Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Mujerismo = Retroceso
Miércoles 8 de Julio de 2009
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La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha dado muestra una vez más de servilismo político al avalar de facto el proceso cuestionado de designación de la rectora en la UMSNH, con el hecho de rechazar la demanda de amparo promovida por varios ex candidatos a la Rectoría, bajo el argumento de que los ex rectores no violaron ningún derecho porque no son autoridad alguna. Con ese acto que simultáneamente niega la autoridad de un grupúsculo de personas no reconocidas efectivamente por nadie y que a la vez respalda implícitamente los actos realizados por dicho grupo, a través de una resolución que rompe la posibilidad de democratizar legalmente el proceso de elección de la autoridad universitaria, se avala la visión anacrónica de un poder absolutista que rige en la academia.
El caso de Silvia Figueroa -como el de otras autoridades impugnadas (léase Fecal)-, quien ha buscado legitimarse posteriormente a su designación incansablemente señalada tan espuria como el cuerpo inadmisiblemente aristocrático que la impuso, se ha resuelto políticamente en una contradicción performativa capaz de avasallar la lógica y cualquier rigor legal y de sentido común, dentro de un margen democrático. Asentando las bases de jurisprudencia de una democracia ausente en los criterios y principios de actuación de la Corte, la rectora Sifiza se ha envanecido en un cargo para el que ha demostrado sagacidad política, pero no compromiso con el avance de la Universidad.
Ante su falta de legitimidad, la señora Portillo le ofrece desde la Secretaría de la Mujer la Presea Eréndira, creada para ser otorgada a quienes hayan hecho aportes a la igualdad entre hombres y mujeres, aunque “la hermana de” no tenga más mérito que haber sido elegida por razones políticas para dirigir la Universidad a su antojo por una casta artificiosamente privilegiada, asimismo carente de legitimidad, que representa la peor forma de tiranía autoritaria finalmente patriarcal. Mientras su aliada se auto-nombra profesora sin serlo, avalada por la doctora que a pesar de representar una instancia educativa olvida (o prefiere ignorar) que ostentar títulos que no se han adquirido es un delito penal.
Hace meses que, como nadie que valga la pena las reconoce (y cómo reconocerlas, si las dos han presumido siempre de sí mismas, orgullosas, de ser antifeministas) han decidido legitimarse a sí mismas, una a otra, bajo el pobre argumento del abundante número de universitarias y trabajadoras; como si la progresiva participación social de las mujeres en el desarrollo fuera mérito de ellas. Incapaces ambas de concebir por sí mismas una idea original, se apropian de proyectos que una vez rebajados a su mínimo nivel les permiten lucir una falsa apariencia de trabajo y de interés por la igualdad de género y el avance de las mujeres.
Recientemente las dos empobrecidas instituciones que representan han emitido una convocatoria para premiar las tesis que tengan “perspectiva de género”. Pero de forma insólita en un certamen de esta naturaleza, la convocatoria (distribuida selectivamente, seguramente por vergüenza de la oscura rectora) establece que quienes soliciten participar tendrán que presentar una carta dirigida a “su serenísima” profesora falsa. ¿Cuándo se había visto semejante soberbia: que para organizar un lastimoso y discriminatorio concurso de diez y 20 mil pesos de premio se establezca en las bases que, quienes han elaborado un trabajo académico durante meses o años para obtener un grado que “la pretendida alteza” promotora del concurso sueña con poseer, tengan que dirigir su solicitud casi hincadas; nombrando al titular del organismo con nombres y apellidos (incluido el título ostentado pero nunca mostrado)?
La ignorancia y el poco mundo (además del bajo perfil) de una y el compromiso interesado de la otra se exhiben en esa aspiración que demuestra que si no se autonombran no existen. Pero lo realmente insultante de la convocatoria es lo minúsculo de los premios que se ofrecen. Bastaría con que alguna de las dos promotoras se desprendiera de un mes de su jugoso salario para que el esfuerzo de certificarlas valiera algo la pena. El gesto de renunciar a un mes del salario que sin remordimiento se llevan a la bolsa mes con mes aumentaría significativamente el monto de los premios y serviría para dignificar el trabajo de investigación, al mostrar una verdadera valoración por el esfuerzo que obviamente no reconocen y que, sin realmente promoverlo, intentan aprovechar.
Probablemente la necesidad urgente de valoración que las dos señoras muestran y la oscuridad intrínseca de sus gestiones sea lo que las hace vestirse de llamativos colores y figuras. Su mediocridad y los esfuerzos que ambas hacen por hacer pasar el limitado y mutuo “hembrismo” en que se mueven, por posturas progresistas a favor de las mujeres, movería a risa si no fuera por la manera en que afectan y limitan la potencia de las instituciones que (en este tiempo proclive al “mujerismo”) ellas, en tanto “amigas y familiares de”, eligieron representar. Finalmente no deja de ser penoso el hecho de que una Secretaría de Estado creada para promover el adelanto de las mujeres, con un gran número de personal a su cargo y con los recursos sumados de nuestra Magna Universidad, siendo las titulares de ambas instituciones mujeres que aspiran a ser reconocidas como feministas, y con los ingresos que se allegan en lo personal, sólo tengan disposición de invertir un total de 60 mil pesos en promover la investigación para lograr la igualdad entre hombres y mujeres…

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