Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Cultura del miedo y (des)confianza en las instituciones
Miércoles 1 de Julio de 2009
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La inestabilidad que promueve el gobierno federal en las instituciones viene a añadirse a la situación precaria de la economía que priva en el país, agravada no sólo por el desacierto en las decisiones macroeconómicas que se toman sino sobre todo por la defensa a ultranza de los intereses de la minoría oligárquica que domina México, y al caos educativo que también es producto del rumbo neoliberal al que las clases dominantes pretenden destinarnos a pesar del fracaso mundial de esta tendencia.
Qué podemos pensar de autoridades estatales y federales que, incapaces de prevenir ni de castigar las imprudentes y enriquecedoras simulaciones de ser-vicios de seguridad social, una vez acaecida la desgraciada pérdida de preciosas vidas humanas en Hermosillo, Sonora, se desgarran las vestiduras por la “falta de respeto” a la hueca figura de autoridad que desgobierna México. La falta de respeto a la vida humana que revela su cínica farsa guardiana de impunidad resulta insignificante ante los ojos de esos funcionarios cuya mayor virtud es protegerse unos a otros y castigar a quienes no están en el nivel de irresponsabilidad al que ellos pertenecen.
La indignidad frente a la muerte de 47 criaturas es tal que nos hemos olvidado de señalar que los servicios deficientes que siguen brindando, subrogadamente en complicidad con una lista incierta de esposas y parientes en todo el país, esconde el desprecio que les merecen no sólo las mujeres sino específicamente los hijos de las mujeres trabajadoras pobres, que son quienes dependen de esas migajas de seguridad social, mientras otras se llenan los bolsillos y el orgullo ante su propia “piedad” y mantienen a sus propios hijos al cuidado de otro tipo de servicios de la más alta calidad.
En el caso de Michoacán, en el que se ha emprendido un ataque sistemático a la institución gubernamental a través de acciones violentas e irrupciones que fragilizan la estabilidad social, si se cuenta con pruebas de mayor complicidad, se debería actuar con suma pulcritud legal. Pero si no se cuenta con ellas, es doble el deber del gobierno federal de mantener respeto a la autonomía de Michoacán. Actuar bajo el presupuesto de la sospecha, no fundamentada ni probada, obliga a la petición de permiso a la que Felipe Calderón se da el lujo de repudiar públicamente, en aras de una lucha en la que hasta sus propios medios han sido acusados públicamente (mediante mantas) de proteger a grupos de criminalidad. ¿Quién vigila a nuestros vigilantes?
Son infinitas y palpables las muestras de autoritarismo y el abuso de poder de un gobierno que se apoya en el partido del cual proviene, cuyo líder golpeador actúa y vocifera en consonancia con las decisiones despóticas de quien se autoerige en salvador de la humanidad y se autodefine como autoridad moral incuestionable a golpe de soberbia. El PAN ha demostrado fehacientemente que no sabe si podría ganar una elección sin los recursos de la guerra sucia mediática o judicial, ni rehusando a nivel nacional la nociva práctica de compra del voto y las dádivas por las que acusa a otros partidos. Por qué deberíamos confiar en una Procuraduría de Justicia que hace trabajo electoral y que se arroga el derecho de definir sin pruebas la delimitación de “buenos” y “malos” mediante artilugios mediáticos, rompiendo el pacto federal y convirtiendo todo reclamo a la autonomía estatal en una supuesta defensa de la criminalidad.
Cómo confiar en instituciones que desde el más alto nivel de gobierno no son producto de la voluntad ciudadana, sino del fraude, y que ni siquiera han sabido lograr la legitimidad anhelada más que a fuerza de incrementar la violencia. Qué podemos esperar de un país en el que las alternativas para los jóvenes -ante el ineficiente nivel de educación y la ausencia de fuentes laborales- se reducen a alimentar las fuerzas de los poderes fácticos sentados por el crimen organizado o por la propia autoridad.
Mientras Felipe Calderón lucha por llenar su enorme traje de militar, sin atender a las causas de la delincuencia y la violencia a través de las armas de la honestidad y la eficiencia en los campos del desarrollo social, agrario, educativo, laboral, la frase esperanzadora con la que se alentaba a la juventud de otras épocas: “Tienes ante ti toda la vida…”, se ha oscurecido en la monstruosa amenaza que cotidianamente alimenta las fuentes periodísticas con hechos en los que se describe un destino inminente para muchos: “El cadáver de un joven de 22 años…”.

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