izquierdas

Ante la insurgencia social, ¿contrainsurgencia oficial?

De casas del estudiante, albazos y miseria presupuestal

Universidad Michoacana: la violencia y el Consejo de la infamia

Universidad Michoacana: reconstruir la comunidad

La ley, la gracia, la verdad

La transición mexicana: entre Montesquieu y Monex

México: la democracia granuja y el síndrome de Watergate

“Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”

Institucionalidad o ilegalidad

PRI, regreso sin gloria

El voto nulo y la abstención fortalecen la partidocracia

La elección se cierra

#yosoy132: el retorno de los jóvenes

La primavera estudiantil contra la reversión democrática

Casas del estudiante y crisis universitaria

El asalto a la Universidad Michoacana

Un atentado mortal contra el cooperativismo

Saldos y desafíos de la visita papal: México y Cuba

Lo que la partidocracia es

Tiempo de intercampaña y judicialización política

Noventa y cinco años de la Constitución y los trabajadores

Oaxaca: matar para defender al capital

El informe de la CNDH sobre Chilpancingo

2012: 50 causas para la indignación

Chilpancingo, la violencia de Estado

Las izquierdas después de Michoacán

Gobierno de coalición y proyectos de nación

El método del “mejor posicionado”

Degradación de la justicia en la Universidad Michoacana

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

PRD Michoacán: fin de ciclo

Un recuerdo para Adolfo Sánchez Vázquez

El bloque de poder, la debacle y la izquierda electoral

Del pacto de Juárez al diálogo público

Cinco años de impunidad, no de olvido

Llegando al límite

PAN y PRI: precarizar el trabajo

Las alianzas estratégicas

Anexión de baja intensidad

La tragedia del PRD y la izquierda mexicana

A diez años de la fuga del Chapo

El eterno problema del transporte

UM: pasmo, farsa y retroceso

La Universidad Michoacana en su laberinto

Elogio de Lula

1810: la insurrección popular

El mensaje presidencial y el de la muerte

Ya no, Cayetano

Desincorporación o interés público

La huelga de hambre

El rector José Narro ante la UM

El Gran Hermano del neoliberalismo

La acometida contra el trabajo

La lucha sigue

Acuerdos bajo la mesa y crisis política

Dos y dos no siempre suman cuatro

Para 2010: Reforma, libertad, justicia y ley

El CUPIA, la toga y la soga

El SME y el movimiento social

Sólo el Estado (de excepción)

El protofascismo en acción