Rubí de María Gómez Campos
México está de luto...
Martes 4 de Septiembre de 2012
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Escribo desde el filo de la depresión (desánimo) y el coraje (indignación), pero aplico la fórmula arendtiana de soportar el fardo de la realidad y mirarla de frente para comprenderla.
Dijo la teórica de la política más importante del siglo XX, frente al horror totalitario: “La comprensión, sin embargo, no significa negar la afrenta, deducir de precedentes lo que no los tiene o explicar fenómenos por analogías y generalidades tales que ya no se sientan ni el impacto de la realidad ni el choque de la experiencia. Significa, más bien, examinar y soportar conscientemente el fardo que los acontecimientos han colocado frente a nosotros -ni negar su existencia ni someterse mansamente a su peso como si todo lo que realmente ha sucedido no pudiera haber sucedido de otra manera-. La comprensión, en suma, es un enfrentamiento impremeditado, atento y resistente, con la realidad -cualquiera que sea o pudiera haber sido ésta”.
El problema que enfrenta México no es sólo la ineficiencia de las instituciones encargadas de promover y garantizar la democracia en el país, es también la capacidad de olvido y conformismo de una ciudadanía que necesita verse afectada individualmente para reaccionar indignada (y en ese momento siempre aislada) frente a las injusticias. Como dijera Martin Niemoeller (pastor protestante, 1892-1984) en el mismo contexto tenebroso, a partir de su verídica experiencia: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”. (Poema atribuido erróneamente a Brecht).
Probablemente alguien se preguntará por qué establecer una analogía entre la situación de México y la terrible experiencia del Holocausto (hoy denominado con corrección política: Shoah). Precisamente porque con la consumación de la imposición presidencial nos encontramos en un orden similar al de los primeros años de ascenso al poder de Hitler, como lo constatan la siguientes palabras de Hannah Arendt: \"La terrible originalidad del totalitarismo no se debe a que alguna \'idea\' nueva haya entrado en el mundo, sino al hecho de que sus acciones rompen con todas nuestras tradiciones; han pulverizado literalmente nuestras categorías de pensamiento político y nuestros criterios de juicio moral (...) La decadencia de las naciones empieza con el socavamiento de la legalidad, ya sea cuando el gobierno en el poder abusa de las leyes, ya sea cuando la autoridad de sus fuentes se convierte en dudosa o cuestionable\".
Pero lo más pavoroso de la grotesca imposición que intenta efectuar el sector más inmoral de la oligarquía en México, en alianza con el peor sector de la clase política mexicana, es el cinismo. Arendt asegura que lo que diferencia al totalitarismo nazi del soviético es precisamente eso. El régimen estalinista mantuvo en secreto las listas de las “purgas”, mientras los nazis se retrataban junto a sus víctimas (en inaudita muestra de “orgullo”, que desvela la perversión totalitaria como inversión del bien y el mal). Aquí, Peña Nieto tuvo el descaro de afirmar su responsabilidad frente a la violenta represión de San Salvador Atenco, y todos conocemos el cúmulo de irregularidades cometidas. En uno de sus últimos escritos, considerado lectura imprescindible para cualquier estadista, Simone Weil (otra de las grandes pensadoras políticas judías que conociera el siglo XX) preveía la situación que hoy vive México: \"Un hombre que se toma el trabajo de elaborar una apología de la esclavitud no ama la justicia. Nada importa el siglo en que viva. Aceptar como autoridad a un hombre que no ama la justicia constituye una ofensa a la justicia, castigada inevitablemente con la disminución del discernimiento”.
Desearía sinceramente no tener que recurrir a las teóricas del totalitarismo nazi para comprender la grave situación en que nos encontramos. Desafortunadamente nunca han sido más oportunas las reflexiones sobre la absoluta negación del poder y la insólita eliminación sistemática de millones de personas que caracterizó ese negro periodo; tiempo de destrucción que, no obstante su crudeza y alejamiento de cualquier parámetro humano, posibilitó la indiferencia (frente al crimen masivo) de muchos intelectuales y humanistas en todo el mundo. Uno de los temas que abordó Arendt en Los orígenes del totalitarismo fue justamente el de la aquiescencia de las víctimas, numéricamente superiores a sus verdugos; millones de judíos, frente a cientos de nazis. Pero otro aspecto primordial de “la catástrofe” alemana fue la “nazificación” del pueblo y el apoyo pasivo de la mayoría de los intelectuales de otros países: “Lo peor no fue lo que hicieron nuestros enemigos sino lo que hicieron nuestros amigos”, dijo Arendt.
No obstante, no hay que perder el ánimo (personalmente, por lo pronto, las tareas de investigación académica en este campo me reclaman, aunque espero reincorporarme pronto en estos diálogos que tanto Cambio impreso como “Cambio en el Debate” generosamente promueven). Vienen tiempos difíciles para México y ese es el referente que nos obliga a cuestionar el hecho de que en nuestro país, como señaló Simone Weil respecto al suyo, los objetivos de la educación sigan siendo alcanzar la verdad, pero una verdad disociada del principio fundamental de la justicia…

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