Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Las muertes chiquitas
Domingo 9 de Mayo de 2010
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Mayo no es solamente un mes de puentes y de celebraciones alegres como el Día de la Madre o el Día del Maestro. En este mes se conmemora también, además del Día del Trabajo y las celebraciones patrias, el Día Internacional de Lucha contra la Mortalidad Materna, el 26 de mayo; el Día de las Mujeres por la Paz, el 24; y el 28, el Día por la Salud de las Mujeres. Es pues el mes de la madre mistificada, de la sacrificada, de la abnegada y la pasiva, pero también lo es de las madres reales: de las que mueren por falta de hospitales y carecen de servicios de calidad suficiente y competente; de las madres dolientes, luchadoras, vitales, angustiadas por la situación social que les toca afrontar junto a sus hijos; de las madres activas y creativas, las que tienen que trabajar porque las próximas generaciones de hijos no carezcan del lugar hospitalario que ha sido la madre tierra. Es pues un mes dedicado a homenajear a la fertilidad que, en plena primavera, tiene que vencer los obstáculos de un mundo concentrado más en la violencia destructiva cotidiana que en la capacidad generadora creativa que ofrece la potencia materna.
Más que celebrar a las madres con fiestas y regalos, simbólica o materialmente opresores, consumistas y frívolos, si las personas quisieran homenajear realmente a quienes “dan a luz” (hago notar la belleza de esta designación a las mujeres que realizan su capacidad biológica materna), bastaría con respetar y mantener el orden de paz y legalidad igualitaria por el que lucharon y murieron hombres y mujeres en quienes la potencia materna resultó superior a las limitaciones patriarcales de opresores en todos los niveles de la vida social. Bastaría que el amor a la vida que se expresa en el símbolo de la madre fuera real, para que las madres de este mundo se sintieran colmadas. Que pudiéramos estar tranquilas de dejar y de ver a nuestros hijos vivir en un lugar amable, hospitalario y generoso, sería el mejor regalo.
Pero el orden de desigualdad de la cultura patriarcal, especialmente la desigualdad económica y la exclusión educativa, limitan la posibilidad de que la misma maternidad sea vivida siempre, sólo como alegría. Los números de muerte de mujeres por problemas de salud sexual y reproductiva son muy altos, sin considerar el sub-registro debido a la limitación de las definiciones, como la de muerte materna al periodo de gestación, el alumbramiento y el posparto. En el año 2005, la mortalidad materna en Michoacán se ubicó en el séptimo lugar a nivel nacional; en el 2006 la mortalidad por cáncer mamario en el estado se ubicó en el lugar número 15 y por cáncer cérvico-uterino ocupó el lugar 17. Pero además las mujeres dedican gran parte de su vida a las tareas reproductivas; aun aquellas que no ejercen biológicamente esta capacidad, ya que también dedican tiempo y atención a la menstruación y a la menopausia. Por último no se puede aislar de la problemática de los derechos sexuales y reproductivos la posibilidad real y legal de interrupción del embarazo, ni las consecuencias de muerte de mujeres que existe en los casos en que es penalizada.
En fin, los procesos biológicos, como decía Simone de Beauvoir, invaden la vida de las mujeres. Y esto es un hecho que nos coloca en la necesidad de definir políticas sociales integrales que atraviesen las áreas de salud, educativas y laborales, en donde es imprescindible mantener la atención a las mujeres (madres y no madres). En el caso de los derechos sexuales y reproductivos, y ante la garantía de atención a la salud que caracteriza a cualquier sistema de gobierno democrático, es necesario que el derecho a la salud, que abarca la salud sexual y reproductiva de las mujeres, desarrolle un programa integral que permita erradicar la muerte absurda de mujeres por la mera aplicación de criterios patriarcales. Complementariamente, en procesos de vinculación con otros organismos sociales, se deberían implementar políticas universitarias de promoción de la investigación en este y en otros campos.
En el fondo este grande aunque imperceptible problema de los derechos sexuales y reproductivos expresa, si lo comparamos con la parafernalia del amor a la madre el 10 de mayo, la hipocresía de un mundo que dedica su esfuerzo más sostenido a la violencia y a la destrucción del otro, y finge valorar la experiencia del cuidado del otro, asignando simultáneamente su responsabilidad exclusiva a las mujeres. Por ello, con el fin de promover la atención de las instituciones a este tema de la salud sexual y reproductiva a la que las mujeres tenemos derecho, queremos impulsar la reflexión sobre el tema del placer, el dolor y la muerte de las mujeres, a través de la realización de un evento cultural que consiste en la exhibición de un documental de la artista española Mireia Sallares. Las muertes chiquitas, es el título bajo el que se concentra la presentación de conferencias, mesas redondas, la película del mismo nombre y una exhibición de fotografía. Todas las actividades se realizarán desde las 5:00 de la tarde, a partir del 17 de mayo y hasta el 27 de junio, en el Museo del Estado y en la sala Efraín Vargas de la Casa de la Cultura.

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