Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
El sentido presente de la historia
Miércoles 22 de Julio de 2009
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El estrepitoso fracaso del Partido Acción Nacional en el último proceso electoral es resultado del incontenible, aunque aún frágil, avance social. El empeño puesto en la articulación de estrategias aparentemente distintas como introducir la propuesta de reforma constitucional por “el derecho a la vida desde la concepción” e irrumpir abrupta e inconstitucionalmente en las instituciones de una entidad federativa gobernada por el partido de izquierda bajo el argumento del combate al crimen, persiguen el mismo fin del que el acceso al poder es sólo un medio: retrotraer la vida social de nuestro país y someterla a una visión transhistórica comprometida con la tradición religiosa del Medievo.
Ese es su proyecto político. No es que en el PAN no existan sujetos capaces de actuar como si tuvieran hambre. A pesar de ser generalmente individuos con recursos económicos bastos, muchos de ellos siguen siendo insaciables; pero su objetivo ideológico como grupo es claro: imponer a todos su particular visión del mundo. El éxito parcial de su intento estratégico de modificar la Constitución en los estados, logrado en trece de ellos (aunque su objetivo era llegar al menos a 17 con el fin de revertir los avances sociales consolidados durante siglos y tener las condiciones para poder modificar nuestra Carta Magna), manifiesta su desprecio al Estado laico y su intención de aprovechar al máximo su estancia en el poder.
Pero ante el fracaso contundente que le representó Michoacán en este tema y sobre todo (aunque el rechazo de los votantes nos permite interpretarlo expandido a todo México) en su intención perversa de desacreditar a un gobierno emanado democráticamente y que (a pesar de su presidente y la corriente que lo sostiene) representa las fuerzas ideológicas más progresistas del país, se expresó después una enfermiza desesperación por su ineludible pérdida del poder. De ahí su insistencia en promover sin pruebas la suspicacia contra Leonel Godoy, uno de los militantes más consistentes y coherentes del PRD, y en mantener la sospecha creada ocupando militarmente el Estado sin la coordinación estatal necesaria y obligada con el gobierno.
No es que el gobernador de Michoacán no tenga peros, como prueba de sus desaciertos están la pésima selección de su gabinete y la obcecada tenacidad con la que gusta de mantener sus decisiones. Pero a pesar de las pruebas reiteradas de ineficiencia de sus colaboradores es innegable su limpia trayectoria personal de luchador social. Lo peor del intento de enlodar su gobierno es el efecto que a todo Michoacán acarrea en términos de descrédito y tensión social. Lo peligroso para todo México y Latinoamérica es el sesgo fascista de las acciones emprendidas y el totalitarismo en ciernes que evidencia.
Como si la situación actual no tuviera raíces históricas profundas y vínculos con otras latitudes, la guerra sostenida se dirige aisladamente sobre un único frente, y se olvida la influencia y participación directa de otros posibles frentes que se prefiere mantener como aliados, a riesgo (entre otras cosas) de pérdida de soberanía. El aprovisionamiento de armas estadounidenses y la demanda de droga de este mismo país son dos ejemplos. El enemigo a vencer no es la ciudadanía, que son quienes tenemos que aceptar una ostentosa militarización que en sí misma no garantiza resultados y soportar la arbitrariedad policiaca ante la criminalización que se ha hecho de los michoacanos.
Nadie desconoce que el crimen organizado ha penetrado las altas esferas del poder; las fuerzas de seguridad de ningún gobierno han sido impermeables a la corrupción promovida desde la delincuencia (de ahí su fuerza, su amplitud y contundencia). Por ello los gobiernos de cualquier filiación deben someterse antes que nadie al imperio de la ley. Combatir el crimen ilegalmente y sin atención a la corrupción interna de sus propias filas no es aplicar la ley sino pretender encarnarla. Desde la posición de poder que Calderón ocupa, él mismo no puede situarse por encima de ella, ni extender este privilegio a su partido (quien promueve ingobernabilidad al inculpar de ella).
Acusar sin pruebas, aprehender para obtenerlas, inducir sospechas, filtrar información, juzgar fuera de juicio, condenar en los medios, son prácticas autoritarias que, una vez aceptadas para algunos, amenazan con riesgo para todos. A pesar del carácter organizado del crimen que se combate se debe perseguir a los individuos involucrados de cualquier esfera, no estigmatizar a los partidos a los que pertenecen ni a algunos gobiernos, mucho menos a un único Estado. El exterminio nazi comenzó señalando a los judíos y definiéndolos primero como “exterminables”. Una vez obtenido el consenso, el acto fue automático…

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