Eduardo Nava Hernández
Dos y dos no siempre suman cuatro
Lunes 8 de Febrero de 2010
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Sorpresiva y no, la noticia política de este inicio de año ha sido la de los acercamientos, con vistas a constituir alianzas electorales en diversos estados del país donde habrá elecciones, entre el PRD, la coalición centroizquierdista rebautizada ahora como Diálogo para la Reconstrucción de México (Dia) y el PAN. Después de tres años de descalificaciones recíprocas y enfrentamientos verbales entre ambos polos del cada vez más acromático espectro electoral, los enemigos amanecieron descubriendo que tienen más en común de lo que pensaban; o por lo menos que cualquier diferencia actual o pasada entre ellos puede ser relegada a un segundo plano de cara a un nuevo escenario, en el que el “peligro” mayor es el retorno del Partido Revolucionario Institucional al gobierno nacional en 2012 si se consolida en este año en una decena de estados en los que se disputarán gobiernos locales.
Para la derecha en el gobierno, el intento de frenar el aparentemente irresistible ascenso del PRI, aun a costa de aliarse con sus acérrimos enemigos, es una tabla de salvación en medio de la debacle que representaron los comicios intermedios de 2009. En su lógica: si se logra impedir que el tricolor conserve o recupere todos los gobiernos en juego en este año, será más fácil despachar luego a las expresiones que hoy expresan o dicen representar electoralmente al centro-izquierda. Pero para la izquierda -como proyecto, más que como una realidad actual- es una tragedia. Es una capitulación ideológica y política, y una confesión de impotencia ante los grandes problemas nacionales.
Pero no es sorprendente. Es simplemente una vuelta de tuerca más, otra raya al tigre, un paso más en la ruta del oportunismo pragmático y la renuncia a los principios y a la construcción de proyectos programáticos acordes con las necesidades de las mayorías, a quienes supuestamente el PRD y sus aliados del Dia tendrían que atender.
Decenas de artículos periodísticos y editoriales han descalificado esta vía suicida elegida por los dirigentes partidistas de la sedicente izquierda. Hay cuestiones de mucho fondo. Se trata, sí, de evitar el mayor fortalecimiento del PRI en las elecciones locales que con mucha probabilidad le allanaría el camino hacia la elección presidencial y legislativa de 2012; pero hasta hoy el eje del discurso perredista y de Andrés Manuel López Obrador había sido, con mucha razón, que el propio PRI constituye un bloque de poder en conjunción con el PAN actualmente en el gobierno, el tantas veces anatemizado PRIAN. Ahora resulta que el enemigo es sólo una de las alas de ese bloque y que es válido aliarse con la otra ala para ese objetivo, que es meramente electoral y de corto plazo, en tanto AMLO hace discreto mutis y, si bien anuncia que no acompañará a los candidatos que resulten de esas alianzas, no muestra ni de lejos la misma firmeza que el año pasado frente al acuerdo que el PT había concretado con el PRI en Nuevo León.
¿Cómo podrá denunciar el PRD al panismo el día de mañana si hoy está impulsando a sus candidatos en varias entidades como Durango, Hidalgo y Puebla? ¿Qué dirá ahora a las mujeres que han recibido de ese bloque la criminalización del aborto en cualquier circunstancia bajo el sofisma de la “defensa de la vida”? ¿Cómo en Oaxaca marchan junto con la fuerza que, desde el gobierno federal, permitió la represión sistemática urdida por el gobierno local que costó alrededor de 20 vidas al movimiento social (APPO) en 2006? ¿Qué política se aplicará en los estados donde se fragüen esas coaliciones, en caso de llegar éstas al triunfo? ¿Qué tiene que ver la nueva política con los resolutivos del XII Congreso (supuestamente refundacional), que señalaron hace apenas menos de dos meses una línea de alianzas a partir de “objetivos programáticos”?
Pero lo más grave es la renuncia del voluble y vaporoso ex bloque de centro-izquierda a actuar en el contexto de la actual crisis social económica y política con propuestas propias y alternas al rumbo señalado por el PRIAN para el país. La gravedad de la situación nacional en todos los órdenes haría no sólo recomendable, sino urgente, generar desde abajo esas alternativas, así como escenarios de debate lo más amplios que fuera posible. Pero no, todo queda en conquistar electoralmente algunas posiciones arrebatándoselas al PRI para entregárselas seguramente, en la mayor parte de los casos, al PAN, como con anterioridad ocurrió en Nayarit y Tlaxcala, o para encaramar gobernadores acomodaticios que habrán de subordinarse -como en Chiapas, Guerrero, Baja California Sur, etcétera-, al gobierno federal otrora calificado de “espurio” e “ilegítimo”.
La pregunta clave es si los electores caerán en el garlito. Es decir, si apoyarán realmente esta lógica de claudicación y las alegres cuentas que hoy hacen en el nuevo PRDAN se cumplirán. Hay sumas que restan, y bien podría ser el caso. En política, la aritmética no es una ciencia exacta, ni siempre dos más dos dan cuatro.

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