Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones Posmodernas
Sexo y democracia
Domingo 7 de Marzo de 2010
A- A A+

Del 14 de febrero al 2 de marzo se realizó en la Ciudad de México la feria del sexo y entretenimiento, Expo-Sexo, como se viene haciendo desde hace seis años en el auge del gobierno panista. Con una asistencia aproximada de 120 mil personas y la presencia de “artistas” de cine porno, se venden “juguetes sexuales”, productos afrodisiacos, pornografía, espectáculos “reality porno” y hasta sexo. Bajo la apariencia de una liberalidad al nivel de países “más desarrollados”, México apertura su degradación pública sin que los agentes representantes de la “virtud social” hagan presencia (o tal vez lo hacen discretamente a título personal para adquirir lo que se oferta), como lo hacen respecto a temas de defensa de la dignidad humana: despenalización del aborto y derecho al matrimonio y adopción para personas del mismo sexo.
El asunto de la industria del sexo que reduce la libertad individual al ejercicio obsesivo de una sexualidad que se mide en dinero, no parece importarles. El límite de la moralidad, que se asusta de la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo y convierte en criminales a quienes aman a los de su mismo sexo, es la degradación de las mujeres y las niñas que son tratadas como mercancía por traficantes de otros bienes de consumo prohibidos y el dinero que esa industria produce. Es más fácil oponerse al ejercicio de la libertad individual de las personas que a toda la estructura ligada al crimen organizado de la trata de mujeres y niñas.
La cuestionable libertad capitalista del mercado alcanza a cubrir hasta la dignidad humana que se vende y se compra sin recato, en actos de promoción pública que las representantes de la vela perpetua, como la sobrina del presidente, no cuestionan. El dinero que mueve la industria de la degradación humana alcanza para definir como virtud pública hasta el delito de la trata de mujeres y niñas. La esclavitud que pervive desde tiempos inmemoriales hasta el siglo XXI, justificada como “oficio”, se disfraza de desarrollo y democracia, reduciendo la libertad de amar a compra-venta y la dignidad humana a sobrevivencia.
Paradójicamente el Estado que promueve actos jurídicos para evitar que las mujeres puedan elegir plenamente con quien y el momento de su descendencia; lo que haría del mundo un lugar de hijos y personas deseadas, amadas, elegidas; no se alarma de tener un burdel que se anuncia en espectaculares y en el Metro, en pleno centro de la Ciudad de México. Resulta contradictorio que en un país en el que los gobernadores se preocupan porque no se casen personas de un mismo sexo no se preocupen de que sus estados provean la “materia prima” de la industria del sexo, sin crear las condiciones económicas de igualdad que permitirían erradicar la trata, la pornografía y la prostitución infantil y adulta.
El control de las vidas de las personas a través del sexo, reprimido en otras esferas que lo convierten en pecado, es el Panóptico de vigilancia del que hablaba Foucault para caracterizar al poder de nuestro tiempo. Y es tan efectivo para tener contenida la posibilidad de rebeliones que muchas veces las mismas prostitutas creen que su vida es expresión de una verdadera elección. Para que lo fuera sería necesario depurar el ejercicio erótico en una auténtica expresión de libertad, sin coerciones ideológicas que lo convierten en tabú desde la infancia, de la presión económica que obliga a guardad la castidad de las mujeres “buenas” y castigar su libertad bajo el estigma de “malas”.
Devolver pues a las mujeres el control de sus cuerpos y sus vidas es la única manera en que el progreso humano retomaría su cauce de avance y crecimiento. El ejercicio autónomo y racional de la sexualidad arrebataría la libertad a las redes de esclavitud del sexo comercializado que convierte a los cuerpos en materia, carne sin alma, y a las personas en vulgar mercancía. La libertad de la que hoy sólo los traficantes gozan: proxenetas, tratantes, promotores turísticos, hoteleros, policías y matronas, se sostiene en la corrupción de todo lo que tocan. El año pasado México superó a Tailandia, convirtiéndose en la nación con el más alto nivel en turismo sexual, incluyendo la pornografía y la prostitución infantil.
Por último, es necesario que la igualdad económica vuelva a ser un valor político fundamental. Son las condiciones de seguridad económica, educativa, laboral y social las que eliminarían las condiciones acuciantes de necesidad que llevan a las mujeres en prostitución a creer que su actividad es producto de una elección personal. Si esto no se produce, los avances en igualdad sólo someterán a más jóvenes varones, cada vez más (como ya ocurre en destinos turísticos como Cancún), al mismo destino de vasallaje que representa la prostitución masculina.
Generalmente se piensa que el cuestionamiento a la prostitución deriva de una posición moralista. También se cree, por el contrario, que una postura liberal coincide plenamente con la defensa de la prostitución. Lo cierto es que el mundo no es blanco o negro y la prostitución es condenable por otras razones más que el conservadurismo moral: por la reducción del cuerpo de mujeres y niñas a objeto mercantil y por el despojo a los seres humanos de lo que más básicamente les debería pertenecer: su cuerpo. La deshumanización de clientes, vendedores y espectadores se expresa mediante la grosera transacción comercial que es capaz de traducir la capacidad de amar, lo más sublime que el ser humano posee, en lo más abyecto…

