Ramón Guzmán Ramos
Después de la oscuridad
Jueves 16 de Febrero de 2012
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El libro cayó en mis manos accidentalmente. Tuve la fortuna de estar presente en el momento en que se lo regresaban a alguien que yo conozco. Le pedí que me permitiera verlo. Me llamó la atención la portada: Las piernas de una mujer descalza caminando a lo largo de una calle en mitad de la noche, con las zapatillas colgando de una mano. En el fondo, el reflejo fantasmal de una luz de auto. Más me llamó la atención el nombre del autor y el título de la novela: After dark, de Haruki Murakami.
Se trata, en efecto, de un escritor japonés. Originario de Kioto, nació el 12 de enero de 1949. Estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda. Una de sus novelas, Norwegian wood, obtuvo un gran éxito editorial. Eso le permitió al autor abandonar Japón en 1986 para vivir un tiempo en Europa y en América, pero regresó a su país de origen en 1995, tras el terremoto de Kobe.
En Japón, la crítica literaria no ha sido muy favorable para el escritor. Allí consideran que la ficción de Haruki Murakami no pasa de ser literatura pop, lo que por acá llamaríamos comercial o de best seller. Pero en occidente ha creado una oleada impresionante de aceptación. Se trata de una obra que tiene fuertes elementos humorísticos y surrealistas. Para otros, es una obra que refleja la soledad y el ansia de amor de un modo que conmueve tanto a los lectores orientales como occidentales. Hay quien sostiene también que dibuja un mundo de oscilaciones permanentes entre lo real y lo onírico, entre el gozo y la oscuridad.
Son temas que, como se ve, tienen una dimensión universal. Cualquier persona en cualquier parte del mundo experimenta estos sentimientos, desde luego que en función de las circunstancias específicas de su contexto. Es lo que ocurre con la novela que cayó en mis manos. After dark (Tusquets, 2009) es una novela que narra la historia de dos hermanas jóvenes, Eri y Mari, separadas emocionalmente por razones que podrían parecer nimias, pero que para los personajes, sobre todo para Mari, son de una importancia vital. Mari sale de noche a leer en una cafetería, con el propósito de estar consigo misma, de abrir una zona de incursión a su propia persona. Allí se encuentra a Takahashi, un joven que conoce a su hermana y que ensaya en una banda de música durante la noche. A partir de allí, la noche deja de ser esa parte del día en que uno se recoge para dormir y descansar y se convierte en un mundo específico lleno de sorpresas y enigmas.
Eri, por su parte, es una joven que desde hace tiempo ha decidido echarse a dormir indefinidamente. Sólo despierta para realizar sus necesidades básicas. Su sueño es tan profundo e inalterable que parece estar totalmente ausente. Y es, en efecto, lo que podría estar sucediendo realmente. Mientras ella duerme, el monitor del televisor, que se encuentra desenchufado, misteriosamente se enciende y aparece allí el mismo espacio pero en otra dimensión. Es como la puerta a otro mundo, que pudiera ser el mundo onírico de Eri o una dimensión desconocida de la realidad.
Mari recorre la noche como si se tratara de un bosque oscuro lleno de sorpresas. Conoce a otros personajes y visita un Love Hotel, equivalente para nosotros a un hotel de paso. Su incursión se entrevera con la presencia de otros personajes y otras historias. Entra al mundo de la prostitución y el crimen. Los capítulos de la novela nos describen alternativamente las incursiones de las hermanas a sus mundos personales. Eri al del sueño y el enigma. Mari al de la noche misteriosa y llena de peligros.
El estilo de Haruki Murakami se inclina más por la imagen. De hecho, llegamos a tener la impresión de que es una cámara de cine lo que nos va mostrando las escenas. Llega un momento en que el texto parece el de un guión cinematográfico. Hay algunas partes realmente conmovedoras en que la lectura se vuelve un placer estético intenso. Pero hay otras donde uno tiene la impresión de que se mueve sobre la superficie de las cosas, sobre la piel de la noche. Hay efectos literarios que parecen inverosímiles, o que los hemos visto en algunas películas de horror. La historia sucede durante toda una noche y en una ciudad que podría ser Tokio. Una experiencia literaria que, con todo, hay que disfrutar.

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