Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Más panist… perdón, “más papistas que el Papa”
Miércoles 17 de Febrero de 2010
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La semana pasada a partir de uno de mis artículos, que se publica semanalmente en la revista electrónica La Huesuda, en la revista impresa Los Periodistas y eventualmente en Cambio de Michoacán, y que se distribuye nacionalmente y en Latinoamérica a través de la agencia de noticias CIMAC, se suscitó en el blog una polémica inaudita en torno a un tema que no fue tratado en la colaboración de referencia.
El escrito sí aborda la trama de torpeza y cinismo gubernamental que el partido en el poder federal ha estado ensayando con los mexicanos desde hace diez años, y que se ha recrudecido en los últimos cuatro por un presidente que no llegó al poder más que a través del juego sucio e impúdico de su cuñado, semejante al que los parientes de Fox nos tuvieron tan acostumbrados. Las campañas políticas de tan negra elección fueron ejemplo de la descomposición política que se avecinaba y que sólo por ignorancia, nihilismo o interés personal, se han olvidado.
Pero el gobierno de Felipe Calderón (Fecal por abreviatura indefectiblemente) agregó al insulso y corrupto poder de Fox un elemento inadmisible en la, de por sí, carcomida política mexicana: el autoritarismo totalitario con el que enseñorea cada visita a Michoacán, o a cualquier sitio de un país tan doliente y ninguneado como lo está siendo México bajo la bota políticamente involucrada de la militarización.
Mediante la figura de “testigos protegidos”, incapaces de aportar pruebas que acompañen su palabra, la agencia federal investigadora tampoco fue competente para demostrar las acusaciones que hizo a funcionarios michoacanos; pero ante la evidencia de su ineptitud, hace el penoso pero peligroso ridículo de posicionarse por encima del Poder Judicial, al negarse a ofrecer una disculpa a los agraviados por acusaciones que no pudieron demostrarse.
La soberbia que caracteriza al gobierno federal del PAN en el momento actual es tan patente como lo fuera en su momento la arrogancia vulgar y asesina de Díaz Ordaz. De ese peligro totalitario, que se distingue abismalmente de la torpeza, la ineficiencia y hasta de la corrupción perversa de otros gobiernos, hablé en ese momento. Y para sustentarlo me referí a otro de los muchos ejemplos que tenemos de arbitrariedad física cometida contra quince jóvenes y adolescentes de Ciudad Juárez, que fueron asesinados por criminales encontrados significativamente muertos días más tarde.
Lo más grave de este terrible asunto es, sin embargo, la violencia verbal que aderezó los hechos en labios del secretario de Gobernación y el presidente de México. Antes que lamentar los acontecimientos y sin comprometerse a resolver el crimen, cometido presuntamente por paramilitares, censuraron a las víctimas acribilladas e increíblemente insinuaron su propia culpabilidad en el monstruoso crimen cometido a mansalva.
A los agravios que el gobierno federal del PAN comete; como aquel otro perpetrado en el cadáver de un narcotraficante no sometido a juicio y castigado con cárcel, sino acribillado y posteriormente ultrajado por las fuerzas encargadas de la seguridad pública, ha seguido axiomáticamente un descalabro oral que, si se sigue permitiendo sin cuestionamiento, seguirá conduciendo cada vez más cerca del fascismo que disuelve en la nada del cinismo el valor de lo público.
En la guerra emprendida contra el narcotráfico, Felipe Calderón y su gobierno se llenan la boca al definir como victoria el agravio permanente a los derechos humanos. Desde la muerte, hoy relegada por algunos, de la indígena nahua originaria de la sierra de Zongolica, Veracruz, Ernestina Ascensión Rosario, de 73 años, que en febrero de 2007 causó conmoción en México ante la acusación de violación y asesinato de varios militares del Ejército, determinada finalmente por quien nos gobierna como una muerte natural por gastritis sin implicaciones penales, su gestión ha estado signada por la humillación, el latrocinio, el escarnio, los ultrajes, la mancilla y la vejación constante a los habitantes de México.
No quería responder a la insistencia de hablar sobre otros temas, porque yo decido sobre qué escribo y tengo varios foros donde puedo expresarme. Los chats son un espacio para los lectores. No obstante es sorprendente la capacidad de olvido y distracción que se adoptan cuando la identificación con alguien o con algo es tan profunda. En el caso presente es necesario referirnos al hecho inimaginable de que en varios blogs haya quien defienda la vulneración evidente de derechos tan fundamentales como la presunción de inocencia.
Hoy más que nunca es necesario distinguir, porque son diferentes, la ineficiencia y hasta la corrupción (cuestionables y cuestionados por mí en otros momentos) del fascismo cínico que caracteriza al gobierno federal del PAN; ese que se revela en la forma brutal en que ha pulverizado el Estado de derecho pisoteando el laicismo, la división de poderes y distorsionando la función misma de las instituciones; eventos sistemáticos de la gestión panista de espíritu totalitario, que no se reduce a los dos casos con los que ejemplifico mi argumento.
Cierto que a los que son más papistas que el Papa les molestó escuchar estas verdades. Pero los directamente cuestionados entendieron tan claro sus dislates que, al menos en el caso de los asesinados en Ciudad Juárez, rectificaron y, aunque sea de dientes para afuera, hasta pidieron disculpas.


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