Lunes 9 de Abril de 2012
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El deslinde debió haberse hecho desde la campaña para la gubernatura del año pasado. Los perredistas no se han atrevido a hacer el balance completo de su derrota en las urnas; de ahí que hayan tenido que seguir arrastrando el costo de aquellos errores. Fueron, sobre todo, errores de gobierno. Pero el impacto negativo alcanzó al PRD y a sus candidatos durante el proceso para la renovación de los poderes locales.
El deslinde se tardó tanto que en este momento podría ser demasiado tarde. Quizá no para tratar de limpiar un poco al partido y evitar que cargue con toda la responsabilidad, pero sí para remontar la tercera posición en que quedó a partir de las elecciones pasadas. De algún modo, los líderes de las corrientes del PRD se han dado cuenta por fin de que la defensa del ex gobernador Leonel Godoy es insostenible. Toda postura de defensa en este caso, si no se precisa y se legitima abiertamente, se puede considerar como complicidad.
El problema viene desde las relaciones que el PRD mantuvo con el gobierno. Como en los casos del PRI y del PAN, el partido pierde toda cualidad de autonomía y renuncia a la función de hacer la crítica de su gobierno. Nunca vimos una crítica por parte del PRD al gobierno de Leonel Godoy. Cuando Silvano Aureoles se lanzó como candidato a la gubernatura, tampoco se atrevió a hacer el deslinde, lo que en su caso significaba la crítica de las acciones de gobierno que no funcionaban, y la propuesta de ajustarlas, erradicarlas o mejorarlas.
Es hasta ahora que los líderes de las distintas corrientes se han planteado algo así. Pero tampoco se atreven a llegar al fondo. Todo lo que hacen es reconocer lo que de ninguna manera se puede ya ocultar: que el legado negro que dejó el gobierno anterior sigue afectando las campañas. Algunos se han atrevido a sugerir que Godoy comparezca ante un pleno del Consejo Estatal del PRD para que explique lo de la deuda y deje las cosas en claro, si eso es posible.
Los perredistas no han podido asimilar todavía su derrota, ni reconocer que se encuentran en una posición donde la derrota se podría repetir. Tampoco han reconocido lo que esto significa para esa parte de la izquierda que reivindica la vía electoral y al final se queda atrapada en ella. Es lo que podríamos llamar un fracaso del proyecto, al menos como se manejó y se expresó en las acciones concretas de gobierno. La izquierda electoral en el poder no significó un cambio sustantivo para la sociedad, mucho menos en sentido positivo.
Es la percepción que quedó entre la sociedad, y fue seguramente el motivo que hizo que muchos ciudadanos cambiaran la intención de su voto y decidieran quitar al PRD del poder. Es una percepción que probablemente se mantenga. De manera que el PRD tendría que hacer de una buena vez ese análisis a fondo de su papel como gobierno en los dos periodos anteriores. Pero en vez de ello, lo que hacen es pelearse otra vez por las posiciones que quedan, por las candidaturas, por los escasos privilegios que pueden conservar.
A la izquierda electoral se le olvidó mirar hacia donde la gente vive y tiene que sobrevivir. Nunca hubo realmente esa cercanía con la gente de la que hablaba la propaganda oficial. Salvo algunos programas de asistencia social, que por cierto aplican igualmente otros partidos, no vimos acciones que impactaran realmente en las condiciones de vida de la población. El programa de gobierno nunca fue lo que la sociedad requería para salir de sus problemas y emprender el camino del desarrollo y el bienestar de todos.
Los líderes de las corrientes empiezan a mostrar su descontento con Leonel Godoy. Le piden desde Michoacán que no se le vaya a ocurrir acompañar a ningún candidato durante su campaña. No tenían necesidad de hacerlo. Godoy no se volverá a parar por el estado quién sabe hasta cuándo. El deslinde que ahora pretenden hacer las corrientes con respecto a Godoy y su gobierno tendría que ser sincero e ir más allá: hacia un examen a fondo de conciencia, hacia el balance necesario de la trayectoria, hacia la revisión crítica del proceder, hacia la reformulación de principios y objetivos, hacia la refundación misma del partido.

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