Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Solidaridad social y creatividad
Jueves 30 de Mayo de 2013

A la luz orientadora de las nuevas generaciones, que les tocó vivir “tiempos de oscuridad”.

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Los grupos de mujeres que trabajan para logar la igualdad, son cada vez más numerosos. Los hay de mujeres jóvenes (y otras no tanto) que capacitan a mujeres, leen, se informan, organizan marchas, encuentros, analizan su realidad, hacen performances y dialogan con quienes, desde fines del siglo pasado, se dedican a trabajar por el objetivo de construir una sociedad más democrática e igualitaria. Los campos de actuación social se diversifican con la creatividad de las generaciones de mujeres cada vez más conscientes de sus derechos, comprometidas con el ejercicio de sus libertades. Es el caso de grupos que brindan asesoría legal y psicológica a mujeres en situación de violencia y muchos otros que trabajan en torno a valores ecológicos, artísticos y de justicia social.
En el ámbito social cotidiano, es notable la presencia de una conciencia crítica que exige y, simultáneamente, propone alternativas. Por si fuera poco, proliferan los grupos de varones que acompañan y apoyan la tarea de las mujeres. Los únicos que permanecen al margen de estos cambios son precisamente los agentes gubernamentales. Quienes por ley son responsables del bienestar social y tienen a su servicio los recursos económicos para lograrlo a través de la aplicación estricta de programas de beneficio comunitario, no se percatan de los cambios de mentalidad de la ciudadanía. Las transformaciones promovidas a nivel internacional y localmente en torno de una conciencia social que se auto-concibe responsable colectivamente de los procesos de desarrollo y pervivencia del mundo, son desafiadas y desperdiciadas permanentemente por aquellos sectores dominantes (empresariales y de gobierno) que conciben el mundo como si fuera sólo de ellos.
Pero basta salir del entorno cerrado de las instituciones y los espacios del poder político y económico para ver y sentir que la ciudadanía se mueve, comunica y se organiza para enfrentar, con la luz de un entendimiento crítico y creativo, las difíciles condiciones de vida que produce una relación social deshumanizante y desigual. La instrumentalización del ser humano, promovida por la empresa a nivel mundial, encuentra formas inéditas de resistencia en la actualización cotidiana de utopías de igualdad radical. El poder está en todas partes y se ejerce mediante disrupciones de manera constante y permanente, como diría Foucault y aprendieran las actuales generaciones.
Imperceptible para los poderosos, la fuerza de organizaciones sociales que a pesar de todos los obstáculos no desisten de pensar y enfrentar el dominio con muestras ejemplares de solidaridad, ahí está. El ánimo tenebroso, producto de la inseguridad y la eficiente desigualdad, alterna con la alegría de la crítica social de la que se nutre el portento de la humanidad. Tal vez el cúmulo de noticias aberrantes y vergonzosas que circulan alcance a deprimir el espíritu de la población mundial y haga parecer que no existen salidas a las crisis económicas, políticas y de inseguridad que se viven en muchas partes del mundo, incluyendo nuestro país. Pero la condición humana ha sido capaz de superar esos momentos de dolor inefable en la historia de la humanidad, gracias precisamente a la capacidad de imaginar mundos más nobles.
La fecundidad humana es tan grande (con mucha probabilidad aún más) como la más despiadada sevicia de la que se es capaz. La prueba de verdad es la propia cultura; sus logros indudables representados en el arte, la ciencia y la filosofía -si bien desfiguradas, traicionadas a veces y reparadas luego a lo largo de la civilización- tienen como fin último recordarnos mediante su presencia a través de los siglos la inmensa generosidad que caracteriza la sobrevivencia de la humanidad. Las propias leyes y las instituciones son restos de confianza, adherencias de confraternidad. Los logros científicos, como las vacunas que derrotaron pestes, coexisten con las investigaciones económicamente interesadas de las grandes farmacéuticas y sus miserables intentos de lucrar con la salud.
Estoy segura que mucho de lo que digo parecerá a algunos tan sólo una ociosidad, pero estoy convencida de que el mundo no es un objeto acabado sobre el cual podríamos juzgar definitivamente, sin participar en su diseño con nuestras opiniones mismas sobre él. La configuración del mundo depende en gran parte de nuestra voluntad, y ésta a su vez pende del talante con el que enfrentemos los desafíos de la actualidad. El entusiasmo sin límite de las generaciones de mujeres y hombres jóvenes; su notable capacidad de adaptación al entorno del desarrollo tecnológico; la capacidad crítica y creadora que los lleva al despliegue de teorías innovadoras de la vida social; la tenacidad con la que acometen la lucha por un mundo más justo, más equilibrado, acorde a los requerimientos de una vida democrática; su legítima y necesaria aspiración a la felicidad, son los recursos con los que cuenta la posibilidad de futuro; la luz que mantiene viva la llama esperanzada de la prosperidad.

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