Eduardo Nava Hernández
El 1 de diciembre y las izquierdas
Jueves 13 de Diciembre de 2012
A- A A+

La gestión de Enrique Peña Nieto en la presidencia ha quedado marcada por un hecho al que resultará difícil encontrar paralelo en la historia nacional reciente. Desde el primer día de su mandato, la violencia, los heridos y presos políticos se han hecho presentes desnudando no sólo la vocación represiva de quienes se encuentran al mando, sino lo que las evidencias muestran cada vez más como un plan elaborado para asentar al nuevo gobierno y vapulear a sus impugnadores de la izquierda social o partidaria.
Ahí están las fotografías y videos que muestran la trama de una provocación urdida desde los mandos de la Policía Federal, y también la brutalidad de los agentes de seguridad del Gobierno del Distrito Federal, agrediendo y deteniendo indiscriminadamente a los manifestantes y aun a transeúntes que accidentalmente se encontraban en el escenario de la violencia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ahí, también, la represión en Guadalajara contra el movimiento #yosoy132 que se manifestaba en las afueras de la Feria Internacional del Libro. Y ahí está, por añadidura, el testimonio del anónimo policía entrevistado por Julio Hernández López para La Jornada en el sentido de haber recibido órdenes -al parecer, directamente de la oficina del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard- para hacer numerosas detenciones, aun sin que existiera la flagrancia en delito.
Ahora, el nuevo jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, anuncia que proseguirán las investigaciones y que habrá más aprehensiones derivadas de los hechos de violencia. Lo que no aclara es si se investigará sólo a los ejecutores de esos hechos, a sus instigadores o si también se castigarán los abusos de la policía.
El 1 de diciembre era en más de un sentido un suceso anunciado. Se sabía de antemano que el #yosoy132 se movilizaría frente al Palacio Legislativo de San Lázaro contra la asunción de Peña Nieto. Andrés Manuel López Obrador estaba convocando también a sus seguidores a manifestarse en esa fecha en todo el país -si bien, en la Ciudad de México, en la Columna de la Independencia, un punto alejado del Congreso y del Palacio Nacional, donde estaría Peña Nieto. Desde diez días antes, el cierre y cercado de calles con vallas de tres metros de altura, y el despliegue de policías federales y capitalinos, más que prever una movilización pacífica buscaban generar la psicosis de un posible enfrentamiento y atemorizar a la población, aun a costa de las molestias a los habitantes de la zona. No estaba descartado que grupos de mayor radicalidad actuaran en las protestas, entre los que fácilmente se encendería el ánimo para un enfrentamiento con la policía.
En ese escenario, la provocación organizada desde los mismos cuerpos de seguridad podría tener un efecto múltiple. Por un lado, no sería difícil, a través de la infiltración y la provocación, vincular a los estudiantes del #yosoy132 y demás organizaciones del Frente contra la Imposición con la violencia e iniciar así su aislamiento social. Por otra parte, como lo ha señalado en sus comentarios el historiador y politólogo Lorenzo Meyer, generar un ambiente de temor social que desaliente en el futuro las movilizaciones callejeras. De ser posible -como lo intentó el vocero de Televisa, Carlos Loret de Mola en una columna periodística- vincular al mismo López Obrador y al Morena con el vandalismo que se desplegó en esa fecha en el Centro Histórico de la ciudad y sus alrededores, y obstruir eventualmente el registro de éste como partido.
Si ése fue el efecto planeado, no se ha logrado plenamente y aún podría revertirse contra sus autores en los gobiernos de Peña Nieto y del Distrito Federal, sin olvidar que el operativo policiaco fue diseñado estando aún Felipe Calderón en el gobierno y su secretario de Seguridad, Genaro García Luna al mando de la policía. Las contradicciones en las que se ha incurrido -por ejemplo, la negativa de haber usado balas de goma, evidentes en videos y fotografías- y las circunstancias de múltiples detenciones de manifestantes y ciudadanos ajenos a la movilización, son ostensibles y resultan demasiado numerosas para permanecer ocultas.
Pero la represión y las acciones intimidatorias han tenido cierto éxito en divorciar al gobierno del Distrito Federal de algunas de sus bases sociales más organizadas y activas. Ese gobierno, que por cuarta vez consecutiva recae en las manos de un candidato del PRD, se ganó esta vez con el esfuerzo conjunto de los militantes de éste y del lopezobradorismo, pero también de la movilización desplegada por los estudiantes del #yosoy132 y de muchos otros grupos opuestos desde los tiempos de la campaña electoral al PRI y a Peña Nieto. Y ahora, en medio de la crisis represiva, ese frente se encuentra disgregado socialmente. Los órganos del régimen capitalino son una de las manos de la represión del 1 de diciembre, y la que hoy mantiene presos a catorce ciudadanos a los que no se les han acreditado, ante la opinión pública, culpas que ameriten el encarcelamiento.
López Obrador denunció la represión, es cierto, desde el momento mismo en que ésta se estaba produciendo, y demandó la renuncia del flamante secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y del recién designado subsecretario de Planeación y Protección Institucional, Manuel Mondragón. Pero no ha llamado después al Morena a la movilización por la libertad de los presos ni por el castigo a los culpables de la represión; debe hacerlo con la legitimidad que le da el haber contribuido al triunfo de las izquierdas en la elección del Gobierno del Distrito Federal. La vinculación del nuevo partido con los movimientos sociales y la defensa de las garantías constitucionales son tan fundamentales, si ha de constituirse en una opción real de las izquierdas a futuro, como el cumplimiento de los requisitos formales para obtener el registro.
El #yosoy132 se encuentra momentáneamente replegado por el efecto de la represión misma, pero ésta puede nuevamente reagruparlo y llevarlo a manifestaciones callejeras vigorosas en que vuelva a mostrar su capacidad de convocatoria, junto con las demás organizaciones del Frente Nacional contra la Imposición. En todo caso, son las inminentes vacaciones de invierno lo que puede desmovilizar a los estudiantes de las instituciones privadas y públicas y limitar sus acciones por la liberación de los catorce presos políticos que aún quedan.
Del PRD, sumido en la mayor crisis moral y política de su historia, nada puede ya esperarse. Con las cárceles llenándose de presos por la represión y con múltiples heridos, dos de ellos de gravedad, su corriente hegemónica, Nueva Izquierda, decidió, apenas un día después de la asunción de Peña Nieto, firmar el llamado Pacto por México como vía para negociar su inserción en el esquema político de la restauración priísta.
Que dicho pacto no es sino una forma de cooptación política hacia la izquierda parlamentaria -porque la alianza estratégica ya la tiene el priísmo con el PAN- salta a la vista al observarse que la mayor parte de su contenido son medidas de gobierno que el peñismo podría impulsar sin alianzas y que, en todo caso, cada uno de los puntos que hayan de pasar por el Congreso podrían negociarse en lo particular al traducirse en iniciativas de reforma o de nuevas leyes. Se trata de un pacto en que no se asumió ningún compromiso en relación con la no privatización del sector energético y de Pemex.
La posibilidad de constituir un dique eficaz frente a la escalada represiva que el ascenso del PRI anuncia y ante el avance del programa de las llamadas reformas estructurales de naturaleza eminentemente neoliberal, pasa sólo por los movimientos sociales como el #yosoy132, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el Frente Nacional contra la Imposición y los organismos defensores de los derechos humanos; acaso también por el Morena, sí éste abandona su actual autismo electoral y se decide a vincularse con los sectores movilizados de la sociedad, pero no, por ahora, por la vida parlamentaria del país.

