Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
En Michoacán, ni un voto al PAN
Miércoles 10 de Junio de 2009
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La ignorancia y la hipocresía del panismo no tienen medida. El diputado que presentó la propuesta para modificar la Constitución e incluir su “definición de vida desde la concepción” ahora dice que él no está a favor de que se penalice el aborto: “Bajo ciertas condiciones […] hay atenuantes de esa responsabilidad de las que incluso algunas ya están previstas en el Código Penal”.
En primer lugar debemos decir que nos alegra que ésta sea la postura pública que defina respecto al derecho a la interrupción del embarazo que ya está garantizado legalmente en tres casos: de salud y riesgo de muerte para la madre, por accidente y en caso de violación. Pero entonces, para ser coherente con ella, debería haber promovido que se reglamenten estos derechos ya establecidos en el Código Penal, pero que no cuentan con el procedimiento para hacerlos efectivos, en lugar de presentar una iniciativa que los contradice al ser colocada en un ordenamiento superior.
El diputado no tiene el más mínimo conocimiento de las leyes, lo cual es muy grave tratándose de un legislador (aunque natural tratándose de un diputado panista que llegó a serlo sin siquiera someterse al voto popular), o bien cree que la ciudadanía es incapaz (como él) de identificar las contradicciones lógicas con las que pretende culpar a “las feministas” de no entender su confusa posición.
Después de haber argumentado a favor de criminalizar el aborto -recurriendo hasta al ejemplo de cómo se castiga la destrucción de los huevos de tortuga, para establecer la, según él, injusta impunidad de la destrucción del “huevo” humano- (iba a decir con actitud infantil, pero más bien con una actitud cínica como de delincuente descubierto in fraganti) hoy dice (edición dominical de Cambio): “¿Quién ha dicho eso? Yo nunca lo he dicho […] estos grupos feministas hasta donde yo acabo de entender (¡¿?!) están a favor de que no se penalice el aborto bajo ciertas circunstancias ¿yo cuando he dicho que estoy en desacuerdo con eso?”. Se refiere a obligar a mujeres y niñas a tener hijos que son producto de violación sexual.
Pero no necesita “decirlo”. Se requiere valor civil para asumir abiertamente las implicaciones de nuestras afirmaciones y claridad respecto a la pureza de nuestras intenciones. Desde la posición ilegítimamente privilegiada que ocupa, en este momento le basta con imponer su modificación constitucional. Ya llegarán los tiempos, dictados por la propia coherencia del marco legal, en que de aceptarse su propuesta se tendría que modificar el código penal.
De acuerdo con la actitud hipócrita y los fines electoreros que el PAN persigue, el diputado sostiene: “En ningún momento yo he hablado de modificar el Código Penal, son dos temas que aunque están relacionados son diferentes”. Sin embargo no resistió la tentación autoritaria (como siempre) de emitir una personalísima opinión que nadie le pide y menos interesa; pero que al fin lo desenmascara: “En lo que sí no estaría de acuerdo es que fuera despenalizado en cualquier circunstancia”.
Por otro lado, pese a las intenciones del PAN (logradas ya en once estados) que son penalizar el aborto en cualquier circunstancia, los avances del país no detienen su marcha. La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha recibido el Premio Mallete de Oro, otorgado por la Asociación Internacional Género y Justicia al descubierto, por su decisión de declarar la constitucionalidad del proceso de despenalizar el aborto en los primeros meses de gestación, en el Distrito Federal.
Así, convalidando el slogan recientemente acuñado por las feministas que tanto molestan al diputado al defender su derecho a decidir: “Fuera rosarios de nuestros ovarios”, la Suprema Corte de Justicia es reconocida en el terreno internacional y las mujeres que nos gratifica sabernos ciudadanas podemos respirar aliviadas, al fin y al cabo, a pesar de las malignas intenciones del PAN, una instancia superior cuida nuestros derechos y nos garantiza aquello por lo que luchamos durante años: la certeza no sólo moral de poder interrumpir el embarazo en cualquier caso de necesidad (y esto incluye otros casos más que los enunciados en nuestro código), sino también legal de decir con alegría: “Mi cuerpo es mío…”.

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