Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
La cultura de hacer cultura
Viernes 24 de Octubre de 2008
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Barcelona es, sin lugar a dudas, un lugar en el que la actividad artística ha sentado sus reales. El arte, encerrado en los museos en muchas partes del mundo y reducido con ello a ser un espectáculo de élite, se encuentra liberado aquí en la cotidianidad de los catalanes y, gracias a su generosidad, también de sus visitantes.
Desde el momento mismo en que se llega al aeropuerto se puede apreciar un gran mural del artista surrealista Joan Miró. Pero la liberación estética no sólo abarca el gran arte como éste -que se repite en otros puntos de la ciudad- o el mural de Picasso que enmarca el frente del Colegio de Arquitectos, en pleno centro de la ciudad; también se encuentra en las fantásticas e inverosímiles construcciones de Gaudí y en los muchos y continuos ejemplos de arquitectura que se encuentran al paso de cualquiera que recorra esta histórica entidad.
Abundan los ejemplos de cómo la belleza escapó del encierro y comenzó a habitar los jardines y las plazas, hasta alcanzar las conciencias y los corazones de los pobladores de esta ciudad mediterránea; uno de sus embajadores, de los más cercanos a México, es Joan Manuel Serrat. Pero también lo son el exuberante colorido de sus flores y la basta variedad de sus frutas, que complementa la ya sabida y antigua tradición culinaria -que revela su pasión por la vida y el gusto por los cotidianos placeres de la existencia que caracterizan al catalán.

Tú enciende el sol
tú tiñe el mar
y tú descorre el velo
que oscurece el cielo
y tú ve a blanquear
la espuma y la nube
la nieve y la lana
y tú conmigo
a cantar la mañana
Otro ejemplo de cómo los catalanes han adoptado en su cotidianidad el arte y realizan una permanente actualización de la belleza, es la originalidad y la calidad de las estatuas vivientes de La Rambla; que es una de las zonas más representativas del lugar. Lo más impresionante resulta, sin embargo, el Parque Güell y sobre todo la portentosa iglesia de La Sagrada Familia que, después de 120 años de iniciada y bajo el diseño de Gaudí, recibe hoy donaciones y colaboración internacional para su conclusión; lo que la convierte, también por sus características estéticas, en un proyecto universal, muy apropiado para expresar el sentido religioso de un mundo por venir.
La historia de esta rica tradición cultural ha quedado registrada en los muros y la arquitectura románica que precedió a la gótica, como ésta a la modernista y la última al funcionalismo que en distintos espacios de Barcelona se pueden disfrutar. Como parte del arte gótico más puro que se puede apreciar, merece una mención especial la iglesia de la Virgen María del Mar. En ese lugar la devoción y el recogimiento espiritual pueden alcanzar niveles de sensibilidad mágicos, aun para las almas más escépticas. Y ya que Barcelona es además un lugar en el que la tradición anarquista se intentara concretar (el mismo año que en México iniciara la Revolución Mexicana) esto la convierte en la cuna de la libertad.
Tú a dibujar
el trigo y la flor
tú haces de viento
dales movimiento
y tú les das color
tú amasas los montes
tú el pozo a baldear
y tú conmigo
y el gallo a cantar
Complementa esta búsqueda de realización de una existencia estética, que parece signar la historia de Cataluña, la emocionante tradición de las competencias de pirámides humanas, en las que se trata de formar una torre de frágil equilibrio, cuyo sustento es el trabajo en equipo, la confianza, la amistad. Este somero recuento de maravillas, y sobre todo ese espíritu de búsqueda y de transmisión de belleza y originalidad, y muchas impresiones más que resultan prácticamente imposibles de transmitir, hacen de Barcelona un espacio que transforma y cimbra al visitante profundamente.
Todo lo que hemos dicho puede sintetizarse en la frase que ostenta un cartel en el edificio del Instituto de Cultura de la ciudad: “La cultura de hacer cultura”. Esto es también una muestra de orgullo y de autocomprensión cultural; pero además un reflejo de lo que cualquier cultura podría y debería emular. La cultura de hacer cultura podría proponerse como proyecto humano universal, que surge del orgullo del arte y de su posibilidad de combinarse con la vida, y que constituye la forma particular del mundo catalán.
Que hay que empezar
un día más
tire pa´lante
que empujan atrás.

El arte, encerrado en los museos en muchas partes del mundo y reducido con ello a ser un espectáculo de élite, se encuentra liberado aquí en Barcelona en la cotidianidad de los catalanes y, gracias a su generosidad, también de sus visitantes

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