Sobre el autor
PENDIENTE
Comentarios
Columnas recientes

La prueba salarial del gobierno lopezobradorista

Doce tesis acerca del 1968 mexicano

El núcleo de la corrupción en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: marchas, opacidad y fraude a la nación

La primera insurrección socialista en la historia de México

Donald Trump ante López Obrador

Elecciones: el bloque de poder en disputa

La recta final, elecciones al borde del riesgo

Presea de ignominia y afrenta a la universidad

La Universidad, el Congreso y la memoria

Lo que el debate no se llevó

La sombra del fascismo en la Universidad Michoacana

Universitarios, ciudadanos y el fraude que viene

El TLCAN, Trump y el dilema salarial

Cómo malograr impunemente una institución benemérita y centenaria

El pragmatismo en la política mexicana

Transición a la dictadura

La Universidad Michoacana en la encrucijada

La candidata del Congreso Nacional Indígena y el EZLN

El futuro del Frente Ciudadano por México

La Propuesta Aguirre para la Universidad Michoacana

El INE hacia 2018

Efrén Capiz y Eva Castañeda

Gobernar con el cinismo

Maquiavelo en el Estado de México

Rebelión de los trabajadores de Walmart

La Universidad Michoacana bajo fuego

Natalio Vázquez Pallares, México y la segunda posguerra

Fuerzas Armadas: coerción y politización

Seguridad interior y militarización, un horizonte no deseable

Donald Trump, México y la tormenta perfecta

La crisis financiera de la Universidad Michoacana

Huelga de hambre en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: el regreso de la represión y las expulsiones políticas

La toma en la Universidad Michoacana

La beligerancia de la clase empresarial mexicana

La crisis múltiple del régimen político

De víctimas y déficit de atención

Crisis multifacética y vías de acción popular

Guerra contra el magisterio

Cherán: entre la utopía y la institucionalización

Por qué defender las jubilaciones en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: quebrantar la huelga

Segundo acto: La represión

Ayotzinapa: ¿qué sigue?

