Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Violencia de género e institucional
Viernes 21 de Noviembre de 2008
A- A A+

En el combate a la violencia de género el gobierno federal hace esfuerzos por visibilizar el hecho de que no se trata sólo de un asunto de mujeres. La mayor parte del problema de la violencia de género (al menos la doméstica, la educativa, la laboral y la callejera, de acuerdo con una clasificación en torno a los espacios sociales) la configuran los varones violentos. Por ende, la última campaña de prevención e información (conmemorativa del Día Internacional de Lucha Contra la Violencia de Género: 25 de noviembre) está dirigida especialmente a ellos: “En México, una de cada dos mujeres es víctima de violencia física, emocional o sexual, esto también es asunto de hombres”, dice Javier Solórzano. La imagen es la fotografía del periodista y la de dos hombres de distinto ambiente cultural: uno urbano y otro rural, quienes se comprometen: “De hombre a hombre, no más violencia… Por las mujeres, niñas y niños, no más violencia. Ya no más”.
Se trata, además de informar, de establecer una alianza simbólica entre las mujeres y los hombres que están dispuestos a controlar su violencia, y los que tienen sensibilidad. Mientras, en nuestro estado ha ocurrido un hecho tan lamentable como la pesadilla de la violencia hacia la mujer. Matan a un hombre a balazos aparentemente por haber golpeado a su esposa. Los agresores, se presume, fueron familiares de ella, quien previamente había sido agredida física y verbalmente de manera brutal. ¿Qué significa este deplorable hecho? Nada más que la continuidad de la violencia de género, sólo que ahora cometida en contra de un varón.
La violencia de género no debe identificarse exclusivamente con la violencia contra la mujer. Todo ejercicio de violencia realizado y justificado en la condición de género es violencia de género. Así sean las prácticas bárbaras de crueldad que se ejecutan en el adiestramiento a los soldados, o los que se legitiman en la supuesta condición de fortaleza y valentía que, de acuerdo con la ideología dominante, obliga a los hombres a pelear (a veces por una mujer, o por muchos otros motivos igualmente determinados por una mal entendida masculinidad). En general se define como violencia de género cualquier ejercicio de violencia que se justifica en la condición de género (ser mujer o varón), de la víctima o del victimario; como cuando se arguye que ella lo provocó “por no obedecerle” (bajo el supuesto de una jerarquía natural en la que los varones resultan superiores), o cuando hasta las leyes la justifican por motivos de “honor” (que se sustenta en la exigencia de virtud de la mujer).
En éste, como en otros casos criminales, los mismos periodistas lo definen como “venganza”. Pero lo que está en juego en un acto de esta índole es el supuesto deber que los varones tienen de proteger a la mujer (sobre todo cuando es de su familia). No es la primera vez que la carencia de apoyos y la deficiente atención gubernamental, que es a la vez producto de la falta de capacitación de los servidores públicos, asoma tras hechos cruentos como éste. Muchas veces las mujeres tienen que enfrentar -además del maltrato físico, psicológico (y moral), económico y sexual, en el hogar- la indiferencia, la incomprensión y la pésima atención de los encargados de combatir y erradicar el grave problema de violencia contra la mujer.
Así, a la violencia dentro del hogar deben sumar la violencia institucional, que generalmente no soluciona pero sí agrava el problema de la relación intersexual. Cuando las mujeres o los varones deciden resolver por sí mismos mediante más violencia (ahora de tipo criminal) la agresión de género en el hogar, algo está funcionando mal. El gobierno mexicano se ha comprometido internacionalmente a combatir y erradicar este mal. Pero es imposible combatirlo cuando la ignorancia y la incapacidad sustituyen la profesionalidad, y cuando no existe confianza en el ejercicio gubernamental.
En el delicado contexto de violencia social que se vive hoy, el combate a la violencia de género no puede improvisarse. La planeación y la ejecución de las políticas de atención y erradicación de la violencia contra la mujer deben ponerse en manos de quienes han estudiado el tema y saben qué hacer (se debe contratar a especialistas con experiencia, como los responsables de la campaña en el gobierno federal). En Michoacán, la campaña que absorbe los recursos alimentados por nuestros impuestos vuelve a dirigirse a la mujer. Como si ellas tuvieran los recursos y la solución a la mano, o fueran (como dicen muchos victimarios) las responsables (“víctimas propiciatorias”) de la violencia, se les insta a “tomar conciencia” y ponerle “un alto a la violencia”.
Además de resultar excesivamente abigarrada y sin respetar ningún principio de la comunicación (como la precisión, la claridad y la brevedad del mensaje), el contenido es atroz. Como si ellas, las víctimas de violencia, no lo supieran, la violencia simbólica de esta campaña les recuerda: “los golpes, los insultos, las amenazas, el rechazo y las comparaciones destructivas causan daño”. Y remata exhortándolas a actuar: “Decídete, vive tu vida sin violencia”. Como dijo una señora que conocí, cuando le hablaba de la ilegitimidad de la violencia: “si yo ya entendí, ahora dígaselo a mi marido…”.
Si la intención fuera la promoción de la denuncia sería imprescindible contar primero con todos los recursos legales, judiciales, médicos y sociales para combatirla y atenderla de manera integral. Y tendrían que decirlo abierta y directamente, además de comprometerse y cumplir su cometido. Mientras no se cuente con los recursos imprescindibles (como el diseño de políticas integrales que comprometan a todos los servidores y funcionarios públicos a capacitarse, y a participar activamente en este trabajo) no es posible promover la denuncia; tal vez de ahí derive la ambigüedad del mensaje.
Siendo tan necesarios como escasos los recursos para enfrentar y contener la violencia, así como para brindar seguridad y justicia a las mujeres, el gobierno federal al menos a través del Instituto Nacional de las Mujeres está comprometido en un proceso de sensibilización en el que participan especialistas de mucha experiencia en el diseño de las campañas. Lo que sigue es la implementación de medidas de atención integral y la instrumentación de políticas integrales de erradicación; no sólo hay que sensibilizar o informar, y después dejar que lo resuelvan como puedan. Muchas personas deseamos, mientras tanto en Michoacán, que el “histórico presupuesto” del que tanto se ha hablado en los últimos días no siga siendo tan mal utilizado como en este caso…
rgcampos_61@yahoo.com.mx

