Rubí de María Gómez Campos
Meditaciones posmodernas
Nueve años de barbarie
Miércoles 3 de Junio de 2009
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A nueve años de que la ciudadanía lograra un cambio desesperadamente anhelado durante 70 años; después de más de 40 de la revolución cultural de los jóvenes que terminó en hechos sangrientos en Tlatelolco; a más de 20 del intento de recuperación de la política para las y los ciudadanos, emprendido por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo; a casi 100 del inicio del proceso revolucionario y casi 200 de la Independencia de México, podemos asegurar que las esperanzas de las y los mexicanos no se han agotado a pesar de los sistemáticos fracasos a los que finalmente condujeron todos esos intentos.
Aunque parezca inverosímil, hay muchas personas que hoy casi extrañamos las anquilosadas y autoritarias formas de gobierno que sustituyeron a la política durante 70 años de “dictadura perfecta” que representó al PRI, y estamos más que dispuestos a reconocer la verdad del slogan que se usó hace nueve años para contrarrestar los avances de la derecha: “El cambio también es reversa”, como lo hemos podido constatar fehacientemente en este tiempo de retrocesos y barbaridades que hemos tenido que soportar.
A pesar del casi olvidado espíritu creativo de las formas de lucha que los jóvenes del 68 nos enseñaron -y que algunos viejos de cuerpo mantenemos tercamente (a través de las aulas universitarias, el periodismo crítico, la militancia en organizaciones sociales y otras formas de decencia y resistencia) como pegado en el cuerpo y en la mente, nutriendo los esfuerzos que aunque marginalmente y cada vez con mayor escepticismo realizamos- y no obstante el dolor que nos produce saber que los muchos ancianos que acompañaban convencidos al ingeniero Cárdenas murieron sin haber alcanzado a ver ni atisbos de resultados positivos de aquella lucha que mantuvieron con el brillo de la ilusión en sus miradas, hoy otros tantos preferimos que nuestros seres queridos no hayan tenido que ver la deformación que el perredismo traidor ha hecho de ese esfuerzo.
Y si bien ya no existen seres vivos que puedan contarnos los sueños y utopías de los que realizaron las luchas independentistas y revolucionarias del pasado, los ciudadanos del presente sabemos, por los libros de historia, que también esos procesos estuvieron signados por una férrea voluntad de resistencia y de solidaridad popular. El pueblo de México ha sabido pelear, en fin, por sus ideales y defender en cada momento de su historia el ansia de justicia que transmite a sus hijos, para que en otro tiempo ellos puedan volver a enfrentar al incansable esfuerzo del mal que también se esmera en expresiones cíclicas, como reto a los mexicanos.
No obstante, los periodos de estabilidad son cada vez más cortos. La última década fue capaz de mostrar en el corto periodo de gobiernos panistas una fase más siniestra que las anteriores; dispuestos, como están, a imponer visiones particulares, totalitarias y autoritarismos despóticos aliados al empresariado más voraz, de formas tan monstruosas e irracionales, que han vuelto a despertar la conciencia del pueblo en su afán de justicia y de libertad.
La sociedad se prepara ya a realizar la revolución del siglo XXI. Una revolución cultural que se apresta a utilizar las armas de la razón y la creatividad, con el ejercicio, no del voto defraudado en cada elección, sino con el entrenamiento activo de su anulación. En esta difícil etapa que nos tocó vivir, al menos aprendimos que “en Michoacán, ni un voto al PAN”. Y si los candidatos no son coherentes con sus palabras y con su proceder, tampoco habrá alguno para los demás.
Mantengamos las expectativas en un proceso de participación ciudadana activa, y no permitamos que los nuevos ancianos que ofrendaron su vida hace 40 años mueran, como los revolucionarios seguidores de Cárdenas, con sólo el brillo de aliento en su mirada. Hagamos valer el esfuerzo de nuestros maestros y de muchos de nosotros en nuestra juventud, renovando el ánimo de vida del slogan: ¡La imaginación al poder!

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