Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
¡Mi cuerpo es mío!
Viernes 26 de Septiembre de 2008
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“Mi cuerpo es mío” es uno de los slogans que durante la década de los 60 identificaba al movimiento feminista, sin contradicción con los ideales del momento: los valores hippies de “amor y paz”, la lucha por los derechos civiles de Martin Luther King: la hermandad y el reconocimiento de la igualdad social, etcétera. Las luchas por el derecho al aborto y por el combate efectivo a la práctica de la violación (y los delitos sexuales), así como la conciencia de los derechos sexuales de las mujeres (la llamada liberación sexual) que caracterizaron este periodo, hicieron que el movimiento feminista lo utilizara como medio político de identificación social.
El tema de la apropiación del cuerpo es, por otra parte, el núcleo que concentra la definición del ser humano en la Modernidad. La conciencia del yo que se desplegó durante toda esta época, desde el fin del Medievo -con la recientemente fundamentada razón cartesiana- en la interrogación por el conocimiento, pasó por la revelación de la crítica marxista de la propiedad privada y del trabajo (la plusvalía como resultado de la fuerza de trabajo) -así como de su traducción liberal como despojo-, hasta alcanzar en el siglo XX plena significación en el cuerpo -a través del desarrollo de la estética, el pensamiento crítico y la filosofía de la afirmación (Nietzsche) y el vitalismo.
La, en ese momento, recién iniciada lucha de las mujeres supo verlo, y sobre todo supo expresarlo con toda la plenitud que podía comunicar un slogan que servía para referirse: tanto a la defensa del cuerpo femenino frente al ataque de la violencia y el abuso sexual, como al libre ejercicio de las decisiones que en tanto sujetos tomamos o podemos tomar (tanto los hombres como las mujeres). “Mi cuerpo es mío” expresa así tanto una defensa del ejercicio libre y voluntario de la sexualidad (y por ende una condena a la violación sexual), como el poder de decisión y control sobre nuestras capacidades reproductivas (sobre “nuestros cuerpos y nuestras vidas”), en el ejercicio consuetudinario de nuestros derechos; incluyendo los olvidados derechos sexuales y reproductivos.
La conciencia de sí de las mujeres, frente a su propio cuerpo, implica reconocer su condición de sujeto no alienado por el sistema. La idea concentra y expresa el principio del proyecto de emancipación humana del feminismo, que es compartido por el liberalismo desde la ilustración: la autonomía. Decir, para las mujeres, “mi cuerpo es mío” significa (algo tan simple y a la vez prácticamente imposible como) recuperar la posibilidad de usar la ropa que queramos usar sin ser censuradas. Tanto si nos apegamos a los criterios comerciales de la moda como si no; tanto si mostramos más, como si mostramos menos de nuestro cuerpo; hasta el día de hoy las mujeres pueden ser censuradas y cuestionadas (hasta públicamente) en cualquiera de los dos casos. Tanto por los moralistas de siempre como por los eternos vendedores de la moda y promotores de la exhibición (no de su propio cuerpo sino de las demás).
La intromisión al cuerpo del otro es uno de los agravios más flagrantes que pueden cometerse contra la dignidad humana y la social. La violación y todo tipo de violencia sexual, en tanto agravio al cuerpo del otro (a lo más íntimo de sí que, por ende, le pertenece) es un atentado a la humanidad misma; al sentido mismo de la apropiación de sí y, por ende, “la violación -como toda negación de la propiedad del cuerpo de las mujeres hacia sí mismas- es un delito político”. Esta es la conclusión del razonamiento feminista cuya premisa mayor da título a este artículo.
“Mi cuerpo es mío” significa defender el derecho inalienable a no ser molestadas ni violentadas en la intimidad de nuestro cuerpo. Pero también significa ejercer nuestra capacidad para decidir nuestro futuro y nuestro presente. Ser dueñas de nuestro cuerpo es, para comenzar, empezar a existir éticamente; y a vivir, no como conciencias abstractas, sin responsabilidad alguna de nuestras acciones, sino como cuerpos concretos plenos de posibilidades, riesgos y desafíos.
El rechazo o la negativa del Estado a dotar a las mujeres (media humanidad) a decidir por sí mismas sobre el significado y sobre el impacto social del ejercicio libre, responsable y autónomo de sus cuerpos (con la despenalización del aborto por ejemplo) -al limitar o negarles la posibilidad de su ejercicio de libertad moral, pero al mismo tiempo sin garantizarles su integridad, ni el respeto externo a la integridad de su cuerpo: frenando eficazmente el abuso sexual y todo tipo de violencia de género-, las excluye de la definición concreta de su ser como sujeto civil y moral, y consecuentemente de la posibilidad de una actuación ética; que es la garantía de respeto a sus derechos ciudadanos.
Ya lo hemos dicho: mientras las mujeres no sean dueñas de sus cuerpos no podrán serlo de ninguna otra cosa. Y los seres humanos no serán poseedores de su propio destino si su historia no pasa (tanto para los hombres como para las mujeres) por la apropiación del propio cuerpo, y el respeto al de los demás. No hemos entendido nada, ni podremos avanzar como humanidad, si no somos capaces de compartir y defender la verdad suprema de esta idea liberal…
rgcampos_61@yahoo.com.mx

La conciencia de sí de las mujeres, frente a su propio cuerpo, implica reconocer su condición de sujeto no alienado por el sistema. La idea concentra y expresa el principio del proyecto de emancipación humana del feminismo, que es compartido por el liberalismo desde la ilustración: la autonomía

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