Eduardo Nava Hernández
Mercedes Sosa: una voz al servicio de la conciencia
Lunes 12 de Octubre de 2009
A- A A+

Así la definió su amigo y biógrafo Rodolfo Braceli. Ahora se ha ido y ¡Cómo nos duele pensar que no volverá a vibrar su prodigiosa voz; que no podremos volver a escucharla en vivo ni a saber o confiar en que en alguna parte del mundo, más probablemente en América Latina, ya sea en los grandes escenarios o en los auditorios universitarios, ella esté compartiendo su serena y maternal pero siempre firme presencia para difundir la certeza de que el mundo puede ser mejor!
No podrá más La Negra romper el silencio recordándonos que los oprimidos y los ultrajados de siempre están aquí y allá, siempre, y que siempre tienen algo qué decir, algo qué aportar en rebeldía o en sensibilidad a la conciencia del mundo.
Mercedes Sosa nunca cantó por cantar. No importa si por azar o por preferencia uno selecciona cualquiera de los cientos de sus canciones, siempre se encontrará en ella un contenido irrebatible y una belleza profunda, difíciles de encontrar con la misma constancia en cualquier otro intérprete musical. No hay una sola de las piezas de su repertorio que no pueda pasar por el tamiz de la poesía y de la excelencia musical. No hay una que no transmita la fibra del pueblo argentino o del de alguna otra nación latinoamericana.
Pude escuchar a Mercedes Sosa unas dos veces, quizás tres, en el Auditorio Che Guevara de Filosofía; también la escuché en el Palacio de Bellas Artes y en la Sala Netzahualcóyotl y en el Auditorio Nacional, todo ello durante la década de los 70. Sé que cantaba también, con la misma energía, a la intemperie de la plaza pública y que disfrutaba de la misma manera frente a cualquier público que apreciara sus canciones. Coreábamos con ella, los jóvenes de entonces, Balderrama; y nos levantábamos para entonar, como un himno, el Hermano, dame tu mano tratando de que el canto nos guiara a buscar “esa cosa pequeñita que se llama libertad”.
Al final de su fértil vida, dos hechos polémicos convirtieron a doña Mercedes en blanco de acerbas críticas, incluso de quienes siempre la admiraron. Uno fue su visita a Israel en octubre de 2008, cuando se endurecía la política de asedio y cerco contra el pueblo palestino en Gaza y seguramente se preparaba la masacre que horrorizó y enlutó al mundo entero unas semanas después. Frente a las críticas, ella declaró que no iba a apoyar a nadie sino a cantarle a un pueblo; y es seguro de que iba convencida de que, no importa cuál fuera su público, su canto no reforzaba en modo alguno las tendencias guerreristas sino que portaba un mensaje de paz.
El otro hecho fue su público apoyo al empresario menemista Mauricio Macri como candidato a gobernador de Buenos Aires en 2003, pese a las públicas críticas que Sosa había externado siempre contra Menem. Pero aun sus errores no empañan una trayectoria musical y sin duda política que durante medio siglo llenó de luz con su voz la opaca y desesperanzada realidad de su país y de América Latina. La voz que nos enseñó que “merecer la vida no es callar ni consentir tantas injusticias repetidas. Es una virtud, es dignidad y es la actitud de identidad más definida”, porque, nos instruyó, no es lo mismo vivir que honrar la vida.
Por eso y por muchas cosas más que para generaciones varias Mercedes Sosa encarnó, es que no se borrará por mucho tiempo su mensaje de la memoria de quienes la vimos y nos formamos o crecimos física y moralmente con ella, un mensaje que es seguro se transmitirá a nuevas generaciones. Por ahora, su voz se ha llenado de silencio, la cantora ha callado, y con ella calla la vida. Pero no en todos los sentidos. Mucho antes lo anticipó su copla en la Zamba para no morir, de Lima Quintana, Ambros y Rosales: “Mi razón no pide piedad, se dispone a partir. No me asusta la muerte ritual, sólo dormir, verme borrar. Una historia me recordará, vivo. Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy. Con el cuero asombrado me iré, ronco al gritar que volveré repartido en el aire al cantar. Siempre”.

Sobre el autor
PENDIENTE
Comentarios
Columnas recientes

La prueba salarial del gobierno lopezobradorista

Doce tesis acerca del 1968 mexicano

El núcleo de la corrupción en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: marchas, opacidad y fraude a la nación

La primera insurrección socialista en la historia de México

Donald Trump ante López Obrador

Elecciones: el bloque de poder en disputa

La recta final, elecciones al borde del riesgo

Presea de ignominia y afrenta a la universidad

La Universidad, el Congreso y la memoria

Lo que el debate no se llevó

La sombra del fascismo en la Universidad Michoacana

Universitarios, ciudadanos y el fraude que viene

El TLCAN, Trump y el dilema salarial

Cómo malograr impunemente una institución benemérita y centenaria

El pragmatismo en la política mexicana

Transición a la dictadura

La Universidad Michoacana en la encrucijada

La candidata del Congreso Nacional Indígena y el EZLN

El futuro del Frente Ciudadano por México

La Propuesta Aguirre para la Universidad Michoacana

El INE hacia 2018

Efrén Capiz y Eva Castañeda

Gobernar con el cinismo

Maquiavelo en el Estado de México

Rebelión de los trabajadores de Walmart

La Universidad Michoacana bajo fuego

Natalio Vázquez Pallares, México y la segunda posguerra

Fuerzas Armadas: coerción y politización

Seguridad interior y militarización, un horizonte no deseable

Donald Trump, México y la tormenta perfecta

La crisis financiera de la Universidad Michoacana

Huelga de hambre en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: el regreso de la represión y las expulsiones políticas

