Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Derechos humanos y Estado democrático
Miércoles 12 de Agosto de 2009
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Como parte de un diplomado en Políticas de seguridad, género y derechos humanos que se imparte a la Secretaría de Seguridad Pública, a través del Centro Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UMSNH, el doctor Juan Antonio Cruz Parcero coordinó el taller denominado “Derechos humanos y Estado democrático”. En él se describió una breve historia de la consolidación de los derechos humanos, enfatizando los aspectos prácticos en los que un Estado democrático puede y debe incidir para mantener su vigencia y respeto. En el ámbito de la seguridad pública, que es una de las áreas en donde específicamente se mantiene la atención en torno al cumplimiento de los derechos fundamentales, se analizó la necesidad de reconocer el carácter ineludible y positivo de una actuación impecable de las fuerzas de seguridad ciudadana, así como el necesario respaldo que éstas deben tener por parte de otras áreas de gobierno para lograr obtener el apoyo de la ciudadanía.
Un pueblo educado, igualitario, próspero y justo, se dijo, no necesita que exista un gran cuerpo de seguridad, puesto que los agravios y las faltas entre las personas son lo que obliga a la existencia de un mayor número de elementos en las fuerzas de Seguridad Pública. Las inadmisibles medidas represoras de esas fuerzas son resultado de la falta de coordinación entre las múltiples responsabilidades que tienen que cumplir los gobiernos. Así, una represión contra estudiantes que protestan por falta de alternativas de educación; contra campesinos por conflictos inter-comunitarios o de deslinde de tierras; contra protestas de índole laboral, o para reprimir la expresión de demandas ciudadanas cualquiera no deberían atenderse directa e inmediatamente con fuerzas policiales, sino prontamente a través de las áreas de competencia involucradas; las mismas que estarían obligadas a cumplir y atender las necesidades sociales, antes que dejar crecer o crear los problemas como muchas veces pasa. Ejemplos claros de esto último son los casos de protestas, para exigir justicia, que efectúan las madres y familiares de los bebés muertos en la guardería ABC de Hermosillo, o las de los infantes desaparecidos en albergues como el de Casitas del Sur, que, a pesar de esos hechos, aún siguen siendo subvencionadas por el Estado.
El caso es que, acostumbrados como estamos a analizar los problemas de manera aislada, identificamos el tema de la inseguridad pública con el área policial y responsabilizamos de la seguridad ciudadana a fuerzas policiales en las que ni siquiera confiamos. Dejar la tarea de garantizar la seguridad de la ciudadanía exclusivamente en manos de la policía implica paradojas como la de reducir al Estado a un Estado policiaco y persecutor, y conformarnos (sin estar dispuestos a aceptar el ejercicio de la violencia sobre nosotros mismos) al carácter represor de la fuerza pública; con lo que también desacreditamos a las instancias en las que simultáneamente delegamos la responsabilidad de nuestra protección.
Debemos entender que la seguridad ciudadana no depende sólo del área de Seguridad Pública sino de las condiciones económicas, políticas y culturales que permitan un desarrollo sano de la vida social y, sobre todo, del trabajo eficiente que integralmente realicen las áreas de gobierno correspondientes. Esto significa que se deben atender las insuficiencias sociales responsablemente y obliga a la necesidad de diseñar y aplicar políticas integrales de prevención y de participación social, cuyo marco de despliegue sea eficiente y honesto y sus metas el desarrollo humano. Tampoco el desarrollo económico es por sí mismo suficiente para garantizar el desenvolvimiento de las capacidades creadoras de hombres y mujeres en la sociedad, y sí ha sido probablemente, al reducir la concepción del desarrollo al nivel meramente material del progreso, el motor de la descomposición sociocultural y gubernamental en la que vivimos.
La Secretaría de Seguridad Pública en el Estado se esmera en atender sus responsabilidades directas de manera eficiente y en prepararse para ello, pero si el resto de las dependencias gubernamentales continúan sin apoyarla simplemente en el cuidado y cumplimiento de las satisfacciones mínimas que, como instancias responsables de los ámbitos sociales, culturales, educativos, políticos y laborales deben cumplir, poco se logrará avanzar en la tarea comprometida de crear ciudades seguras.
La mejor manera en que el Estado democrático puede garantizar el respeto a los derechos humanos es cumpliendo con su obligación de formar ciudadanía responsable, proveyendo a las y los ciudadanos con los recursos básicos de vivienda, salud, educación y cultura; creando empleos bien remunerados; fortaleciendo los mecanismos obligados de prestaciones sociales y estableciendo reglas mínimas de respeto entre particulares a través de las leyes, que las mismas instituciones deben cumplir. Pero también promoviendo procesos de igualdad y respeto que permitan una convivencia social plena. El desarrollo humano, en contextos de crisis económica y social, es un proceso que no requiere tanto de recursos económicos como de talento y capacidad, pero sí, sobre todo, de empeñar en ello toda la voluntad…

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