Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones Posmodernas
La esclavitud del siglo XXI
Domingo 4 de Abril de 2010
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La lucha de las mujeres por ser reconocidas en su condición de seres humanos, en igualdad de condiciones con los varones, tiene más de dos siglos. Desde el siglo XVIII, con la conciencia igualitaria que acompañó las luchas políticas de la modernidad y dio lugar a los hoy defendidos derechos humanos -aun no realizados plenamente- las mujeres encontraron en el discurso ilustrado moderno la vía de reconocimiento a su condición humana y a la igualdad social.
Desafortunadamente el discurso de la emancipación que las mujeres enarbolaron desde entonces ha sido frecuentemente reducido y distorsionado por quienes encarnan un poder relativo en el orden social de la dominación. Con tal de mantener en su vida cotidiana una posibilidad mínima de poder, varones y mujeres juegan el papel de dominantes y dominados simultáneamente y sirven al mantenimiento de un orden opresivo al conformarse con la pobreza de no ser los últimos en la cadena de la dominación del orden patriarcal.
Y es que, como decía agudamente Simone de Beauvoir a mediados del siglo XX: “Los intereses económicos no actúan solos. Uno de los beneficios que la opresión asegura a los opresores es que el más humilde de entre ellos se siente superior: un ‘pobre blanco’ del sur de los Estados Unidos tiene el consuelo de decirse que no es un ‘sucio negro’, y los blancos más afortunados explotan hábilmente ese orgullo. Del mismo modo, el más mediocre de los machos se cree un semidiós frente a las mujeres”; aunque de ello dependa mantener las ataduras que su propia condición de esclavo económico o cultural le obligan a mantener.
Actualmente encontramos que una de las formas de opresión más atroces que existen para las mujeres es la prostitución, a la que las mujeres que la ejercen se ven obligadas por razones económicas que les permiten sobrevivir y a la que llegaron a través de la trata de personas que realizan mafias delictivas económicamente poderosas. De forma similar a lo que ocurría hace cientos o miles de años con la esclavitud, las niñas y mujeres presas de la prostitución y la venta con fines de explotación sexual comercial no han encontrado, en los albores del siglo XXI, solución a la deshumanización que sufren.
Para quienes se ven sometidas a la tortura de la venta de su cuerpo, los derechos humanos no han significado más que un buen deseo, y no una realidad de la que puedan echar mano para alcanzar formas de vida dignas y humanas. Y no obstante que existen leyes e ideologías críticas, que se mantienen a través de las luchas de grupos cada vez más amplios de personas, el combate a la prostitución infantil, a la pederastia y a la venta y trata de personas con fines de explotación sexual comercial no ha cedido gracias al fenómeno omni-abarcador e intangible de la corrupción, que alcanza niveles insospechados.
El problema del uso abusivo del cuerpo de mujeres y niñas en la práctica de la prostitución también tiene como respaldo la indiferencia social y la participación directa de un sinnúmero de personas que alimentan esta forma de degradación humana; se trata de los clientes y de la sociedad toda que mantiene incuestionado el fenómeno absurdo e inhumano de la compra-venta del cuerpo de quienes no tienen otra alternativa para sobrevivir y resistir la pobreza y la miseria, en un mundo cuyos contrastes económicos ofenden la misma dignidad humana que acaba sometida a una cada vez mayor presión.
No satisfecho el abuso que desde hace milenios se realiza contra la dignidad de las mujeres (se dice incluso coloquialmente que la prostitución es el “oficio” más antiguo del mundo, obviando así el hecho inadmisible de la desigualdad económica que orilla a dicha práctica), nos encontramos hoy con que Cancún se ha convertido en el sueño de quienes se enriquecen con esta monstruosa forma de esclavitud humana que es la prostitución, hoy extendida de forma alarmante a los varones.
Según la investigadora de la Universidad de Quintana Roo, Karina Amador Soriano, Los jóvenes migrantes que arriban a Cancún en busca de oportunidades laborales se han convertido en el principal objetivo de quienes promueven la prostitución masculina en este destino turístico. Lo anterior lo expresó a fines del 2009, en una ponencia denominada “Turismo y prostitución masculina en Cancún”, que presentó dentro del Coloquio Universitario de Investigación realizado en su Universidad. La investigadora explicó en su ponencia que los jóvenes inmigrantes que llegan a Cancún buscando oportunidades de trabajo son insertados rápidamente en la prostitución como una opción para contar con ingresos. Resaltó que las ganancias aproximadas por semana por cada uno de los jóvenes dedicados a este oficio van de mil hasta seis mil pesos mexicanos. “En Cancún existe una diversidad de oferta o venta de sexo-servicio que se encuentra publicitada mediante internet, clasificados de periódico, servicios particulares o spa, y casas de masaje”, explicó.
La profesora investigadora del campus Cozumel, evaluó que de diez clientes (mayoritariamente varones), siete son turistas nacionales o extranjeros y tres son locales. Los turistas nacionales provienen principalmente de Tijuana, Ciudad de México, Guadalajara, Veracruz, Campeche, Michoacán, Mérida y los extranjeros de Estados Unidos, Canadá, Francia, Italia, Suiza, Argentina, Noruega y Japón entre otros.
Resulta terrible que en lugar de que el horizonte cultural de este nuevo siglo hubiera logrado, si no erradicar, al menos concretar un repudio generalizado a esa práctica injustificable el fenómeno de la compra-venta de personas con fines de explotación sexual se extienda a los varones. Probablemente, sin embargo, este fenómeno sea sólo el inicio de lo que en un futuro pudiera convertirse en una preocupación más amplia, compartida por las y los investigadores y por toda la sociedad, para combatir el fenómeno atroz de esta nueva forma de esclavitud que sobrevive en el siglo XXI: la compra y la venta de cuerpos de personas con fines de esclavitud sexual. El origen y motor de estos procesos siguen siendo, evidentemente, además de económicos, patriarcales.

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