La toma en la Universidad Michoacana

La beligerancia de la clase empresarial mexicana

La crisis múltiple del régimen político

De víctimas y déficit de atención

Crisis multifacética y vías de acción popular

Guerra contra el magisterio

Cherán: entre la utopía y la institucionalización

Por qué defender las jubilaciones en la Universidad Michoacana

Universidad Michoacana: quebrantar la huelga

Segundo acto: La represión

Ayotzinapa: ¿qué sigue?

El tercer mundo no es un mundo de tercera

Cinismo destilado

Guerra antipopular prolongada

La segunda fuga de El Chapo: ¿Estado paralelo o narcoestado?

El régimen canallesco y las sublevaciones que vienen

El terror y el gobierno que no nos merecemos

Tiempo de crispación

Iguala, la sociedad política y el freno de la historia

Tlatelolco, Tlatlaya, Iguala…

La consulta del PRI sobre plurinominales, una nueva amenaza a la democracia

La crisis de representación y la autodefensa social

Recuento de daños

Cherán y el futuro de las autodefensas

El despropósito del desarme

“No dialogar bajo presión”

Autodefensas: el principio del fin

Universidad Michoacana: un conflicto nada gratuito

Pluralidad de poderes y legitimidad en Michoacán

Cierre de ciclos inconclusos

La entrega petrolera

2013: Rosa Luxemburgo revisitada

La División del Norte en 2013

Los Sentimientos de la Nación

El monólogo del poder y la resistencia social

Reformismo febril e ingobernabilidad

El cerco a San Lázaro: dique al autoritarismo legislativo

Entrega del petróleo y conciencia nacional

Arlen Siu como motivo: un recuerdo y una reflexión

Reforma petrolera: ¿Unión o desunión social?

Francisco Field Jurado, defensor del petróleo mexicano

El petróleo, la batalla que viene

El Pacto por México, cadáver insepulto

La consagración de la primavera: barbarie y revolución

Evaluación educativa e insurgencia magisterial

El intento de reconstrucción del presidencialismo omnipotente

El Gordillazo: sismo sin réplicas

Universidad Michoacana: la huelga de la opacidad

El zapatismo en los tiempos de la restauración priísta

El 1 de diciembre y las izquierdas

El rumbo incierto de las izquierdas

Ante la insurgencia social, ¿contrainsurgencia oficial?

De casas del estudiante, albazos y miseria presupuestal

Universidad Michoacana: la violencia y el Consejo de la infamia

Universidad Michoacana: reconstruir la comunidad

La ley, la gracia, la verdad

La transición mexicana: entre Montesquieu y Monex

México: la democracia granuja y el síndrome de Watergate

“Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad”

Institucionalidad o ilegalidad

PRI, regreso sin gloria

El voto nulo y la abstención fortalecen la partidocracia

La elección se cierra

#yosoy132: el retorno de los jóvenes

La primavera estudiantil contra la reversión democrática

Casas del estudiante y crisis universitaria

El asalto a la Universidad Michoacana

Un atentado mortal contra el cooperativismo

Saldos y desafíos de la visita papal: México y Cuba

Lo que la partidocracia es

Tiempo de intercampaña y judicialización política

Noventa y cinco años de la Constitución y los trabajadores

Oaxaca: matar para defender al capital

El informe de la CNDH sobre Chilpancingo

2012: 50 causas para la indignación

Chilpancingo, la violencia de Estado

Las izquierdas después de Michoacán

Gobierno de coalición y proyectos de nación

El método del “mejor posicionado”

Degradación de la justicia en la Universidad Michoacana

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: la historia negada

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

Genovevo Figueroa: los hechos de 1989

PRD Michoacán: fin de ciclo

Un recuerdo para Adolfo Sánchez Vázquez

El bloque de poder, la debacle y la izquierda electoral

Del pacto de Juárez al diálogo público

Cinco años de impunidad, no de olvido

Llegando al límite

PAN y PRI: precarizar el trabajo

Las alianzas estratégicas

Anexión de baja intensidad

La tragedia del PRD y la izquierda mexicana

A diez años de la fuga del Chapo

El eterno problema del transporte

UM: pasmo, farsa y retroceso

La Universidad Michoacana en su laberinto

Elogio de Lula

1810: la insurrección popular

El mensaje presidencial y el de la muerte

Ya no, Cayetano

Desincorporación o interés público

La huelga de hambre

El rector José Narro ante la UM

El Gran Hermano del neoliberalismo

La acometida contra el trabajo

La lucha sigue

Acuerdos bajo la mesa y crisis política

Dos y dos no siempre suman cuatro

Para 2010: Reforma, libertad, justicia y ley

El CUPIA, la toga y la soga

El SME y el movimiento social

Sólo el Estado (de excepción)

El protofascismo en acción