Miércoles 20 de Enero de 2010
A- A A+

Los medios de comunicación no han dejado de alertarnos sobre la gravedad del desastre natural, empeorado al máximo por la influencia de la incompetencia y el saqueo que desde hace siglos sacude al país más pobre de Latinoamérica. Sobreviviendo con el equivalente de un dólar al mes la mayoría de sus habitantes (el 80 por ciento); con una alta tasa de analfabetismo (del 50 por ciento en las mujeres y 54 por ciento en los varones); y viviendo en el desempleo más del 60 por ciento de su población, Haití no estaba preparado para recibir un golpe de la naturaleza de tales dimensiones.
Con el dolor personal de conocer a una de las luchadoras sociales feministas de aquel país, Messadieu Guylande, quien en la última reunión de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas, de viva voz, hizo saber al resto de las representantes de Latinoamérica las condiciones atroces en las que sobrevivían al patriarcado las haitianas; además de saber que en ese país el índice general de pobreza es del 70 por ciento y la esperanza de vida de 53 años, el acceso a agua potable de 54 por ciento y uno de los más altos índices de mortalidad infantil; debemos sobreponernos a la desolación compartida y buscar, mediante el análisis racional, la posibilidad de encontrar en la palabra recursos de sobrevivencia y de creatividad que hagan más soportable y comprensible la terrible realidad.
Escribo esto con el corazón estrujado en medio de mi pecho, con el fin de hacer justicia al pasado y ojalá al futuro de la que fuera la primera nación en realizar una revuelta de esclavos y esclavas en el continente. Revuelta que logró sacar de América a las tropas de Napoleón en 1804, lo que la convierte, como dice María Suárez Toro (Rostros de la mitigación y de las pérdidas), en “la más discriminada y a la vez históricamente la más preclara resistencia durante el tiempo de la primera ola de colonización europea y eurocentrista de hace 500 años”.
Sin embargo, a pesar de ser ésta la primera nación en convertirse en República en el continente y la segunda en adquirir su independencia; el pueblo por el que en la región se inició la adopción de la Declaración de los Derechos Humanos de la Revolución Francesa; tanto visualmente, en la mayoría de las fotografías que nos llegan, como en las narraciones de la prensa, sólo se habla de saqueos, rapiña y de una violencia creciente que siendo verdadera no le hace justicia a uno de los pueblos más dolientes y heroicos del hemisferio.
Desafortunadamente, además de hacer incompleta la imagen de la realidad haitiana, el énfasis puesto en las acciones desesperadas por el hambre más que en los ejemplos de resistencia hoy convertida en solidaridad inimaginable, vuelve más cruenta la realidad que se vive en esta pequeña isla francófona de 27.750 kilómetros cuadrados de superficie, con una población de un poco más de ocho millones 300 mil personas.
A través de la información que recibimos por medio de la red, transmitida por mujeres dominicanas, como la luchadora social Sergia Galván, que han establecido nuevas y fortalecido las redes de apoyo existentes, estamos en el deber de informar que, con toda la situación desesperante, no todo es latrocinio; que a pesar de la depredación y hoy el desorden causado por siglos de desgobierno y de saqueo y rapiña que permanentemente habían soportado las y los haitianos, la solidaridad de quienes sobreviven, sobre todo mujeres expertas en sortear y soportar adversidades, no deja de mostrarse.
La heroicidad humana y el impulso vital no han dejado de expresar en Haití la íntima vinculación que los seres humanos tienen con lo divino, sea esto concebido como la paciencia, la solidaridad o el ingenio de sobrevivencia que, aun en condiciones tan lacerantes como las que viven nuestros hermanas y hermanos haitianos, y siendo todavía insuficiente para salvar la crisis, no ha dejado de producirse. En la capacidad sobrehumana e inédita de sobreponerse al dolor de la muerte y en esa denodada lucha que los medios muestran como agravio a su condición de indigencia, habremos de saber encontrar el ejemplo de una capacidad de resistencia que hoy se muestra en su faz más terrible y que es producto del despojo absoluto que han sufrido.
Ojalá pronto sepamos y podamos informar que, después del dolor y de la muerte, la restitución del Estado ha pasado primero por la del pueblo haitiano, con toda su dignidad histórica y el decoro de su grandeza.

Sobre el autor
Comentarios
Columnas recientes

La Universidad Michoacana y la cuarta transformación

Aborto y humanidad

La cuarta república y la educación superior.

Política contra lodo en Michoacán

Madre Matria

La lógica del arribismo

Las mujeres en el primer debate

Sexualidad y destino…

La vida plena sigue

Género, amor y educación

Paternidad y masculinidad

Solidaridad social y creatividad

Violencia de género y prostitución

Límites de la comunicación

¿De quién son las instituciones?

Diferencia sexual y progreso civilizatorio.

Un aporte académico ante la violencia

Violencia y masculinidad

El peor de los pecados

México está de luto...

La lucha por la verdad: Yo soy 132

Valores

Mortalidad materna

Las muertes chiquitas

El encanto de un burka

Sororidad (II)

Sororidad (I)

La esclavitud del siglo XXI

Silencio cómplice

Sensatez legislativa

Certificación de la obscenidad

Sexo y democracia

Acción, discurso y pensamiento

Políticas de género y gestión transversal

Más panist… perdón, “más papistas que el Papa”

El gusto por el no

Tragedia y voluntad

Derechos humanos y Estado democrático

El valor de la eficiencia… poética

El verdadero peligro para México

El sentido presente de la historia

La tragedia de ser michoacano en el siglo XXI

Mujerismo = Retroceso

Cultura del miedo y (des)confianza en las instituciones

Anular el voto o no anularlo... he ahí el dilema

En Michoacán, ni un voto al PAN

Nueve años de barbarie

Embrollo y experiencia

El mundo al revés

El mundo al revés

El virus de la ineficiencia

Contra la demanda de prostitución (II)

Contra la demanda y la legalización de la prostitución (I)

«Durmiendo con el enemigo»

Fábula de la esperanza en rebeldía

Mujeres sabias: entre la teoría y la práctica

Las mujeres y el arte

El trámite más inútil

El negocio insano de la religión

Mientras tengamos zapatos…

La (i)rracionalidad económica y el espíritu de Navidad

Amor y autonomía

Simone Weil y la pasión por la filosofía

Autorreflexión y formación filosófico-feminista

Violencia de género e institucional

La capital mundial de la belleza

El cuento interminable del eurocentrismo

Violación y política

La cultura de hacer cultura

¡Oh la la, París!

La dialéctica del amor

2 de octubre, no se olvida

¡Mi cuerpo es mío!

¿Qué fue lo que pasó?

La dominación del cuerpo de las mujeres

Un corazón que late…

Vulnerados y vulneradores

Contra la homofobia en Michoacán

Feminización del trabajo y explotación

Miss Universo… y algo más

Avatares de una feminista en el siglo XXI