El tercer mundo no es un mundo de tercera

Cinismo destilado

Guerra antipopular prolongada

La segunda fuga de El Chapo: ¿Estado paralelo o narcoestado?

El régimen canallesco y las sublevaciones que vienen

El terror y el gobierno que no nos merecemos

Tiempo de crispación

Iguala, la sociedad política y el freno de la historia

Tlatelolco, Tlatlaya, Iguala…

La consulta del PRI sobre plurinominales, una nueva amenaza a la democracia

La crisis de representación y la autodefensa social

Recuento de daños

Cherán y el futuro de las autodefensas

El despropósito del desarme

“No dialogar bajo presión”

Autodefensas: el principio del fin

Universidad Michoacana: un conflicto nada gratuito

Pluralidad de poderes y legitimidad en Michoacán

Cierre de ciclos inconclusos

La entrega petrolera

2013: Rosa Luxemburgo revisitada

La División del Norte en 2013

Los Sentimientos de la Nación

El monólogo del poder y la resistencia social

Reformismo febril e ingobernabilidad

El cerco a San Lázaro: dique al autoritarismo legislativo

Entrega del petróleo y conciencia nacional

Arlen Siu como motivo: un recuerdo y una reflexión

Reforma petrolera: ¿Unión o desunión social?

Francisco Field Jurado, defensor del petróleo mexicano

El petróleo, la batalla que viene

El Pacto por México, cadáver insepulto

La consagración de la primavera: barbarie y revolución

Evaluación educativa e insurgencia magisterial

El intento de reconstrucción del presidencialismo omnipotente

El Gordillazo: sismo sin réplicas

Universidad Michoacana: la huelga de la opacidad

El zapatismo en los tiempos de la restauración priísta

El 1 de diciembre y las izquierdas

El rumbo incierto de las izquierdas

Ante la insurgencia social, ¿contrainsurgencia oficial?

De casas del estudiante, albazos y miseria presupuestal

Universidad Michoacana: la violencia y el Consejo de la infamia

Universidad Michoacana: reconstruir la comunidad

La ley, la gracia, la verdad

La transición mexicana: entre Montesquieu y Monex

México: la democracia granuja y el síndrome de Watergate

“Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”

Institucionalidad o ilegalidad

PRI, regreso sin gloria

El voto nulo y la abstención fortalecen la partidocracia

La elección se cierra

#yosoy132: el retorno de los jóvenes

La primavera estudiantil contra la reversión democrática

Casas del estudiante y crisis universitaria

El asalto a la Universidad Michoacana

Un atentado mortal contra el cooperativismo

Saldos y desafíos de la visita papal: México y Cuba

Lo que la partidocracia es

Tiempo de intercampaña y judicialización política

Noventa y cinco años de la Constitución y los trabajadores

Oaxaca: matar para defender al capital

El informe de la CNDH sobre Chilpancingo

2012: 50 causas para la indignación

Chilpancingo, la violencia de Estado

Las izquierdas después de Michoacán

Gobierno de coalición y proyectos de nación

El método del “mejor posicionado”

Degradación de la justicia en la Universidad Michoacana

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

PRD Michoacán: fin de ciclo

Un recuerdo para Adolfo Sánchez Vázquez

El bloque de poder, la debacle y la izquierda electoral

Del pacto de Juárez al diálogo público

Cinco años de impunidad, no de olvido

Llegando al límite

PAN y PRI: precarizar el trabajo

Las alianzas estratégicas

Anexión de baja intensidad

La tragedia del PRD y la izquierda mexicana

A diez años de la fuga del Chapo

El eterno problema del transporte

UM: pasmo, farsa y retroceso

La Universidad Michoacana en su laberinto

Elogio de Lula

1810: la insurrección popular

El mensaje presidencial y el de la muerte

Ya no, Cayetano

Desincorporación o interés público

La huelga de hambre

El rector José Narro ante la UM

El Gran Hermano del neoliberalismo

La acometida contra el trabajo

La lucha sigue

Acuerdos bajo la mesa y crisis política

Dos y dos no siempre suman cuatro

Para 2010: Reforma, libertad, justicia y ley

El CUPIA, la toga y la soga

El SME y el movimiento social

Sólo el Estado (de excepción)

El protofascismo en acción