Eduardo Nava Hernández
Un recuerdo para Adolfo Sánchez Vázquez
Miércoles 13 de Julio de 2011
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La muerte de Adolfo Sánchez Vázquez viene a representar un enorme vacío intelectual para la izquierda mexicana, latinoamericana y mundial. Pocos pensadores marxistas como él desarrollaron a lo largo del siglo XX una obra de reflexión tan vasta y profunda en la crítica, no sólo del capitalismo y sus efectos depredadores sobre la sociedad, la economía y la naturaleza, sino también a los regímenes del llamado socialismo real y a la problemática del hombre contemporáneo. Abarcar en un breve artículo los contenidos de su pensamiento o tratar de resaltar la trascendencia de su obra sería una empresa casi imposible.
En noviembre de 2002, cuando la Universidad Michoacana le otorgó el doctorado Honoris Causa, escribí en las páginas de Cambio de Michoacán un artículo del que me permito ahora recuperar los párrafos fundamentales.
“Don Adolfo Sánchez Vázquez nació en el puerto de Cádiz, España, en 1915. Desde su adolescencia se incorporó, en Málaga, a la lucha revolucionaria a través de la Juventud Comunista y, posteriormente, participó como combatiente durante la guerra civil en la defensa de la República Española, correspondiéndole participar en la batalla de Madrid con la 11ª División del Ejército Republicano. A la derrota de la República, en 1939, don Adolfo fue uno de los refugiados a los que el General Lázaro Cárdenas abrió las puertas de México, arribando a nuestro país a bordo del célebre buque Sinaia, en junio de ese año.
“Habiendo concluido previamente sus estudios de filosofía en Madrid, don Adolfo se incorporó en nuestro país a la vida activa como profesor de esa disciplina. A partir de 1941 se trasladó a Morelia, en donde se desempeñó como docente del Colegio de San Nicolás de Hidalgo y en donde también, por cierto, contrajo el matrimonio en el que procreó a sus tres hijos mexicanos.
“Sánchez Vázquez pertenece -escribí entonces- a la generación de marxistas que, en todo el mundo, se vio impactada por las revelaciones del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética acerca de los crímenes del estalinismo. A partir de entonces, el filósofo ha orientado su pensamiento al despliegue de un pensamiento crítico de toda forma de autoritarismo y burocratismo justificado en nombre de la emancipación de los trabajadores o de la dictadura del proletariado.
“En los años 50 Sánchez Vázquez reinició sus estudios de filosofía en la UNAM, donde obtuvo el grado de Maestro con la tesis Conciencia y realidad en la obra de arte, al tiempo que trabajaba impartiendo cursos en la misma institución, de la que ha llegado a ser profesor emérito. Algunos años después obtuvo el doctorado con la tesis Sobre la praxis.
“Concentrado a lo largo de esos años en el estudio riguroso de la filosofía y la estética del marxismo, publicó en 1985 su primer libro, Las ideas estéticas de Marx, y dos años después su obra central, Filosofía de la praxis, basada en su tesis doctoral. Del primero de los textos mencionados cabe señalar que fue influido por la entonces joven experiencia de la Revolución Cubana, en cuya política artística, a su vez, influyó al aparecer publicado.
“En los últimos 35 años, don Adolfo Sánchez Vázquez ha proseguido desarrollando una de las obras más vastas de la filosofía y las ciencias sociales latinoamericanas. Entre los títulos de su autoría publicados destacan Rousseau en México, Estética y marxismo, Ética, Del socialismo científico al socialismo utópico, Ciencia y revolución (el marxismo de Althusser), Filosofía y economía en el joven Marx, Ensayos marxistas sobre filosofía e ideología, Ensayos marxistas sobre historia y política, Ensayos sobre arte y marxismo, Teoría de la experiencia estética, Teoría del trabajo artístico y Ensayos sobre Marx y el marxismo. En su conjunto, su obra constituye un verdadero aporte al desarrollo del marxismo contemporáneo en la filosofía, la estética, la ética, la historia, la crítica de los regímenes burocrático-autoritarios instaurados en la ex Unión Soviética y Europa oriental y la difusión del pensamiento de los autores clásicos del socialismo científico.
“Pero además, es digno de destacarse dentro de la obra de Sánchez Vázquez no sólo un rigor teórico excepcional sino la consecuencia del autor con su pensamiento, que siempre se ha ubicado en la línea de un socialismo libertario y en la defensa de las mejores causas de los pueblos latinoamericanos y del mundo, sin incurrir en modo alguno en veleidades que lo apartaran jamás de ella. Esa consecuencia se ve reflejada en el siguiente párrafo en el que el doctor Sánchez Vázquez ha hecho un balance de sus convicciones:
“Muchas verdades se han venido a tierra, ciertos objetivos no han resistido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desvanecido. Y sin embargo hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo -vinculado con esas verdades y con esos objetivos y esperanzas- sigue siendo una alternativa necesaria, deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo -no obstante lo que en él haya de criticarse o abandonarse- sigue siendo la teoría más fecunda para quienes están convencidos de la necesidad de transformar el mundo en el que se genera hoy como ayer la explotación y opresión de los hombres y los pueblos, (y) también un riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad. Y aunque el camino para transformar ese mundo presente hoy retrocesos, obstáculos y sufrimientos que, en nuestros años juveniles, no sospechábamos, nuestra meta sigue siendo que, desde nuestra juventud, hemos anhelado”.
Un recuerdo personal de don Adolfo: En 1983 los integrantes de los grupos Teoría y Política, Coyoacán y académicos de la UNAM, la UAM y otras instituciones, así como militantes de diversas organizaciones, redactamos un manifiesto llamado de los Marxistas Mexicanos, para ser publicado el 14 de marzo, al cumplirse el centenario de la muerte de Marx. Se reunió una pluralidad de firmas y dinero para la publicación del documento. La firma que faltaba, y la que más esperábamos era la de Adolfo Sánchez Vázquez, pero no teníamos un conducto directo para recabarla.
Me encomendaron contactarlo, lo que logré a través de Atilio Borón. Éste le habló y don Adolfo aceptó recibirme una tarde en su departamento de la colonia San José Insurgentes. Leyó el documento y comentó algo así como que le parecía demasiado ortodoxo y que no estaba de acuerdo en todo. Pero tomó la pluma y estampó su firma. Aproveché también para pedirle una dedicatoria en mi ejemplar de Filosofía y economía en el joven Marx, el libro que acababa de publicar en esos momentos. Accedió con agrado y la fechó precisamente así: \"14 de marzo de 1983. Centenario de la muerte de Marx\". Al salir, corrí al primer teléfono público para decir a los compañeros: \"Ya la tengo\". Se agregó su nombre, que si no mal recuerdo apareció encabezando la lista de firmantes en el desplegado a plana entera en Unomasuno al día siguiente.
Conservo aún esa copia con su firma. En 2004, cuando nuevamente visitó Morelia, Fernanda Navarro me invitó a comentar la edición corregida y aumentada de Filosofía de la praxis. Referí esta anécdota y le mostré al filósofo su firma en el manifiesto y su dedicatoria en mi libro. Sólo se sonrió sin hacer ningún comentario. Desde luego que no me recordaba. Don Adolfo ya no estará más con nosotros, pero nos ha dejado una vasta obra filosófica y política, rica en reflexiones orientadas a la emancipación de la clase trabajadora y un ejemplo personal de vida, de ética y de congruencia con su pensamiento.

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