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

La Universidad Michoacana y la cuarta transformación

Aborto y humanidad

La cuarta república y la educación superior.

Política contra lodo en Michoacán

Madre Matria

La lógica del arribismo

Las mujeres en el primer debate

Sexualidad y destino…

La vida plena sigue

Género, amor y educación

Paternidad y masculinidad

Solidaridad social y creatividad

Violencia de género y prostitución

Límites de la comunicación

¿De quién son las instituciones?

Diferencia sexual y progreso civilizatorio.

Un aporte académico ante la violencia

Violencia y masculinidad

El peor de los pecados

México está de luto...

La lucha por la verdad: Yo soy 132

Valores

Mortalidad materna

Las muertes chiquitas

El encanto de un burka

Sororidad (II)

Sororidad (I)

La esclavitud del siglo XXI

Silencio cómplice

Sensatez legislativa

Certificación de la obscenidad

Sexo y democracia

Acción, discurso y pensamiento

Políticas de género y gestión transversal

Más panist… perdón, “más papistas que el Papa”

El gusto por el no

Tragedia y voluntad

Derechos humanos y Estado democrático

El valor de la eficiencia… poética

El verdadero peligro para México

El sentido presente de la historia

La tragedia de ser michoacano en el siglo XXI

Mujerismo = Retroceso

Cultura del miedo y (des)confianza en las instituciones

Anular el voto o no anularlo... he ahí el dilema

En Michoacán, ni un voto al PAN

Nueve años de barbarie

Embrollo y experiencia

El mundo al revés

El mundo al revés

El virus de la ineficiencia

Contra la demanda de prostitución (II)

Contra la demanda y la legalización de la prostitución (I)

«Durmiendo con el enemigo»

Fábula de la esperanza en rebeldía

Mujeres sabias: entre la teoría y la práctica

Las mujeres y el arte

El trámite más inútil

El negocio insano de la religión

Mientras tengamos zapatos…

La (i)rracionalidad económica y el espíritu de Navidad

Amor y autonomía

Simone Weil y la pasión por la filosofía

Autorreflexión y formación filosófico-feminista

Violencia de género e institucional

La capital mundial de la belleza

El cuento interminable del eurocentrismo

Violación y política

La cultura de hacer cultura

¡Oh la la, París!

La dialéctica del amor

2 de octubre, no se olvida

¡Mi cuerpo es mío!

¿Qué fue lo que pasó?

La dominación del cuerpo de las mujeres

Un corazón que late…

Vulnerados y vulneradores

Contra la homofobia en Michoacán

Feminización del trabajo y explotación

Miss Universo… y algo más

Avatares de una feminista en el siglo XXI