Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
La vida plena sigue
Miércoles 19 de Junio de 2013
A- A A+

En esta era de la información resulta interminable, abrumadora, la lista de percances, tragedias y desastres que flagelan día a día a la humanidad. Es natural que en las actuales condiciones de atraso y subdesarrollo técnico, pero de nula atención al desarrollo humano, lo más relevante sea identificar nuestras carencias e informarnos sobre atrocidades que se cometen en cualquier parte del mundo. No obstante -a pesar de que hoy podemos saber en el momento mismo de los acontecimientos (a través de los múltiples ejemplos de bestialidad y disparate cometidos en todos los niveles) cuánto nos falta para llegar a ser humanos sanos, plenos, fecundos- hay una realidad poco enunciada pero irreductible; poco explorada informativamente aunque experimentada cotidianamente: La vida plena sigue.
La experiencia humana pues no se detiene aunque la tragedia de la inseguridad la atemorice. Aunque la inminencia del desastre ecológico acose las actividades humanas simples (como lavar la ropa, alimentarse) y la inventiva humana desarrollada por la ciencia sea asediada por intereses económicos diversos que desvirtúen su meta, la condición humana abre camino. Los errores humanos que propician efectos aniquiladores, tanto como la insidia y mala fe de líderes y gobernantes (evidenciados cada vez más, de múltiples maneras) son poca cosa cuando se comparan con la grandeza de la música y la creatividad de todos los poetas. El arte nos demuestra que nunca es suficiente con saber -por multitud de ejemplos vergonzantes- que la violencia es el sustrato más profundo de la experiencia humana, para que la esperanza se desgaste.
Lógicamente podríamos presentir que el cúmulo de abusos, ignorancia y miseria que taladran, pulverizan, el espíritu humano, orientará el ánimo colectivo hacia la triste cúspide de la claudicación. La negatividad y la desigualdad que ocupan el presente hacen emerger los casos conocidos de arbitrariedad, influyentismo y abusos de poder que obstaculizan el posible arribo de un mundo mejor. Los informes de espionaje internacional, el constante e interminable flujo migratorio que huye de la miseria, y las mentalidades reticentes a reconocer que el bienestar y la seguridad alimentaria y social son condición imprescindible para el desarrollo mundial -en el que las grandes potencias deberían estar comprometidas- son desalentadores. Pero mágica, paradójicamente, la pésima visión de moralidades inciertas que organizan la vida sin evitar el drama y la tragedia no logra erradicar la sonrisa del rostro de los oprimidos.
¿De dónde surge el portento de la felicidad humana, justo en el seno de la desgracia y la infelicidad producidas por la deficiente organización de la vida que caracteriza la historia de la humanidad? ¿Por qué, pese a la adversidad que caracteriza la vida, los seres humanos han sabido construir espacios de dicha y alcanzar la felicidad? El infortunio y la fatalidad son poderosos, y la banalidad del espectáculo con el que se distraen las masas es el último eslabón de la cadena de avasallamiento que se impone a la sociedad. La actitud crítica representa en este medio incierto un recurso invaluable de respuesta social. La alegría de la crítica se enfrenta a la insensibilidad. Y para alimentarla el corazón humano requiere de algo más que la mera resistencia o tolerancia al dolor: La juventud, la infancia concentrada en la actividad artística; la creatividad lúdica del juego de representación de la realidad que mueve al arte; la imaginación desbocada del artista que irracionalmente persigue ideales de libertad.
No es necesario ser artistas consagrados para compartir esta visión. El hombre y la mujer comunes participan de la crítica alegre al orden tiránico que nos envuelve cuando, a pesar de todo, son capaces de sonreír; cuando mantienen la esperanza y la expresan cotidianamente proyectando ideales de vida que no desvinculan lo personal de la colectividad. El modelo inédito de aliento que necesita el mundo nos lo ofrece la infancia y la juventud. Los niños y las niñas que a pesar de la desnutrición congénita y la mala educación que la sociedad adulta les transmite se entusiasman, cuestionan, se rebelan, sin dejar de reír, son el motor de todo lo que existe. Son ellas y ellos quienes proveen al mundo de confianza; la inspiración de todas las sonrisas, la fuente actualizada de gentileza y amabilidad.
El manantial de fuerza que produce el abrazo de un niño o niña despliega el horizonte hacia un ideal de plenitud. La potencia infinita de futuro se abre misteriosamente, ante la mirada limpia de su necesidad. Su ser mismo interpela a los resabios de nuestra humanidad. La inocente carencia de su ternura plena, la fragilidad de su ser, representan la urgencia de una conciencia humana más inmensa que cualquier obstinado revés. La juventud que rehabilita el mundo y nos recuerda que -a pesar del cúmulo de males que nos aquejan en la actualidad- la vida plena continúa, es la portentosa inocencia adolescente convertida en capacidad de enfrentar y vencer la desesperanza con su luz…

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

La Universidad Michoacana y la cuarta transformación

Aborto y humanidad

La cuarta república y la educación superior.

Política contra lodo en Michoacán

Madre Matria

La lógica del arribismo

Las mujeres en el primer debate

Sexualidad y destino…

La vida plena sigue

Género, amor y educación

Paternidad y masculinidad

Solidaridad social y creatividad

Violencia de género y prostitución

Límites de la comunicación

¿De quién son las instituciones?

Diferencia sexual y progreso civilizatorio.

Un aporte académico ante la violencia

Violencia y masculinidad

El peor de los pecados

México está de luto...

La lucha por la verdad: Yo soy 132

Valores

Mortalidad materna

Las muertes chiquitas

El encanto de un burka

Sororidad (II)

Sororidad (I)

La esclavitud del siglo XXI

Silencio cómplice

Sensatez legislativa

Certificación de la obscenidad

Sexo y democracia

Acción, discurso y pensamiento

Políticas de género y gestión transversal

Más panist… perdón, “más papistas que el Papa”

El gusto por el no

Tragedia y voluntad

Derechos humanos y Estado democrático

El valor de la eficiencia… poética

El verdadero peligro para México

El sentido presente de la historia

La tragedia de ser michoacano en el siglo XXI

Mujerismo = Retroceso

Cultura del miedo y (des)confianza en las instituciones

Anular el voto o no anularlo... he ahí el dilema

En Michoacán, ni un voto al PAN

Nueve años de barbarie

Embrollo y experiencia

El mundo al revés

El mundo al revés

El virus de la ineficiencia

Contra la demanda de prostitución (II)

Contra la demanda y la legalización de la prostitución (I)

«Durmiendo con el enemigo»

Fábula de la esperanza en rebeldía

Mujeres sabias: entre la teoría y la práctica

Las mujeres y el arte

El trámite más inútil

El negocio insano de la religión

Mientras tengamos zapatos…

La (i)rracionalidad económica y el espíritu de Navidad

Amor y autonomía

Simone Weil y la pasión por la filosofía

Autorreflexión y formación filosófico-feminista

Violencia de género e institucional

La capital mundial de la belleza

El cuento interminable del eurocentrismo

Violación y política

La cultura de hacer cultura

¡Oh la la, París!

La dialéctica del amor

2 de octubre, no se olvida

¡Mi cuerpo es mío!

¿Qué fue lo que pasó?

La dominación del cuerpo de las mujeres

Un corazón que late…

Vulnerados y vulneradores

Contra la homofobia en Michoacán

Feminización del trabajo y explotación

Miss Universo… y algo más

Avatares de una feminista en el siglo XXI