Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
La capital mundial de la belleza
Viernes 14 de Noviembre de 2008
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Hace 70 años que, por segunda vez (la primera fue respecto a lo que se conoce como el Desierto de los Leones), se estableció por decreto presidencial una reserva de territorio nacional. La Barranca del Cupatitzio fue el predio con el que el General Lázaro Cárdenas del Río creó el Parque Nacional de Uruapan; y su historia es lo que se reseña en el libro: Un paseo por el Parque Nacional Barranca del Cupatitzio, de Sergio Ramos Chávez, que fuera presentado el jueves 13 de noviembre en la Casa de la Cultura, en el marco de la Feria Estatal del Libro y la Lectura.
Siempre me ha impresionado considerablemente la profunda “querencia” que los uruapenses tienen por su tierra. El terruño nos produce a todos un sentimiento más profundo y auténtico que el recurso ideológico de amor a la patria con que la escuela y el Estado (aparatos ideológicos de dominación, diría Althuser) nos han intentado formar. Dice don Luis González y González -ese héroe casi anónimo del conocimiento histórico, fundador del Colegio de Michoacán y autor de grandes libros como Pueblo en vilo que documentan, además de su admirable capacidad de historiar, un profundo amor a su lugar de origen-: El terruño es la “matria”; es el suelo de recuerdos entrañables y amores profundos que nos permite hablar personal y pasionalmente de efectivo amor a nuestro lugar de origen.
Los habitantes, migrantes y autoexiliados por diversas razones de Uruapan tienen mucho que decir al respecto. Un lugar como Uruapan, tan lleno de flores y de vida gracias al agua del Cupatitzio -dicen, a modo de broma, que cuando se hace un hoyo se corre el riesgo de encontrar agua a diez centímetros del suelo- no podía menos que convertirse en la capital mundial del aguacate. Tan pródiga ella… Pero su tierra de exuberante vergel no es sólo generosa en lo meramente material (y por ende económico), sino que es abundante, como el agua, en lo espiritual y en lo estético. La magia de esa naturaleza exuberante, fuente de vida, manantial, cuna y origen de un río que es a su vez fuente de majestuosidad y de orgullo de la naturaleza misma, hacen que el estruendo de las cascadas del Cupatitzio murmuren al alma de sus habitantes y de sus visitantes una revelación de vida, de belleza, de poesía.
Hace casi 30 años que la responsabilidad del parque fue entregada a un patronato de la sociedad uruapense, hoy dirigido por el maestro Salvador Aguirre Paleo. Ellos y otros organismos como el periódico local Visión de Michoacán, y hasta algunos particulares de origen uruapense que financian la edición del libro, son los promotores de esta publicación que es un ejemplo de amor a la matria. Es la propia sociedad uruapense la que, gracias a la fascinación que les produce su lugar de origen, ha luchado por mantener el valor poético y espiritual de Uruapan. En clara tensión con el dominio empresarial y su impulso devorador -y ante la indiferencia (si bien nos va) de las autoridades turísticas, ambientales y culturales, tanto del estado como del municipio- los amantes habitantes de Uruapan han trabajado constante y creativamente. Los amantes de la matria que es Uruapan seguirán luchando, como hasta ahora, por vencer la inercia cultural del descrédito del valor humano de lo histórico, tanto como para imponer el valor supremo de la poesía, contenida en la naturaleza, como la mejor forma de oponerse a la destrucción ecológica -de la que se quejó ahí mismo don Santiago Cendejas (otro sabio de nuestros coterráneos, hasta cierto punto ignorado).
Probablemente sea necesario que las mencionadas autoridades se den Un paseo por el Parque Nacional Barranca del Cupatitzio. Seguramente sea necesario siempre dejarse atrapar por esa magia del parque y el encantamiento del río, para poderlo cuidar; pero sobre todo para poder valorarlo -como tantos poetas de escala mundial- no sólo como la capital mundial del aguacate (que también lo es), sino como la capital mundial de la belleza, de la poesía… Sucumbir a su encanto obligaría a hacer de la valoración de esa armonía un homenaje permanente a la solidaridad social, como una forma extrema, más exquisita y supremamente espiritual de la poesía…

Un lugar como Uruapan, tan lleno de flores y de vida gracias al agua del Cupatitzio no podía menos que convertirse en la capital mundial del aguacate

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