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

La Universidad Michoacana y la cuarta transformación

Aborto y humanidad

La cuarta república y la educación superior.

Política contra lodo en Michoacán

Madre Matria

La lógica del arribismo

Las mujeres en el primer debate

Sexualidad y destino…

La vida plena sigue

Género, amor y educación

Paternidad y masculinidad

Solidaridad social y creatividad

Violencia de género y prostitución

Límites de la comunicación

¿De quién son las instituciones?

Diferencia sexual y progreso civilizatorio.

Un aporte académico ante la violencia

Violencia y masculinidad

El peor de los pecados

México está de luto...

La lucha por la verdad: Yo soy 132

Valores

Mortalidad materna

Las muertes chiquitas

El encanto de un burka

Sororidad (II)

Sororidad (I)

La esclavitud del siglo XXI

Silencio cómplice

Sensatez legislativa

Certificación de la obscenidad

Sexo y democracia

Acción, discurso y pensamiento

Políticas de género y gestión transversal

Más panist… perdón, “más papistas que el Papa”

El gusto por el no

Tragedia y voluntad

Derechos humanos y Estado democrático

El valor de la eficiencia… poética

El verdadero peligro para México

El sentido presente de la historia

La tragedia de ser michoacano en el siglo XXI

Mujerismo = Retroceso

Cultura del miedo y (des)confianza en las instituciones

Anular el voto o no anularlo... he ahí el dilema

En Michoacán, ni un voto al PAN

Nueve años de barbarie

Embrollo y experiencia

El mundo al revés

El mundo al revés

El virus de la ineficiencia

Contra la demanda de prostitución (II)

Contra la demanda y la legalización de la prostitución (I)

«Durmiendo con el enemigo»

Fábula de la esperanza en rebeldía

Mujeres sabias: entre la teoría y la práctica

Las mujeres y el arte

El trámite más inútil

El negocio insano de la religión

Mientras tengamos zapatos…

La (i)rracionalidad económica y el espíritu de Navidad

Amor y autonomía

Simone Weil y la pasión por la filosofía

Autorreflexión y formación filosófico-feminista

Violencia de género e institucional

La capital mundial de la belleza

El cuento interminable del eurocentrismo

Violación y política

La cultura de hacer cultura

¡Oh la la, París!

La dialéctica del amor

2 de octubre, no se olvida

¡Mi cuerpo es mío!

¿Qué fue lo que pasó?

La dominación del cuerpo de las mujeres

Un corazón que late…

Vulnerados y vulneradores

Contra la homofobia en Michoacán

Feminización del trabajo y explotación

Miss Universo… y algo más

Avatares de una feminista en el siglo XXI